SEDA

SAN PEDRO COJONOS, OAXACA.

Hasta hace unos meses, en Recrear no estábamos al tanto del papel de la seda en el trabajo artesanal en México. El uso de la seda, como tela, para pintar o hacer ropa nos resonaba, pero una larga tradición de sericicultura en lugares tan distantes como la huasteca potosina, y Oaxaca, nos era desconocida. Gracias a un rencuentro con amistades familiares del pasado, tuvimos la oportunidad de conocer, de primera mano, la producción artesanal de seda; desde su crianza hasta el tejido de hermosos rebozos. En esta entrada les compartimos un poco de lo que aprendimos.

La producción de seda en México se remonta a la época colonial. Si bien hay estudios que argumentan el uso de seda nativa desde épocas prehispánicas, existe muy poca información; sólo se tienen algunos registros etnohistóricos sobre mariposas que “hacen bolsas”.  Por otro lado, la inserción de la seda por parte de los colonizadores está bien documentado. Los principales importadores de los gusanos y la sericicultura, fueron los misioneros dominicanos.

Los monjes sembraron morera, la planta de mora que alimenta a los gusanos, a lo largo del país; de San Luis Potosí, pasando por Michoacán y hasta la sierra oaxaqueña. Hoy en día la producción de seda se mantiene en pocas comunidades en Oaxaca, Veracruz y San Luis Potosí. Asimismo, dentro de estas comunidades son muy pocos quienes se dedican a la producción textil. La gran mayoría se dedican a cosechar e hilar la seda para exportación o venta. Nosotros visitamos San Pedro Cajonos en la Sierra Norte de Oaxaca, de los únicos lugares donde se lleva acabo el proceso entero, desde la crianza de los gusanos hasta el tejido de los rebozos.

El oficio de la seda se ha transformado con el paso del tiempo. Al igual que otras producciones artesanales, diferentes procesos sociales y económicos han  cambiado el papel de la seda en la comunidad y en el mercado global. Hace tres o más generaciones, la seda era una actividad importante, mas no era una fuente de ingreso. La producción de la seda es un proceso muy delicado, uno debe dedicarse por completo y ser terriblemente cuidadoso con los gusanos y su bienestar. En este sentido, las familias que debían estar en el monte o en otros oficios, no tenían siquiera la oportunidad de dedicarle tiempo a la seda; y por lo tanto, era un práctica para las familias de mayor posición social. Además, sólo las mujeres se dedicaban a la sericicultura; hoy en día, los hombres ayudan a la crianza de los gusanos, y algunos inclusive al hilado de la seda.