ZONAS FRANCAS

¿Alguna vez te has preguntado quién ha elaborado tu computadora? ¿Quién ha ensamblado tu teléfono o tus pantalones de mezclilla? No, no es una máquina; aunque no lo creas la manufactura industrial sigue siendo un proceso realizado por seres humanos, aunque se traten de “automatizar” los ritmos de trabajo.
En las industrias maquiladoras las personas pasan a un segundo plano, y los objetivos principales son el rendimiento y la optimización de los recursos productivos. Para poder llevar a cabo producciones masivas a bajo costo, las industrias maquiladoras han fragmentado el ensamblaje en procesos transnacionales (por ejemplo, una parte del producto se hace en Asia y luego se ensambla en Latinoamérica) y han construido nuevos espacios de acumulación capitalista donde se rigen bajo sus propios términos, protegiendo el capital sobre la calidad de condiciones laborales o siquiera del producto.
Mucho se ha hablado sobre el caso de las industrias en China o el drama de la explotación en barcos en aguas internacionales, sin embargo, estos escenarios se vistan como distantes y ajenos a nuestra vida cotidiana (a pesar de que nuestro celular se haya hecho ahí). Sin embargo, en México contamos con nuestros propios espacios geográficos del capitalismo neoliberal. zonafrancalargo
Las zonas francas, también conocidas como EPZ (por sus siglas en inglés) o Zonas de Procesamiento Exportador, son zonas cerradas con puntos de accesos controlados donde se goza de beneficios tributarios (excepción de pagos de derechos de importación, impuestos, etcétera).
Según La Organización Industrial del Trabajo (OIT) México cuenta con 107 Zonas Francas Industriales (ya sean factorías de ensamblaje o maquiladoras) generalmente agrupadas en zonas fronterizas como Tijuana, Ciudad Juárez y Matamoros. Según la organización las plantas de maquila son “eslabones de cadenas de producción existentes del otro lado de la frontera, en los Estados Unidos”.
La OIT enfatiza que “una característica lamentable de muchas zonas francas es que los trabajadores, hombres y mujeres, quedan atrapados en unos empleos poco retribuidos y que requieren pocas capacitaciones. Se los considera fácilmente reemplazables, y sus preocupaciones no reciben atención suficiente en las relaciones laborales y sociales”. Las zonas francas forman parte de la tendencia neoliberal por producir mano de obra “desechable” al catalogarlos como trabajadores “no expertos”. El ensamblaje fragmentado no permite un conocimiento sobre el proceso de producción completo, reproduciendo la “falta de conocimiento” de los trabajadores.

Estas zonas normalmente se establecen con el objetivo de atraer inversiones (normalmente extranjeras) y promover el “desarrollo” económico de la región. En las zonas francas con frecuencia se instalan industrias maquiladoras, plantas procesadoras o almacenes para mercancía en tránsito. De acuerdo con la OIT la industria de la maquila produce artículos de exportación por valor de 5.000 millones de dólares al año, lo que corresponde a más del 30 por ciento del total de exportaciones de México. Las maquiladoras han operado en México desde 1965, pero es hasta con NAFTA en 1994 que se crean más de 1.2 millones de empleos.

La fuerza de trabajo de las Zonas Francas son sobre todo mujeres, aún más frecuentemente en los sectores de confección, en el cual más del 90% son mujeres. Las mujeres empleadas vienen normalmente de pueblos pequeños o áreas rurales. Las maquiladoras normalmente contratan a mujeres para posiciones que no requieren experiencia previa o habilidades específicas, de la misma manera las fábricas consideran a las mujeres empleadas de corto plazo.En las maquilas se disuade a las trabajadoras acerca de la sindicalización, se les amenaza con despidos o con ponerlas en la lista negra.
De acuerdo con Jessica Livingston en su artículo “Asesinatos en Juárez: Género, violencia sexual y línea global de ensamble” las maquiladoras emplean sobre todo mujeres jóvenes, ya que de acuerdo con los empleadores “las mujeres están mejor dotadas para el trabajo de fábrica por su destreza manual y su habilidad para tolerar trabajo tedioso y repetitivo”. 
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Las Zonas Francas no son algo extraordinario, son una tendencia actual, global y dominante. Antes de preocuparnos por comprar lo “más barato”, tratemos de pensar en la clase de industria que estamos apoyando. En las maquiladoras no trabajan “máquinas”, sino seres humanos, y aunque no podemos cambiar por completo la estructura del mundo, sí podemos, poco a poco, apoyar otras formas de producción, y advocar por los derechos laborales y una calidad de vida digna.
Gracias a Carlos Daniel Mo por las ilustraciones.

Gilberta

En RECREAR colaboramos con varias personas que trabajan el tejido de palma. Inclusive quienes se especializan en otras técnicas tienen conocimiento de este oficio. Sin embargo; cada técnica, cada historia y cada lugar es distinto.

Una de las zonas más conocidas en el tejido de palma es la mixteca oaxaqueña. En los últimos 25 años, el tejido de palma ha pasado de ser una producción doméstica o de comercio local, a convertirse en una de las artesanías más representativas de la región.

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Con Bibi como nuestra guía en nuestro breve recorrido en el estado de Oaxaca, visitamos Santa Maria Apazco, cerca de Nochixtlán (o “Nochis” como le dicen algunxs) en la región mixteca.  En esta comunidad, al igual que  muchas otras de la región, las mujeres han tejido la palma desde hace años (por no decir siglos). Nuestra primera parada fue con Gilberta.

La mayoría aprenden a tejer desde pequeñas. Gilberta Juliana Bautista comenzó a tejer desde niña, su mamá le enseño a hacer tenates, sopladores y petates. Gilberta incrementó su repertorio hace poco más de diez años. Tan sólo de ver las nuevas técnicas y diseños que las personas de su comunidad estaban usando comenzó a elaborar sombreros, bolsas y tortilleros. Ahora, ella le enseñó a su hijo a tejer sombreros.

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Gilberta disfruta tejer mientras cuida a los borregos. A diferencia de otro tipo de actividades, el tejido artesanal permite mucha flexibilidad de tiempos y espacios.

 

SEDA

SAN PEDRO COJONOS, OAXACA.

Hasta hace unos meses, en Recrear no estábamos al tanto del papel de la seda en el trabajo artesanal en México. El uso de la seda, como tela, para pintar o hacer ropa nos resonaba, pero una larga tradición de sericicultura en lugares tan distantes como la huasteca potosina, y Oaxaca, nos era desconocida. Gracias a un rencuentro con amistades familiares del pasado, tuvimos la oportunidad de conocer, de primera mano, la producción artesanal de seda; desde su crianza hasta el tejido de hermosos rebozos. En esta entrada les compartimos un poco de lo que aprendimos.

La producción de seda en México se remonta a la época colonial. Si bien hay estudios que argumentan el uso de seda nativa desde épocas prehispánicas, existe muy poca información; sólo se tienen algunos registros etnohistóricos sobre mariposas que “hacen bolsas”.  Por otro lado, la inserción de la seda por parte de los colonizadores está bien documentado. Los principales importadores de los gusanos y la sericicultura, fueron los misioneros dominicanos.

Los monjes sembraron morera, la planta de mora que alimenta a los gusanos, a lo largo del país; de San Luis Potosí, pasando por Michoacán y hasta la sierra oaxaqueña. Hoy en día la producción de seda se mantiene en pocas comunidades en Oaxaca, Veracruz y San Luis Potosí. Asimismo, dentro de estas comunidades son muy pocos quienes se dedican a la producción textil. La gran mayoría se dedican a cosechar e hilar la seda para exportación o venta. Nosotros visitamos San Pedro Cajonos en la Sierra Norte de Oaxaca, de los únicos lugares donde se lleva acabo el proceso entero, desde la crianza de los gusanos hasta el tejido de los rebozos.

El oficio de la seda se ha transformado con el paso del tiempo. Al igual que otras producciones artesanales, diferentes procesos sociales y económicos han  cambiado el papel de la seda en la comunidad y en el mercado global. Hace tres o más generaciones, la seda era una actividad importante, mas no era una fuente de ingreso. La producción de la seda es un proceso muy delicado, uno debe dedicarse por completo y ser terriblemente cuidadoso con los gusanos y su bienestar. En este sentido, las familias que debían estar en el monte o en otros oficios, no tenían siquiera la oportunidad de dedicarle tiempo a la seda; y por lo tanto, era un práctica para las familias de mayor posición social. Además, sólo las mujeres se dedicaban a la sericicultura; hoy en día, los hombres ayudan a la crianza de los gusanos, y algunos inclusive al hilado de la seda.

Manifiesto

Cuando el control se infiltra en todo espacio, cuando la necesidad y la desigualdad empujan hacia derroteros de autoesclavización y anulación, es absoluta la pertinencia de encontrar con creatividad  alternativas que hagan frente a esta situación. Recrear, como alternativa de producción y consumo, parte de la idea de transformar el trabajo. Fracturarlo y reconstruirlo desde la noción de juego. El juego no como futilidad, sino como alegría del hacer, es posicionar  la creación en el fecundo terreno de la recreación. Deconstruir el trabajo apostando por los espacios de recreación que cada persona se he construido, como formas de alegría y resistencia muy otras a la  lógica de dominación envolvente y castrante que impera.

Hoy, la forma principal de control social se ejerce a través del trabajo como forma moderna de esclavismo libre. La disciplina de la que habla Foucault, se reproduce en el terreno laboral y resulta en un control social de gran efectividad. El tiempo y las tareas se regulan y se distribuyen (esta distribución es también política) en el espacio laboral de forma jerárquica, en el que las decisiones son unilaterales y el poder definitivo. Se instauran relaciones de desigualdad institucionalizada.

La creatividad y la habilidad de la gran mayoría de la población son desechadas y las personas en su monotonía se olvidan también de haber poseído otras cualidades que las de fuerza de trabajo comprable, reemplazable y desechable. Ser algo más que “vidas desperdiciables”. El trabajo industrializado hace desaparecer la forma del trabajo cualificado y creativo basado en la destreza para hacer de este una rutina de aniquilamiento a través de la gestión del tiempo, el espacio y el cuerpo mismo.


En este proyecto hay también una búsqueda de desdibujar el espacio de trabajo. Espacio que corre por todos los intersticio de las vidas de sus trabajadores. Se recurre a una usurpación del tiempo, ampliando así este espacio a la vida personal de los trabajadores. Las barreras de lo personal y lo privado ceden ante la fuerza de la institución trabajo, fuerza motor del sistema capitalista. Todo gira en torno a éste, a la preparación para el trabajo, al tiempo interminable presencial que exige, los recorridos y los reglamentados descansos. La denominada cronopolítica (gestión política del tiempo) captura y codifica (atrapa y encarcela) el tiempo de trabajo y el tiempo libre

La forma de producción en casa, con la que trabaja Recrear, es una recuperación del espacio personal, y de la elección. Rechazar un espacio impuesto con horarios y reglamentos rígidos de control para elaborar un espacio de construcción propio (no necesariamente individual) y recreación comunal.No se ve lo que el trabajo hace en nosotros (cómo nos deshace), el modo en el que nos destruye es invisibilizado y la necesidad se pone en primera cuestión. Hacer distinto es hacer(nos)ser distinto.


Santa Catarina es una población formada por personas desplazadas, que han migrado desde distintas partes de la república llevando con ellas saberes e historias diversas. El espacio impuesto a esta comunidad desde la lógica del trabajo, es de completa hostilidad, donde la violencia y desesperación son los resultados más esperables. Es una colonia alejada de los espacios habituales de trabajo, lo que enfrenta a recorridos largos y tediosos.

Todo el espacio de la comunidad se ve transformado al cambiar sus formas de producción. La comunidad camina también hacia un espacio de relación entre las personas que es mudo, inoloro, incapaz de comunicarse. Al cambiar las formas de producción se favorece el tejido de una red;que puede llevar a la disminución de la desconfianza, de la inseguridad con los otros, de la violencia. Construye una forma de habitar su entorno que da la espalda a la supuesta marginalidad que le impone un sistema que se jacta de sus bien creados ghettos donde los índices de violencia, sonríen mientras lo dicen, son alarmantes.

Las distancias que buscaban ser anuladas para apoderarse de la vida ahora son anuladas para resignificar el entorno y las relaciones. La distancia que ha aquejado a la sociedad industrial capitalista, entre los productores y los productos, el consumidor y el productor, se acorta para entablar una cercanía que permita el reconocimiento. El estímulo del productor se desplaza desde la precariedad hacia la creación. Impulso de transformar la tela, el plástico, el hilo, dejando en cada bordado una parte del productor. La distancia busca desaparecer. Quien crea es una persona con rostro, se representa y se crea a sí mismo desde lo que hace, un trabajo con sentido que es disfrutado y comprendido.Un producto final que me grita, que significa una verdad silenciada.

Recrear es un espacio que se entiende transformador, un lugar de encuentro y colaboración. Se muestra como lugar de tránsito que marca caminos e invita al cambio del capital y la industria; una revolución dirigida al mayor sostén del sistema: el trabajo. La creación de espacios de autonomía que van dibujándose incitan a una nueva dinámica cuyas prácticas dejan de reproducir las actuales formas de neoesclavitud y dominio. Es, así, búsqueda de autonomía y la liberación del trabajo. Recreación.

Se supone que no hay tiempo más que para trabajar, por poco dinero, no hay más allá que agarrar lo que se pueda para la supervivencia.

La posibilidad de crear desde casa quiebra esta lógica aportando nuevas formas de apropiarse de un espacio de otra manera engullido por el capital. Se reconstruye la casa desde la construcción laboral que en ella se efectúa. Más aún, habilitarla como espacio de trabajo incide sobre otros problemas que aquejan a la sociedad. En cuestiones de género, las tareas domésticas y la crianza se resuelven en la compartición del hogar.

El espacio público del trabajo y privado del hogar se funden. La noción del hombre como representante del exterior y la mujer como alimentadora en el interior desaparece para dar paso a una nueva forma de relacionarse. De manera paralela, el abuso medio ambiental se palía debido al recorte de las innecesarias travesías vehiculares, las maquinarias y prácticas insustentables de las grandes urbes y centros de trabajo. Recrear es también parar el; desperdicio de materiales invisbilizados y permitir que las personas sean capaces de gestionar los recursos de producción en formas mucho menos perjudiciales.Estas formas de producción cambian la forma de reproducción de la vida.

Se reconstruye el tejido social al volver a establecer relaciones entre -antes- meros desconocidos. Lugares de encuentro y relaciones reestablecidas; relación con lo que se hace, habilidad del hacer, comprensión de los materiales y de su construcción que permiten llegar a un producto final que implica una valoración propia y ajena de la capacidad de transformación de cada persona.

El objeto, así, es producto de una relación. Tiene una historia que puede trazarse. Una mente y unos ojos que lo han imaginado, unas manos que lo han, poco a poco, ido elaborando-construyendo, el olor de un espacio habitable, lleno de momentos y afectos. La historia de las personas que se han puesto en contacto, de forma horizontal, para elaborar en común. Una construcción que es después admirada por los mismos creadores, artesanos.

El modelo industrial de producción despoja a las personas de la necesidad de dotarse de habilidades, arranca lo particular y lo colectivo de las historias y produce un objeto mudo, inoloro. Carente de capacidad de relación. 

ALI

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Ali colabora con #recrear haciendo traducciones, acercamientos comunitarios y ventas en los Estados Unidos. Ali Toxtli es México- Americano de primera generación, antropólogo y artista de Passaic Nueva Jersey.

Su trabajo se ha centrado con la nueva percepción de identidades entre los niños migrantes de América Latina y en años recientes desarrollando proyectos de economía agrícola en el México rural, particularmente entre las comunidades expulsoras de migrantes.

Actualmente está terminando su especialidad en Antropología Mexicana en la Universidad de las Américas Puebla.

Su pasión es crear, colaborar y conectar con proyectos sociales; fomentar intercambios económicos y culturales para comunidades e individuos en América Latina y los Estados Unidos.

¿Por qué hacemos bolsas?

Uno de los accesorios más antiguos tendría que ser la bolsa. Sí, ese artefacto con el cual cargamos a todos lados. Desde las bolsas del supermercado, hasta las carteras, canastas y costales, todas fungen con un principio pragmático de almacenaje y transportación. Nos atrevemos a decir que si no fuera por los bolsos, seguramente nuestra evolución sociocultural hubiera sido muy distinta.

Es imposible trazar el origen exacto de las bolsas. Su producción se ha dado prácticamente en todas las culturas a lo largo de la historia y alrededor del mundo. Hay tantas técnicas como materiales, sin embargo la evidencia arqueológica y etnográfica, ha mostrado predilección por el uso de fibras vegetales en vez del material animal. A esta técnica de tejido de materiales vegetales, se le llama a cestería y puede realizarse de múltiple formas, se pueden realizar cestos con casi cualquier parte de las plantas, se pueden trenzar, o incluso torcer y enrollar.

La cestería es una técnica ancestral,  inclusive es anterior a la cerámica y a la metalurgia, y fue fundamental en el desarrollo de la humanidad.

Los cestos y canastos permitían procesar, almacenar y transportar, diferentes granos, frutos y cereales. De esta forma los grupos humanos podían asegurar alimento en tiempos de sequía, e incluso realizar intercambio con otros grupos.

La razón por la cual no tenemos evidencia arqueológica muy antigua es porque los cestos se elaboran con material orgánico que no sobrevive el paso del tiempo. De la poca evidencia textil que tenemos, se han encontrado algunos fragmentos de fibras y herramientas para el tejido en África, y el Levante con fechas tan antiguas como 20 mil años A.C. Los cestos completos más antiguos datan del año 10 000 A.C. En el caso de México la evidencia más vieja son vestigios del año 7 000 A.C., los cuales se han preservado en el norte del país gracias al clima árido y seco. También se ha encontrado evidencia de cestería en sistemas de almacenaje y procesamiento de alimento en cuevas en Puebla y Oaxaca con fechas que van del 6 000 al 2 000 A.C.

En México y Norte América, la cestería es una actividad sumamente importante. Sin embargo las técnicas son muy distintas así como su papel en la organización social. Por ejemplo, en muchas sociedades en Norte América el tejido es hecho por los hombres, mientras que en México es mucho más común que las mujeres se dediquen a la cestería. Además que el proceso histórico de la especialización artesanal ha sido muy diferente.

En el México prehispánico los dos productos principales eran los chiquigüites o tenates (cestos de palma) y el petate  (una estera de palma). Ambos eran piezas esenciales en la estructura doméstica, el petate para dormir, los tenates para guardar alimentos. Pero también se empleaban para usos más comerciales, el petate permitía envolver y transportar flores, mientras que los tenates posibilitaban mover grandes cantidades de alimento a diferentes lugares.

En algunas figuras y códices se observan tenates con un mecapal, una franja tipo cinturón que hace resistencia en la frente o pecho, de esta forma, se podía cargar los canastos por largas distancias. Se sospecha que los antiguos mercaderes podían llegar a cargar alrededor de 30-40 kilos sobre su espalda. Si bien la cerámica y madera también servía para mover material, los tenates son mucho más ligeros, flexibles y fáciles de transportar.

Con el paso del tiempo,  la inserción de nuevos materiales, como la piel, el lino y posteriormente el plástico, y el cambio en la demanda del mercado, ha ido transformando la producción de bolsas, cestos y canastas. En el mercado neoliberal, se han convertido en piezas cuya estética, identidad cultural, y elaboración artesanal ha generado un valor aparte de su funcionalidad práctica.

Las bolsas como piezas de “arte popular” son muy mal pagadas, con ganancias de 3 pesos por trabajo de horas. Pareciera que las personas quienes practican la cestería lo hicieran naturalmente, por un gusto cultural, sin esperar una remuneración dentro del sistema económico. Los artesanos tienen que competir con las maquilas de “souvenirs” y abaratar su trabajo.

En Recrear buscamos dignificar las técnicas artesanales no por ser un símbolo del folclor nacional, sino por el valor que tiene el oficio manual, y el objeto pragmático. Nosotros buscamos elaborar bolsas que sean funcionales, flexibles, ligeras y fáciles de transportar. No intentamos crearle un valor en nombre de una marca o diseño sofisticado. El valor de nuestras bolsas está en su cuidadoso proceso de elaboración, la labor de nuestros colaboradores y la funcionalidad del producto.

Constantemente estamos explorando nuevos diseños, técnicas y materiales que logren estos principios. Ya sean de palma, estambre, plástico o piel,  confiamos en el principio fundamental del bolso, y de la mano de nuestros colaboradores seguimos experimentando sus manifestaciones más prácticas, desde portafolios, mochilas hasta pequeños estuches o cubiertas para Tablet.

Acércate y conoce la historia de estos productos, y sus creadores.

DOMINGA

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Los primeros en dejar el pueblo fueron sus hijos, siguiendo a ­­sus tíos. Esto causó dos sentimientos en Dominga, felicidad y tristeza. Felicidad porque sabía que ellos iban en busca de mejorar su calidad de vida; tristeza pues solo se quedaría ella y su esposo en el pueblo.

Sus hijos al ver esta tristeza le dijeron a Dominga y a Matías que mejor vinieran con ellos, y así lo decidieron. Aunque vivir de nuevo con sus hijos le causo mucha alegría, no pudo dejar de sentir nostalgia por dejar su pueblo, su casa, sus animalitos, y todo lo que ella sentía como su hogar.

A Puebla se ha acostumbrado poco a poco, el clima le parece similar, pero el agua no tiene ese aroma dulce que ella recuerda de la de su pueblo. Su pueblo, San Pedro Jocotipac, Oaxaca está en la Mixteca Oaxaqueña.  Es seco y casi no hay frutas, pero en estos meses de verano Dominga nos cuenta que se pueden encontrar duraznos, zapote blanco, aguacate.

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Dominga recuerda que más o menos a la edad de 9-10 años comenzó a tejer, empezó con palma, la fibra de plástico que se usa ahora llegó a San Pedro entre los años 90 o 91. En el pueblo lo que más se tejía eran tenates grandes, y en este tiempo les pagaban aproximadamente $1.50 cada uno, lo cual era bastante, pues compraban con 5, 10 centavos muchas cosas.

Para sus 12-13 años comenzó a realizar tejidos con figuritas como flores, pajaritos y letras.  Al principio su mamá le enseñó, pero poco a poco, ella fue encontrando su propia manera de tejer.

Dominga colabora con RECREAR tejiendo bolsas y canastas.


ORIGEN

Al penetrar en la periferia de la ciudad de Puebla, puedes sentir el peso de la ciudad, el costo social de la vida urbana; barrancas urbanas con casas dispersas atravesadas por caminos accidentados sin espacios públicos, áreas verdes o una infraestructura de movilidad. La dependencia laboral en la urbe ha creado colonias periféricas con pocos servicios públicos y una amplificada estratificación social.

El barrio de Santa Catarina fue fundado hace apenas 30 años, al sureste de la ciudad de Puebla en los márgenes políticos. A pesar de estar a sólo 30 kilómetros del centro de Puebla, el trayecto en transporte público desde la colonia es de 1.5 horas, las barrancas de Santa Catarina hacen difícil hasta el tránsito peatonal.

La colonia se encuentra muy cerca de la penitenciaría estatal (Centro de Reinserción Social de Puebla), el hospital psiquiátrico (Hospital Psiquiátrico Dr. Rafael Serrano) y el relleno sanitario (Relleno Sanitario del Chiltepeque). Un área con poca infraestructura que no interfiere con la “imagen” de la moderna ciudad de Puebla. Gente de Oaxaca, Guerrero, Veracruz y otras regiones de Puebla han venido a la ciudad en busca de trabajo. La razón principal por la que hombres y mujeres migran es por buscar un trabajo mejor pagado.

Vivir en la ciudad es poco accesible económicamente, y las personas tienen que establecerse en espacios lejanos y con poca infraestructura: vivir lejos del trabajo implica estar fuera de casa todo el día por salarios muy bajos. 

La mayoría de las personas tienen trabajos informales: la oferta laboral de la ciudad no significa una mejor calidad de vida. El accidentado terreno, las múltiples trayectorias migratorias, la precariedad laboral y la falta de movilidad, han dificultado la cohesión social.

Dentro de este escenario de exclusión social, el proyecto Mano Vuelta comenzó a colaborar con algunos vecinos interesados en huertos urbanos. Posteriormente con Fuente de Poder se iniciaron los talleres niñxs de Santa Catarina, actividades recreativas para la construcción de espacios públicos y el fortalecimiento de una cultura colectiva;  dentro de este proceso surgió RECREAR, un proyecto que trata de impulsar una alternativa laboral con base a la autogestión y el comercio justo.

Iniciamos a colaborar con vecinos de Santa Catarina que sabían algún oficio artesanal. Algunos de nuestros colaboradores han aprendido su oficio como parte de fuertes tradiciones culturales, otros han sido conocimientos adquiridos más recientemente; cualquiera que sea el caso, el oficio artesanal ha permitido que las personas puedan trabajar desde sus casas, y tener un ingreso adicional que no dependa únicamente de ir hacia la ciudad

RECREAR es un constante proceso de co-creación que permanece abierto a colaboraciones. Actualmente colaboramos con más de 40 artesanxs originarios de Puebla, Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca, Querétaro y Guanajuato.