#traducciones: El consumismo consciente es una mentira. Hay una mejor forma de salvar el mundo

El artículo “Conscious consumerism is a lie. Here’s a better way to help save the world” fue escrito por Alden Wicker en Quartz el 1 de marzo del 2017. Fue traducido por Alonso del equipo de #recrear. Puedes leer la versión original aquí. 

Como un blogger de estilo de vida sustentable, mi trabajo es hacer que el consumismo se vea bien. Durante cuatro años de subir a Instagram fotografías de atuendos amigables con el medio ambiente, probar marcas de barnices de uñas no tóxicos y escribir guías sostenibles para la ciudad, pensé que podía tenerlo todo -moda, entretenimiento, viajes, belleza- y ser muy eco-friendly. Entonces cuando me invitaron a hablar en un panel frente a una delegación juvenil de las Naciones Unidas, la expectativa era que yo iluminara a los jóvenes estudiantes sobre cómo sus elecciones de compras pueden salvar el mundo.

Me paré detrás del estrado usando una blusa de segunda mano, medias de poliéster reciclado y una falda lápiz de un fabricante local; inhalé y comencé a hablar. “El consumismo consciente es una mentira. Los pasos pequeños que toman los consumidores precavidos -como reciclar, comer local y comprar una blusa de algodón orgánico en lugar de una de políester-no van a cambiar el mundo”.

La audiencia me miraba de regreso, parpadeando y el silencio. No era lo que estaban esperando.

Dónde entendimos todo mal

De acuerdo con la sabiduría del consumo consciente, cada compra que haces es un “acto moral” -una oportunidad para “votar con tu dólar” por el mundo que quieres ver. Nos han dicho que si no nos gusta lo que una compañía está haciendo, deberíamos dejar de comprar sus productos y obligarlos a cambiar. Creemos que si les damos a los consumidores transparencia e información, ellos harán la elección adecuada. Pero tristemente, así no es como se supone que el capitalismo debe funcionar.

Hacer una serie de pequeñas decisiones de compra éticas mientras se ignoran los incentivos estructurales para los modelos de negocio insostenibles que tienen algunas compañías no va a cambiar el mundo tan rápido como quisiéramos. Sólo nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos. Como prueba: un estudio de 2012 que compara las huellas de consumidores “verdes” que tratan de hacer elecciones amigables con el medio ambiente y las de consumidores con hábitos regulares. Y no se encontraron diferencias significativas entre ambos.

El problema es que aunque queremos hacer las elecciones adecuadas a veces es demasiado tarde. Por ejemplo, mis amigos siempre me preguntan dónde llevar su ropa vieja para que sea reciclada de manera efectiva o pueda llegar a manos de personas que la necesitan. ¿Mi respuesta? No importa a dónde la lleves: siempre terminará en el mismo flujo de residuos sobrecargado, que puede o no eventualmente desecharla en Haití. No es tu culpa por tratar de hacer lo correcto: es culpa del implacable ciclo de tendencias de la moda rápida, que está inundando los mercados de segunda mano con un excedente de ropa que los estadounidenses no querrán a ningún precio.

También es un asunto de privilegio. El movimiento a favor de la sostenibilidad ha sido acusado de ser elitista -y la verdad es que lo es. Necesitas de un buen ingreso para poder consumir opciones de consumo sustentables y éticas, el tiempo libre para investigar sobre lo que compras, el lujo de poder rechazar el 95% de las opciones y, posiblemente, un posgrado en química para entender lo que en realidad dicen las etiquetas de ingredientes.

Elegir prendas de cáñamo, interrogar al mesero sobre cómo fue capturado el pescado, e investigar si en tu ciudad se reciclan tapas de botella de agua puede hacerte sentir bien, recompensar a algunos emprendedores sociales, y tal vez protegerte de señalamientos de hipocresía. Sin embargo, no es un sustituto al cambio sistémico.

Ambientalismo, traído para ti por Multinacional, Inc.

Llegué a esta conclusión después de años de investigación personal, pero otros académicos dedican sus vidas enteras a evidenciar la falacia del consumismo consciente. Una de las más notables expertas en sostenibilidad es Halina Szejnwald Brown, profesora de ciencia y política ambientales en Clark University. Recientemente escribió un reporte para el PNUMA, Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente titulado “Fostering and Communicating Sustainable Lifestyles: Principles and Emerging Practices.” Nos conocimos al compartir escenario frente a los Delegados Juveniles de la ONU, donde su presentación apoyó con investigación y datos duros mis sospechas.

De manera breve, el consumo es la columna vertebral de la economía estadounidense -lo que implica que el consumo consciente individual está destinado al fracaso. “70% del Producto Interno Bruto de los Estados Unidos está basado en el consumo doméstico. De tal manera que todos los sistemas; el mercado, las instituciones, están calibradas para maximizar el consumo”, Brown me dijo posteriormente en una entrevista. “La industria de la publicidad inventa nuevas necesidades que no sabíamos que teníamos.”

Toma como ejemplo las botellas de plástico. El plástico, como la mayoría de nosotros lo conoce, está hecho de petróleo que toma cientos -incluso miles- de años para degradarse (me temo que no sabemos en realidad). Transportar agua embotellada de Fiji a Nueva York es un proceso alto en emisiones. Y aunque hay datos irrefutables, y campañas hechas por periodistas y activistas para fomentar entre los consumidores el uso de botellas reutilizables, el consumo de agua embotellada ha continuado en ascenso –aunque cuesta 2, 000 veces más que el agua del grifo.

¿Entonces por qué continuamos comprando 1.7 billones de botellas de medio litro, o cinco botellas por persona cada semana? Porque el mercado capitalista hace que tomar decisiones sostenibles sea increíblemente difícil.

La mayoría de nuestra comida y productos de consumo vienen envueltos en plástico que no es reciclable. La comida que está libre de pesticidas es más cara. Trabajamos cada vez más horas, lo que nos deja muy poco tiempo para sentarnos a comer comida hecha en casa, mucho menos coser, remendar y arreglar nuestras cosas. La mayoría de la ropa ha sido diseñada en primer lugar para ser obsoleta después de un año o dos, para que tengas que comprar más. Y sólo el 2% de esa ropa está hecha en los Estados Unidos -y cuando lo está, es 20% más cara. El aceite de palma, el ingrediente que a nivel mundial causa más destrucción de bosques tropicales y emisiones de carbón, está en la mitad de nuestros productos de comida empaquetados, escondido bajo docenas de nombres diferentes. Son sólo algunos ejemplos de cómo el gobierno y las empresas están coludidos para orillarte a destruir el medio ambiente de forma regular, no importa si eliges comprar leche orgánica o no.

Además, existen impedimentos sociales para hacer decisiones sustentables. “Como humanos, somos seres altamente sociales. Medimos el progreso de nuestras vidas en relación con otros”, dice Brown. “El resultado es que es difícil hacer algo diferente a lo que todos los demás hacen.”

Para poder esquivar la cultura del consumidor, debemos esquivar ciertos hábitos sociales. Puedes hurgar en los basureros por comida en perfecto estado que es desechada por restaurantes y tiendas. Absolutamente puedes regresar cada regalo de Navidad o de cumpleaños que no se ajuste a tus estándares. Y siempre puedes exigirle a tus familiares y amigos que sirvan en reuniones sólo comida cruda, vegana y orgánica. Sin embargo, hacerlo implica convertirse en un ser humano insufrible. La sociedad también está en nuestra contra.

Cómo tomar decisiones que de sí ayuden al medio ambiente

Entonces ¿cuál es la respuesta? No estoy diciendo que deberíamos rendirnos, o que deberíamos dejar de hacer las pequeñas decisiones positivas cotidianas como seres humanos responsables. Y si estás eligiendo el producto más verde por razones de salud, por todos los medios, haz lo que consideres correcto. Pero cuando se trata de combatir el cambio climático, la contaminación y la destrucción del hábitat, lo que necesitamos hacer es tomar el dinero, el tiempo y el esfuerzo que invertimos en hacer elecciones que el último momento no tienen consecuencias y encaminarlos a algo que realmente importa.

Más allá de hacer decisiones a gran escala sobre tu estilo de vida como elegir vivir en un área urbana con transporte público, eliminar la carne roja de tu dieta, tener menos hijos (o ninguno), incluso hay rendimientos decrecientes a la energía que pones evitar el plástico o asegurarte que tus pilas viejas terminen en el recipiente adecuado. Globalmente, se estima que gastaremos en 2017 $9.32 billones en productos de limpieza verdes. Si hubiéramos destinado tan sólo una tercera parte de esa mina de oro (el presupuesto promedio que se gasta en productos de limpieza verdes) a presionar a nuestros gobiernos para prohibir los químicos tóxicos que tanto tememos, habríamos logrado un progreso mucho mayor ahora.

“Es un gesto”, dice Brown sobre las pequeñas decisiones de las que hablamos. “Señales bien intencionadas de que te preocupas por el medio ambiente. Pero la acción en sí misma no hace ninguna diferencia.”

Nos damos palmadas en la espalda nosotros mismos por tomar decisiones que acallan nuestra culpa social en lugar de invertir el mismo esfuerzo en acciones que representen un verdadero cambio ambiental. Pero hay pequeños cambios en nuestra mentalidad que pueden marcar una diferencia. Algunas sugerencias:

  • En vez de comprar sábanas orgánicas muy caras, dona el dinero a organizaciones dedicadas a mantener los desechos agrícolas fuera de los ríos.
  • En lugar de manejar en tu carro hasta un huerto para poder cortar tus propias manzanas orgánicas, usa tu tiempo para hacer voluntariado con alguna organización que combata la escasez de alimentos (y te ahorras las emisiones de combustible).
  • En vez de comprar un purificador de aire carísimo, dona el dinero a políticos que apoyen iniciativas a favor de la limpieza del aire y del agua.
  • En lugar de firmar una petición demandando que Subway retire de su pan un químico misterioso, llama a tu representante local y exígele que revise el proceso de aprobación de cerca de 80 mil químicos sin probar en nuestros alimentos.
  • En vez de salir a cenar a un restaurante “de la granja a tu mesa”, puedes revisar el impacto que tienen las leyes y políticas en materia de agricultura sobre tu alimentación.

A primera vista podemos pensar que el consumismo local es un movimiento moralmente correcto y audaz. Sin embargo, nos está quitando poder como ciudadanos. Acaba con nuestras cuentas bancarias y voluntad política, desvía nuestra atención de los verdaderos detentores del poder y enfoca nuestra energía a escándalos corporativos y discusiones sobre la superioridad moral de los veganos.

Entonces si de verdad te importa el medio ambiente, levántate de tu silla e involúcrate en asuntos políticos locales. Si hay algo bueno sobre la crisis ambiental a la que nos estamos enfrentando, es que ahora sabemos exactamente qué clase de trabajo necesitamos para salvar el planeta -y no implica usar una tarjeta de crédito.

#traducciones: ¿Si utilizan nuestras caras dejarán de matar a nuestra gente?

El artículo “IF YOU USE OUR FACES MAYBE STOP KILLING OUR PEOPLE?” fue escrito originalmente en inglés por Hoda Katebi (escritora, fotógrafa y acitivista iraní-musulmana) publicado en Joojoo Azad 2017. Fue traducido por el equipo de #recrear, puedes leer la versión original aquí.

 

Voy a ser franca: ser musulmán se ha convertido en la identidad de moda. El discurso popular parece aferrarse y apropiarse desesperadamente de cualquier hashtag basado en la identidad con el ranking más alto en las tendencias en Twitter, desde personas no-negras con carteles alegando “We are ALL Trayvon Martin” hasta gente blanca que de repente descubren que son 1/32 Cherokee así que Standing Rock es su lucha también, y ahora, aparentemente, #YoTambiénSoyMusulmán.

Antes de continuar, permítanme interrumpir para decir que no, no, tú no lo eres … y ponerse un hijab por un día no te acercará más. (Sin embargo, me hará publicar un tweet en mayúsculas).

“NO TODOS SOMOS MUSULMANES DEJEN DE RECLAMAR UNA IDENTIDAD CUYA OPRESIÓN LES BENEFICIA DIRECTAMENTE”

Firmado por otra hijab enojada:

Y si una industria conoce las tendencias – y sabe capitalizarlas rápido – es la industria de la moda.

Así que has venido al lugar correcto. Bienvenidx.

* Iluminación y trueno en el fondo *

Como musulmana, blogger de moda que usa hijab y que es solicitada por marcas todo el tiempo, puedo decirte de primera mano que las propuestas de marcas que recibí el año pasado han cambiado de “Apreciamos su trabajo y creo que tenemos los mismos valores y visiones y nos encantaría colaborar juntos” a “Ahora que los musulmanes son tendencia en los medios por favor usa nuestra ropa así podremos parecer modernos y atrevidos ¡AH sí! y NO tenemos compensación para ustedes”.

En el último año, cuando la crisis de refugiados finalmente comenzó a recibir una fracción de la cobertura mediática que merece; los crímenes de odio contra los musulmanes continuaron (y continúan) aumentando en los Estados Unidos (más que cualquier otra violencia basada en la identidad – incluso aumentó un 67% antes de la elección de Trump). El racismo anti-musulmán a nivel individual, local y federal, permanece sin control y sin su habitual fachada liberal de tolerancia hacia los musulmanes. Y los musulmanes (en su mayoría mujeres musulmanas de color) han trabajado por ocupar cada vez más espacio, y sin pedir disculpas han evidenciado la porquería que sucede a nuestro alrededor; la imagen de la mujer vestida con una hijab cambió de ser una imagen con la que muchas empresas no querían “contaminarse”, a “ser la próxima tendencia de moda”.

Colección Daisy de Dolce & Gabbana, Enero 2016, con hijabs lujosos (lo cual considero un oximoron), usados por modelos no musulmanas. 

 

Mientras que las cejas gruesas están “in” en este momento, recuerdo haber querido arrancar mis cejas gruesas y descuidadas de mi rostro cuando era niña. La primera vez que alguien felicitó mis cejas pensé que era una broma y me reí.

Pero ahora, no sólo son los bloggers de belleza de todas partes del mundo quienes están haciendo tutoriales para crear la “mirada de ceja gruesa” (dando crédito, por supuesto, a las modelos blancas “atrevidas” que “lucieron el look primero”), la primer modelo musulmana de color que usa hijab, Halima Aden, fue contratada por IMG Models, una de las agencias de gestión de talento más grandes a nivel mundial. Esto es innovador – y de una buena manera (sí, la gente enojada también puede ser amable de vez en cuando) . Aden le dice a Business of Fashion que “quería difundir un mensaje positivo sobre la belleza y la diversidad, y mostrar a otras jóvenes musulmanas que hay espacio para ellas”.

Por lo general una modelo contratada tiene poco poder en la forma en que es retratada y usada por los diseñadorxs de moda- lo cual es de por sí problemático- esto es un paso importante. La representación es, obviamente, profundamente vital.

Halima Aden, la primera modelo musulmana que usa hijab firmada por IMG, nació en un campo de refugiados en Kenya

Pero ahora déjenme volver a estar enojada.

 

El hecho de que Kanye West utilizó a Halima Aden para lanzar su ridícula línea de ropa (no entiendo ¿por qué las celebridades sienten que pueden hacer cualquier “cosa”, desde la moda hasta dirigir un país? aunque supongo que el público estadounidense comprará de cualquier manera). Es profundamente problemático por las mismas razones por las que aventaré mi computadora la próxima vez que una marca de moda rápida me busque para colaborar:

Mi identidad no es su boleto de entrada para permanecer en tendencia.

“El evento de moda de campo de refugiados” de Yeezy.


¿Cómo podemos aplaudir a Kanye por usar Aden en su desfile (o incluso más inquietante, su “línea de refugiados” el año pasado) cuando simultáneamente apoyó a Trump – el mismo líder del régimen actual que juró (y ya lo hizo temporalmente) prohibir a los refugiados huir de la violencia que él y sus predecesores han causado?

Claro, Kanye aparentemente ha retirado su respaldo, pero no sin una intensa presión e indignación pública, sólo demostrando más el punto de que él y otros como él, simplemente saltan al momento en lo que parece estar de moda, con poco o nulo entendimiento de qué demonios significa.

Hay poco valor en usar visiblemente modelos musulmanas si vas a matar y explotar – directa o indirectamente – a sus familias.

Otros ejemplos de esto:

+ Cena Eid de la Casa Blanca | Los Obama -y presidentes anteriores a él- invitaron a los musulmanes a la Casa Blanca a celebrar el fin de un mes de ayuno durante el Ramadán. Mientras tanto, él administraba ataques con aviones no tripulados que mataron a una niña de 8 años jugando al aire libre mientras su abuela, Bibi Mamana, también preparaba las festividades para el mismo evento (y que también terminó gravemente herida).

No puedes ser pro-guerra (o estar a favor de la “guerra contra el terror” con ataques con aviones no tripulados) y apoyar a los musulmanes.

+ Personas sionistas y pro-israelíes y organizaciones que se solidarizan con los musulmanes | Claro, la solidaridad es grande, pero no de individuos y organizaciones que simultáneamente contribuyen y se benefician de la demonización de los musulmanes: Israel sigue siendo una inspiración para muchas de las políticas antimusulmanas y antiinmigrantes de Trump (como “el muro “), y grupos sionistas como la Liga Anti-Difamación (ADL) continúan siendo uno de los mayores financiadores de propaganda anti-musulmán en Estados Unidos y Europa.

No pueden ser pro-Israel y apoyar a los musulmanes.

+ Fast-fashion y “la resistencia” | Si una camisa Forever21 dice “¡¡¡marcha de mujeres!!!” con unos cuantos puños y sombreros rosados, “saltamos” con entusiasmo como si la compañía de mil millones de dólares que explota a las mujeres en todo el mundo se hubiera convertido repentinamente en un símbolo feminista, y se uniera a la resistencia. Digamos, la moda rápida está lejos de ser “rebelde” – ni pueden serlo hasta que empiecen la “resistencia” de sus talleres en el extranjero.

No se pueden comprar imágenes de resistencia a empresas explotadoras de miles de millones de dólares.

Una imagen de la campaña nueva de Diesel “Haz amor no murallas” (Make love Not Walls”- y sin embargo, continuan uando químicos tóxicos y dañinos en la producción de su ropa. Es difícil hacer “el amor”cuando alrededor de ti está contaminado por métodos de producción irresponsables.

Y aquí está la pregunta clave para todo lo que hemos discutido hasta ahora: ¿cómo son las profundas contradicciones que permiten que muchas casas de moda, diseñadores y otros que pretenden apoyar y representar a las mujeres que llevan el hijab (o “la resistencia”) con el fin de mantenerse políticamente en “tendencia” , puedan salirse con la suya cuando se trata de sus propias políticas o las prácticas de sus empresas en el extranjero?

La respuesta: una completa simplificación de lo que somos:

El exceso de énfasis en el hijab como sinónimo de la identidad musulmana esencializa y aplana lo que significa ser musulmán y permite que sea fácilmente apropiada y explotada social, política y económicamente

Nuestras complejas experiencias, relaciones con la fe, comprensiones personales y valores de símbolos, variadas y diversas historias de colonización y desplazamiento, son rápidamente homogeneizadas,aplanadas y representadas por un solo símbolo: el hijab.

Cuando toda tu identidad, historia, experiencias y cultura puede ser representada por una sola pieza de tela, se hace más fácil para la gente pensar que usar un hijab por un día significa experimentar la vida de un musulmán o que al cubrir con un hijab a una modelo significa que apoyan a los refugiados – sin tener que cambiar ninguna de sus prácticas dañinas que realmente están dañando a los musulmanes.

Esta simplificación y esencialización del hijab como “la” identidad musulmana es perjudicial para muchas mujeres musulmanas en Occidente que no usan hijab y que ahora se sienten obligadas a usarlo sólo como requisito para poder reclamar la identidad de “mujer musulmana” en lugar de decidir usarla (o no usarla) como una cuestión profundamente personal y espiritual.

Así que esta tokenización y la superficial saturación de la “imaginería musulmana” en la moda no sólo permite que las personas y las empresas exploten a las mujeres musulmanas detrás de las escenas, también despoja al hijab de valor, como se está introduciendo, representado, definiendo y utilizando en diferentes espacios por no musulmanes que no entienden lo que es o lo que significa. Para ellos, es simplemente la última moda.

Claro, se podría argumentar que tal saturación de imágenes de signos de protesta y hijabs podrían normalizar a los musulmanes y hacer resistencia al régimen de Trump y animar a más personas blancas a salir a protestar junto con personas de color que han estado protestando y resistiendo desde que el primer indígena fue masacrado y el primer esclavo negro fue traído a la fuerza, pero ¿qué es un “movimiento de resistencia” alimentado e imaginado por compañías multimillonarias que continúan destruyendo el medio ambiente, explotando a las mujeres y despedazando familias en el extranjero?

La playera de Dior con el slogan “Todos deberíamos ser feministas” de 700 dólares (aunque se supone que se vendió para la “caridad”).

Como he escrito antes en JooJoo Azad, la política está profundamente entrelazada con la moda. Las tendencias políticas se convierten rápidamente en tendencias de moda rápida y, mientras que la retórica política y las imágenes pueden ser trasladadas poderosamente a la moda y la ropa para crear editoriales impactantes que desafían el status quo, si el uso de tales imágenes es creado por alguien que desconoce las experiencias y la identidad de aquellos que están tratando de replicar y las únicas personas que se benefician de la utilización de imágenes son los bolsillos -y la imagen social – de los multimillonarios, tal vez deberíamos repensar la compra de esa camiseta de Dior de la “marcha de las mujeres” o los aplausos para Kanye.

El arte de movimientos sociales es esencial. Pero al igual que la representación dañina de Shepard Fairey de una mujer hijabi vestida con la bandera norteamericana, si esas imágenes de movimiento no son producidas por – e, idealmente, benefician directamente a- la gente que estas piezas buscan representar y apoyar, tal vez la imagen podría no ser tan políticamente “poderosa” ni valga la pena comprar e invertir en lo que puedan parecer (a menos que, por supuesto, éstas dibujen a tus opresores con la intención de representarlos tal como los ves, entonces por favor, adelante).

Tengan en cuenta que estas imágenes podrían haber sido creadas como un vehículo para el beneficio económico y social personal a expensas de sea cual sea la identidad con el ranking más alto en las“tendencias” en Twitter.

La violencia que afronto como una iraní-americana hijabi hija de inmigrantes en un país que ha impuesto sanciones devastadoras y duras contra mi familia en el extranjero y que produce suficiente propaganda anti-musulmana para que me llamen terrorista al ir leyendo mi libro en el metro, no es una experiencia que puedas simplificar con un hijab y usarlo por un día o cubrir a una modelo para ocultar tus políticas problemáticas, o las prácticas anti-musulmanas de las compañias o el hecho de que estos sistemas de opresión que enfrento son creados para beneficiarte directamente.

A veces es importante mirar las etiquetas antes de decidir invertir en el mensaje.

#traducciones: Ayuda en reversa: cómo los países pobres desarrollan países ricos

El artículo “Aid in reverse: how poor countries develop rich countries” fue escrito originalmente en inglés por Jason Hickel y publicado por The Guardian el 14 de junio del 2017. Fue traducido por el equipo de #recrear, puedes leer la versión original aquí.
Traducción: Casandra

Nuevas investigaciones muestran que los países en vías de desarrollo* mandan trillones de dólares más a los países desarrollados* que al revés.

Durante mucho tiempo nos han contado una historia convincente sobre las relaciones entre países ricos y países pobres. La historia sostiene que las naciones ricas de la OECD dan generosamente de su riqueza a las naciones más pobres del sur global, para ayudarlas a erradicar la pobreza y empujarlas por la escalera del desarrollo. Sí, durante el colonialismo potencias occidentales se podrán haber enriquecido a sí mismas por medio de la extracción de los recursos y la mano de obra esclava de sus colonias – pero eso ha quedado en el pasado. Actualmente, ellos dan más de $125 mil millones de dólares  en apoyo cada año-  una evidencia sólida de su benévola buena voluntad.  

Esta historia está tan extensamente propagada por la industria de la ayuda humanitaria y por los gobiernos de países ricos, que nosotros la hemos dado por sentado. Pero no es tan simple como parece.

El Global Financial Integrity (GFI) y el Centro para Investigación Aplicada en la Escuela de Economía de Noruega  publicaron recientemente algunos datos fascinantes. En el estudio se contaron todos los recursos financieros que son transferidos entre países ricos y países pobres cada año; no sólo apoyos, inversiones extranjeras y  flujos mercantiles (como estudios previos lo han hecho) sino también transferencias no financieras, tales como cancelación de deudas, transferencias no requeridas como remesas de trabajadores, y flujos de capital no registrado (a detalle más adelante). Hasta donde entiendo, esta es la mayor evaluación de transferencia de recursos  emprendida.

Lo que descubrieron es que el flujo de dinero de países ricos a países pobres es menor en comparación al flujo que corre en la otra dirección.

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Un reporte sobre el flujo de capital global, ha encontrado que la falsificación comercial y los paraísos fiscales implican que los donantes del mundo son más bien recibidores. Foto por C Villemain/AFP/Getty Images (vía The Guardian)

En 2012, el último año de datos registrados, los países en desarrollo recibieron un total de $1.3 billones de dólares; incluyendo todos los apoyos, inversión, e ingresos desde el extranjero. Pero el mismo año, $3.3 billones de dólares salieron de ellos. En otras palabras, países en desarrollo enviaron $2 billones de dólares más al resto del mundo de lo que ellos recibieron. Si revisamos todos los años desde 1980, el derrame total suma la extraorbitante cantidad de $16.3 billones de dólares – esa es la cantidad de dinero que ha sido drenada fuera del sur global en las últimas décadas. Para tener una idea de la escala de esto, $16.3 billones de doláres son fácilmente el PIB de los Estados Unidos.

Lo que esto significa es que la narrativa usual de desarrollo está invertida. La ayuda fluye efectivamente a la inversa. Los países ricos no están desarrollando países pobres; los países pobres están desarrollando países ricos.

¿En qué consisten estos grandes flujos de salida? Bueno, algunos de ellos son pagos de deudas. Los países en desarrollo han generado más de $4.2 billones de dólares, tan sólo en pagos de interés desde 1980 – una transferencia directa a grandes bancos en Nueva York y Londres, que empequeñece la ayuda que ellos reciben durante el mismo periodo. Otro gran factor que contribuye es el ingreso que extranjeros realizan en sus propias inversiones en países en desarrollo y luego repatrian a sus países de origen. Piense en todas las ganancias que BP extrae de las reservas de petróleo de Nigeria, por ejemplo, o que los Anglo-Americanos retiran de las minas de oro de Sudáfrica.

Pero la mayor parte del flujo de salida tiene que ver con el flujo de capital no registrado y usualmente ilícito. GFI calcula que los países en desarrollo han perdido un total de $13.4 billones de dólares a través de la fuga de capital no registrado desde 1980.

Gran parte de esta fuga de capital no registrado, toma lugar a través del sistema de comercio internacional. Básicamente, las corporaciones- extranjeras y nacionales por igual- reportan precios falsos en las facturas de sus comercios con la finalidad de trasladar dinero de los países en desarrollo  directamente a paraísos fiscales y jurisdicciones clandestinas, una práctica conocida como trade misinvoicing (falsificación comercial). Usualmente la meta es evadir impuestos, pero algunas veces esta práctica es usada para lavar dinero o  burlar los controles de capital. En 2012,  países en desarrollo perdieron $700 mil millones de dólares por medio de facturaciones falsas, las cuales sobrepasaron la ayuda recibida por un factor de cinco.

Compañías multinacionales también roban dinero de países en desarrollo a través de la falsificación de la misma facturación, cambiando ilegalmente ganancias entre sus propios subsidiarios al falsificar los precios de facturación en el mercado desde ambas partes. Por ejemplo, un subsidiario en Nigeria podría eludir impuestos locales por medio del intercambio de dinero a un subsidiario relacionado en las Islas Vírgenes Británicas, donde la tasa de impuestos es efectivamente cero y donde los fondos robados no pueden ser rastreados.

GFI no incluye la falsificación de la misma facturación en las cifras de sus encabezados porque es muy difícil de detectar. Sin embargo, ellos estiman que los montos suman otros $700 mil millones de dólares por año. Y estas figuras sólo cubren robos por comercio de bienes. Si añadimos robos por comercio en servicios a la mezcla, refleja un total neto de recursos perdidos de alrededor $3 billones de dólares por año.

Esto es 24 veces más que el presupuesto destinado al apoyo. En otras palabras, por cada dólar de ayuda que reciben países en desarrollo, ellos devuelven $24 dólares en pérdidas netas. Estas pérdidas despojan a países en vías de desarrollo de una fuente importante de ingresos y financiamiento para el desarrollo. En su reporte, el GFI encuentra que el gran aumento en las pérdidas netas han sido causa del declive en tasas de crecimiento económico en países en desarrollo, y son directamente responsables de la caída de los estándares de vida.

¿A quién podemos culpar de este desastre? El flujo de capital ilegal es la mayor parte del problema, así que puede ser un buen punto de partida. Las compañías que mienten sobre sus facturas comerciales son claramente culpables; pero ¿por qué es tan fácil para ellos  salirse con la suya? En el pasado, oficiales podían detener las transacciones que parecieran dudosas, haciendo casi imposible para cualquiera engañar. Pero la Organización Mundial del Comercio declaró que esto hizo el comercio ineficiente, y desde 1994 los agentes aduanales han sido obligados a aceptar precios facturados en su valor nominal, excepto en muy sospechosas circunstancias, haciendo difícil para ellos captar  salidas ilícitas.

Aun así, el flujo ilegal de capital no podría ser posible sin los paraísos fiscales. Y cuando nos referimos a paraísos fiscales, los culpables no son difíciles de identificar: hay más de 60 en el mundo, y la vasta mayoría de ellos se encuentran controlados por un puñado de países occidentales. Hay paraísos fiscales europeos como Luxemburgo y Bélgica, y paraísos fiscales estadounidenses como Delaware y Manhattan. Pero por mucho, la red de paraísos fiscales más grande del mundo está concentrada alrededor de la ciudad de Londres,  la cual controla jurisdicciones secretas a través de las Dependencias de la Corona Británica y territorios Extranjeros.

En otras palabras, algunos de los países a los que les encanta presumir descaradamente sus contribuciones de apoyos extranjeros, son los primeros que permiten el robo masivo a países en desarrollo.

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Protesta contra los paraísos fiscales en Londres en el 2016, organizada por Oxfam, ActionAid y Christian Aid. Foto por CarlCourt/Getty Images (vía The Guardian)

La narrativa de la ayuda internacional comienza a parecer un poco ingenua cuando tomamos en cuenta estos flujos en reversa. Queda claro que el altruismo de los países ricos no hace más que enmascarar la mala distribución de los recursos alrededor del mundo. Hace que los que toman parezcan ser los que dan, concediéndoles una especie de plataforma moral mientras previene que aquellos de nosotros a los que nos importa la pobreza mundial entendamos cómo funciona realmente el sistema.

Los países pobres no necesitan caridad. Necesitan justicia. Y la justicia no es difícil de emitir. Podríamos borrar el exceso de deudas de los países pobres, liberándolos para gastar su dinero en desarrollo en lugar de pagos de intereses de viejas deudas; podríamos cerrar las jurisdicciones secretas, hacer caer sanciones en banqueros y  contadores que facilitan las fugas ilícitas; y podríamos imponer un impuesto mínimo global en ingresos corporativos para eliminar el incentivo de las corporaciones para mover su dinero secretamente alrededor del mundo.

Sabemos cómo resolver el problema. Pero hacerlo iría en contra de los intereses de bancos y corporaciones poderosas que extraen beneficios materiales significantes del sistema ya existente. La pregunta es ¿tenemos el valor?


*Nota:
El término de “países en desarrollo” y “países desarrollados”, nos parece una representación poscolonial problemática con la que no estamos de acuerdo. Sin embargo, en el texto original se escribe sin comillas o cursivas, y lo mantuvimos así para respetarlo.
Los textos en “negrita” son parte de la edición de Recrear y no del texto original.

 

 

 

#traducciones: ¿Es la ropa usada un problema en Haití?

El artículo “Are second hand clothes actually a problem in Haiti?” fue escrito originalmente en inglés y publicado por Humanosphere el 13 de julio del 2013. Fue traducido por el equipo de #recrear, puedes leer la versión original aquí.

Ayer noté un artículo que plantea que la ropa de segunda mano está inundando los mercados haitianos y está dañando a las pequeñas empresas.

El giro en la historia es que el influjo de ropa usada está, en cierta parte, vinculada al aumento de la producción de prendas de vestir para consumidores en los Estados Unidos y otros lugares. De alguna manera, la ropa que algunos haitianos están produciendo para las personas en otros países (al volver en forma de donación) está haciendo daño a los sastres locales.

El articulo toma una postura crítica ante la venta de ropa de segunda mano. En cambio, otro artículo publicado a principios de este mes, ve las cosas de manera diferente.

El reportero Tate Watkins escribe en el Medium sobre su viaje personal de cómo pasó de ser un crítico del comercio de ropa usada, conocido como pepe (pé-pé) en Haiti, a un partidario. Basado en sus discusiones con la gente, Watkins sostiene que a los haitianos les gusta la ropa. Además, la posibilidad de comprar ropa con mejor calidad y con marca comercial a precios extremadamente bajos es ventajoso para los consumidores haitianos.

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Joven haitiano con camisa pepe (via Humanosphere, por Paolo Woods)

Es un argumento similar con la situación de Walmart. Los adversarios critican la forma en que los grandes centros comerciales pueden destruir las empresas locales por rebajar los precios de los productos y pagar los salarios muy bajos. Los simpatizantes dicen que los precios muy bajos son una cosa muy buena y que son indicadores de que el mercado competitivo está funcionando como debería.

La persona promedio se beneficia de la llegada de un Walmart en su comunidad debido a que otras empresas tienen que competir en la venta de alimentos, electrónicos, ropa, etc. El ahorro para alguien viviendo en la pobreza o en la clase media puede permitir que pague por los servicios importantes como atención médica.

No sé qué decir sobre el comercio que permite a millones de haitianos súper conscientes de la moda, andar con los polos de Lacoste y Converse high-tops en un país donde el 75 por ciento de la población vive con menos de $2.00 por día.

Después de todo ¿son los haitianos, los que pagan una fracción del precio original por los logos de cocodrilo y emblemas Chuck Taylor, los consumidores con los que deberíamos ser condescendientes?

El comercio pepe en Haití ofrece a los consumidores la ropa de marca comercial que desean a un precio barato. Watkins admite que los sastres están fuera de puestos de trabajo a causa del comercio, mas considera que se debe a una mejor opción que cumple con los deseos y necesidades de la mayoría de los haitianos.

La investigación sobre el comercio de ropa de segunda mano es escasa. Lo mismo ocurre con la ropa donada como observó Dean Karlan en Freakonomics hace dos años.

Mientras más leía, más me llamaba la atención: hay un montón de retórica, pero no pude encontrar una simple evaluación en ninguna lugar que comparará las opciones: repartir camisetas en África, o venderlas en los EE.UU. y entregar el efectivo equivalente en África. Tal vez los resultados son demasiado difusos (después de todo, estas camisas no valen mucho, así ¿qué podríamos medir realmente? Medir el impacto sobre los precios locales es un hueso duro de roer).

En 2005 Oxfam investigó el mercado de ropa de segunda mano en África Occidental y Senegal. El equipo de Oxfam encuentra básicamente lo que argumenta Watkins, ropa de segunda mano daña sastres locales, pero es bueno para los consumidores. Por otra parte, el comercio genera cientos de miles de puestos de trabajo. Desde las personas que gestionan los envíos de ropa para los vendedores, el comercio es una fuente de empleo.

La ropa de segunda mano es una causa más probable de una industria textil local en declive, pero la industria local tampoco podría enfrentarse a una inundación de ropa barata de los fabricantes asiáticos. Si se eliminara la ropa de segunda mano, es probable que la ropa viniera de Asia. La industria local seguiría fallando y los consumidores terminarían pagando precios más altos en comparación con la ropa de segunda mano.

Dada la falta de estudios sobre el mercado de Pepe en Haití, es difícil llegar a ninguna conclusión solida.

Aquí está un informe de Wakins Jon Bougher para Reason sobre el mercado pepe: