#resonancias: novabori

“Al igual que mi compañero, nací entre la maquinaria”, Eleazar y Wilfried tienen una amplia historia dentro de la industria textil. Hace cuatro años cuando ambos decidieron tomar este proyecto no visualizaron que el camino que iban a recorrer tenía tantas posibilidades.

Novabori surge durante una crisis personal y laboral. Hace algunos años Eleazar y su papá trabajaban juntos; hacían cobijas, las cuales ya no tenían tanta demanda dentro del mercado. Cuándo el papá de Eleazar fallece es que Novabori comienza. La carga emocional que representó este acontecimiento en la vida de Eleazar, lo llevó a decirse “tengo que cambiar, tengo que romper con todo”.

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Más tarde se reunieron él y Wilfried (quien, inicialmente, era amigo de su padre) y quien  se convertiría en su nuevo compañero de trabajo. Entre los dos decidieron producir telas (aprovechando la experiencia que tenían en fibras regeneradas) con materiales reciclados, que fueran dirigidas a la gran (y poco sustentable) industria de la moda. Así pues comenzaron a adquirir la materia prima articulando el trabajo de diferentes talleres dedicados a la producción de hilos de materiales reciclados, desarrollando su modelo integrador.

Con este proyecto en 2016 fueron seleccionados como uno de los 10 finalistas en la iniciativa global “Tejiendo el Cambio”, de Fundación C&A y Ashoka: innovaciones para una industria textil, convocatoria que busca proyectos innovadores capaces  de responder a problemáticas en el ámbito textil.

Poco a poco Novabori ha habilitado una red en la que reciclan residuos textiles y  co-desarrollan telas para la industria de la moda. Siguiendo un esquema integrador de procesos textiles a nivel industrial, aprovechando que Tlaxcala cuenta con muchas técnicas textiles y de reciclado de estos materiales.

Por el momento Novabori comercializa tela de pet reciclado y de algodón reciclado. Su producto estrella, lo puedes encontrar en nuestra tienda como toalla o transformado en una capa.

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Novabori quiere proveer a la industria de la moda con productos que impacten a gran escala en las diferentes problemáticas en torno a la industria de la moda. Reconociendo que estar en este tipo de proyectos implica que todo el tiempo haya dificultades pero mantienen el deseo de seguir aprendiendo y creciendo.

A Eleazar le emociona como se ha ido construyendo un movimiento de cambio para la prosperidad en las comunidades Con esto en mente siguen consolidando su proyecto. En #recrear nos emociona colaborar con proyectos innovadores, con productos de bajo impacto ambiental.

 

#colaboradorxs: Agustín Tlilayatzi

Agustín es originario de Contla, Tlaxcala y tiene 55 años. Él comenzó a trabajar a los 7 años en el taller textil del señor Mariano, un artesano conocido de la comunidad. Aprender el oficio textil a temprana edad es una práctica común en la región de Tlaxcala.

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La experiencia de trabajo con el señor Mariano le permitió establecer su propio taller. A los dieciséis años adquirió un telar de pedal y decidió poner un taller en su casa.  Al ver su iniciativa, un vecino le pidió trabajo, pero Agustín respondió que no podía por el momento; sin embargo, luego de pensarlo decidió que podía comprar otro telar y así poder darle trabajo. Así, poco a poco fue comprando más telares para que otros de sus vecinos pudieran trabajar. En la actualidad, el taller de Agustín tiene 24 telares, uno por trabajador. La iniciativa de Agustín ha brindado oportunidades laborales a otras personas de su localidad. Los talleres autogestionados permiten el fortalecimiento de la economía local.

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En su taller se producen cobijas, saltillos, gabanes y tapetes. Además, debido a la disposición de innovación que tiene Agustín, se realizan diferentes diseños que los compradores les piden.

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Agustín viaja a la Ciudad de México para distribuir sus productos a negocios que le compran frecuentemente; algunos de sus clientes son vendedores en un mercado de artesanías, y otros son vendedoresde indumentaria para yoga. Comerciar en la capital le permite vender más y dar a conocer su taller y trabajo, pero sus negocios los lleva a cabo con intermediarios y no directamente con los consumidores finales. Por medio de su colaboración con Recrear, Agustín espera ampliar sus redes de distribución. Encima, el esquema de co-creación permite una producción más creativa que un trabajo “por encargo”.

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#colaboradorxs: Eliseo Xochitemol Peña

20161130_133814Eliseo es originario de Contla, Tlaxcala, tiene 25 años de edad y actualmente estudia en la Universidad Autónoma de Tlaxcala la Licenciatura de Diseño Textil. Su familia se ha dedicado desde hace tres generaciones al oficio artesanal de textiles. Eliseo aprendió el oficio desde los ocho años de edad; le ayudaba a su papá en las diferentes actividades que requiere el proceso de producción textil. A los diecisiete años comenzó a tomarle cariño al oficio y decidió que quería seguir en este camino.

Eliseo nos cuenta que comparte con su papá, Pedro, el taller donde tienen 5 telares de pedal. Padre e hijo colaboran en su producción, más cada uno tiene un estilo particular de mezclar colores y diseñar textiles. Ambos realizan nuevos diseños cada año para los concursos de FONART y han obtenido premios y reconocimientos por las piezas que hacen cada año. Actualmente se están preparando para el concurso de este año, ya que en el 2015 Eliseo ganó el primer lugar a nivel estatal, lo cual lo motivó para seguir innovando su trabajo.

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En su taller tienen diferentes piezas: desde las que realizan para los concursos y eventos en los que participan. Así que en su taller pueden encontrar, rebozos, manteles, caminos, y piezas únicas de los concursos en los que han participado.  Eliseo nos cuenta que su motor de cada día es el amor al trabajo textil.

Las dificultades con las que se ha enfrentado en su trabajo es lo mal pagado y la falta de difusión que se tiene del oficio textil. Eliseo menciona que a pesar de que en Contla se encuentran varias familias que se han dedicado a este oficio por generaciones, el trabajo no se conoce por falta de difusión.

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El trabajo artesanal requiere mucho tiempo en el taller, y dificulta que lxs artesanxs puedan dedicarse a ampliar sus redes y plataformas de difusión y distribución. Sin embargo, gracias a las herramientas digitales, ahora Eliseo se puede tomar un poco de tiempo para mantener una página en Facebook, la cual le ha permitido dar a conocer su trabajo a más gente.20161130_133923

A él le gusta mucho su trabajo y lo complementa con su carrera. Todo lo que está aprendiendo lo motiva mucho seguir sacando modelos nuevos. Gracias a esta disposición que tiene, fue que se animó a colaborar con Recrear, ya que como bien lo dice él “no se encierran a hacer siempre lo mismo”.

#colaboradorxs: Ángel Bautista

Por:  Alonso

Don Ángel Bautista aprendió a trabajar en el telar de pedal a los 8 o 10 años, su padre le enseñó el oficio, se trata de la tercera generación de artesanos en su familia. De su papá también heredó un telar de madera de ocote que fue elaborado por un artesano del pueblo, en él confecciona con sarapes, cobijas y gabanes de lana natural y teñida.

Ángel no podría llevar a cabo su labor en el telar sin el trabajo de Felicia Galicia, su compañera de vida y en el oficio textil desde hace 60 años. “Ni él solito, ni yo solita” nos cuenta Felicia cómo funciona la división del trabajo en el taller. Ambos están involucrados en todas las etapas del proceso, desde el teñido de lana en tinas enormes con agua muy caliente, la elaboración de conos y madejas, y el diseño de patrones. Hacer un sarape puede llevar hasta 20 días. A pesar de que ha tenido épocas mejores, Don Ángel no se imagina haciendo otra cosa. “Es muy bonito, pero es mucho trabajo”. Y es que a veces se enfrenta a problemas al momento de fijar precios y tratar con intermediarios, pero la pasión por el oficio que ha practicado toda su vida es más grande que cualquier dificultad.

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Y es que para las nuevas generaciones dedicarse al oficio resulta poco atractivo, ya que la remuneración no corresponde a todo el trabajo que hay detrás de una prenda. La continuidad en la cadena de transmisión no es posible parcialmente debido a que muchxs artesanxs de la región mueren sin poder enseñarle a alguien más sus conocimientos.

Marcelina Hernández Bautista

Hace dos años el licenciado Epifanio López Gutiérrez introdujo a la comunidad telares de pedal, para trabajar hilos de algodón. Marcelina Hernández Bautista fue de las primeras en sumarse al proyecto del licenciado.

Primero entró para aprender y porque el licenciado les pagaba, “para el refresco” por una jornada de trabajo en el taller. El primer telar era del licenciado, pero después el grupo se organizó y por medio del Centro de Desarrollo Indígena consiguió el apoyo para tener sus propios telares.
 Ahora en el taller, Marcelina y sus compañeras tienen la oportunidad de hacer su propia producción y experimentar con la técnica. El grupo se dedica sobre todo a hacer bolsas que conjuntan el tejido de palma con el telar de algodón. También elaboran rebozos, manteles y demás textiles.
La producción artesanal, a diferencia de la producción industrializada y masificada, permite un espacio de creatividad. Marcelina disfruta mucho trabajar en telar de algodón,  dice que le gusta experimentar y mezclar los colores y los diferentes hilos. Marcelina le ha transmitido este gusto por el tejido en telar a su hija.

DOMINGA

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Los primeros en dejar el pueblo fueron sus hijos, siguiendo a ­­sus tíos. Esto causó dos sentimientos en Dominga, felicidad y tristeza. Felicidad porque sabía que ellos iban en busca de mejorar su calidad de vida; tristeza pues solo se quedaría ella y su esposo en el pueblo.

Sus hijos al ver esta tristeza le dijeron a Dominga y a Matías que mejor vinieran con ellos, y así lo decidieron. Aunque vivir de nuevo con sus hijos le causo mucha alegría, no pudo dejar de sentir nostalgia por dejar su pueblo, su casa, sus animalitos, y todo lo que ella sentía como su hogar.

A Puebla se ha acostumbrado poco a poco, el clima le parece similar, pero el agua no tiene ese aroma dulce que ella recuerda de la de su pueblo. Su pueblo, San Pedro Jocotipac, Oaxaca está en la Mixteca Oaxaqueña.  Es seco y casi no hay frutas, pero en estos meses de verano Dominga nos cuenta que se pueden encontrar duraznos, zapote blanco, aguacate.

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Dominga recuerda que más o menos a la edad de 9-10 años comenzó a tejer, empezó con palma, la fibra de plástico que se usa ahora llegó a San Pedro entre los años 90 o 91. En el pueblo lo que más se tejía eran tenates grandes, y en este tiempo les pagaban aproximadamente $1.50 cada uno, lo cual era bastante, pues compraban con 5, 10 centavos muchas cosas.

Para sus 12-13 años comenzó a realizar tejidos con figuritas como flores, pajaritos y letras.  Al principio su mamá le enseñó, pero poco a poco, ella fue encontrando su propia manera de tejer.

Dominga colabora con RECREAR tejiendo bolsas y canastas.