#quiénes somos: Formas Productivas

Las tradiciones productivas de cualquier sociedad están en constante cambio, las transformaciones están determinadas por fuerzas internas y externas. En las últimas décadas, el proceso de globalización ha tenido importantes repercusiones en las formas de producir y comercializar bienes; la industria de la moda es probablemente el ejemplo paradigmático del impacto que tienen fenómenos globales en el ámbito local.

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Los nuevos alcances en la circulación de bienes altera de forma sustantiva los procesos de producción y distribución en todas sus escalas. Podemos entenderlo como un problema de oferta y demanda, por ejemplo, la oferta de fibras sintéticas provenientes de China impacta en cómo se fabrican blusas al interior de un taller familiar en el Istmo de Tehuantepec en Oaxaca. El mismo fenómeno ocurre a la inversa, la creciente demanda de determinado producto tiene consecuencias sobre la forma en que es manufacturado.

Las transformaciones en los esquemas de producción también pueden explicarse a partir de otro factor: su carácter social. Toda actividad humana se encuentra inmersa en un proceso de constante cambio, debido a que sus creadores, hombres y mujeres se reinventan día con día. Las tradiciones productivas no se encuentran aisladas en un vacío, estáticas, al contrario, en ellas podemos observar los cambios sociales.

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Otro factor que incide en la redefinición o permanencia de las formas productivas es la incorporación de nuevas tecnologías al proceso. Lo anterior tiene múltiples implicaciones; facilita la producción y hace posible la confección de más prendas en menos tiempo. Es decir, la oferta de innovaciones tecnológicas y la demanda de una mayor producción transforma las tradiciones productivas de una sociedad. Sin embargo, aun en el trabajo semindustrializado, existe una importante intervención humana.

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En ReCrear pensamos que el valor del trabajo de lxs artesanxs que colaboran con nosotrxs trasciende los términos estéticos. Se trata de una labor cuya importancia recae, parcialmente, en el hecho de que se trata de oficios que han pasado de generación en generación. La permanencia de formas productivas tradicionales se presenta como una resistencia a la homogeneización y deshumanización de los esquemas productivos, vinculada con una lógica de productividad y competitividad anclada a un sistema neoliberal.

Matías

Matías vivía en San Pedro Jocotipac, hasta el 2002 llego a la colonia 18 de marzo. Sus hijos migraron primero por cuestiones de trabajo. Él y su esposa decidieron mudarse ese año. Sus hijos son pintores y hacen acabados de pasta, paladio, etc., además hacen de todo tipo de artesanías, como sombreros, petates, tenates, etc.

Su pareja, Dominga, también sabe hacer artesanías, aunque no lo aprendieron en el mismo lugar, desde que formaron su familia lo han hecho juntos.

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Matías trabajan con el popote de trigo, este lo traen de su pueblo, pues allá se siembra. En enero, febrero y marzo es temporada de cosecha del trigo y es cuando se consigue ese tipo de popote.

Matías cuenta que el pueblo ha cambiado pues han hecho caminos; por lo cual la movilidad se ha hecho más fácil, lo cual ha posibilitado que la migración sea más sencilla.

No se ha acostumbrado a vivir en Puebla, pues la vida es muy diferente, a él le gusta más su pueblo, pero sus hijos lo animan y le dicen que están mejor ahí, porque están juntos.

Hace un poco más de un año Matías se interesó por aprender la técnica que manejaba Ponchito por lo cual se acercó a el para aprenderla, de tal manera que ahora teje bolsas y alforjas para bicicleta.

Sistemas de Producción Imperfectos

El sistema laboral, muchas veces, nos hace vendernos a nosotrxs mismxs como mercancía. El optar por la migración (dentro del país o fuera) con todos sus peligros, esfuerzos y sacrificios adicionales  puede tomarse como prueba de lo difícil que es encontrar las condiciones para vivir.
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Es muy común encontrarnos a una hora pico en alguna zona industrial, una construcción o un condominio residencial con grupos de personas caminando, obreros acomodados en un cajas de  pick-ups, montones de personas esperando el transporte público:

¿Cuánto tiempo del día se gasta en los trayectos hacía el trabajo? ¿Cuánto dinero se gasta en transporte?  ¿Qué tan libres son las personas de elegir si la oferta laboral obliga a desplazarse en sus horas libres por un salario que les alcanzará apenas para vivir?

Muchas veces hemos escuchado frases como “Pues que si no les gusta consigan otro trabajo”o “Debieron haber estudiado”; ni a la clase -condescendientemente-  llamada “trabajadora” ni a sus hijxs les está prohibido estudiar, pero el sistema se los hace imposible: trabajar o estudiar.

El trabajo es parte y manifestación de un sistema social. Las clases obreras hacen, no sólo  los bienes que todxs consumimos, si no que -de alguna manera- producen el capital que se relocaliza en clases medias (y altas), el cuál es a su vez es acumulado y no redistribuido.

El capital no es redistribuido de manera simétrica.

RENATA

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Renata Castro Almeida, estudia la carrera en Horticultura Ambiental en la Universidad Autónoma de Querétaro. Renata colabora distribuyendo los productos de RECREAR en Querétaro, apoya con la logística y colabora con el manejo de las redes sociales. Actualmente está comenzando un proyecto de huertos urbanos sostenibles y colabora con fundación Soffy.

Su motivación para colaborar con RECREAR se debe a que cree en la importancia de la preservación de los oficios; así como en la valoración de productos que usamos y consumimos.

Manifiesto

Cuando el control se infiltra en todo espacio, cuando la necesidad y la desigualdad empujan hacia derroteros de autoesclavización y anulación, es absoluta la pertinencia de encontrar con creatividad  alternativas que hagan frente a esta situación. Recrear, como alternativa de producción y consumo, parte de la idea de transformar el trabajo. Fracturarlo y reconstruirlo desde la noción de juego. El juego no como futilidad, sino como alegría del hacer, es posicionar  la creación en el fecundo terreno de la recreación. Deconstruir el trabajo apostando por los espacios de recreación que cada persona se he construido, como formas de alegría y resistencia muy otras a la  lógica de dominación envolvente y castrante que impera.

Hoy, la forma principal de control social se ejerce a través del trabajo como forma moderna de esclavismo libre. La disciplina de la que habla Foucault, se reproduce en el terreno laboral y resulta en un control social de gran efectividad. El tiempo y las tareas se regulan y se distribuyen (esta distribución es también política) en el espacio laboral de forma jerárquica, en el que las decisiones son unilaterales y el poder definitivo. Se instauran relaciones de desigualdad institucionalizada.

La creatividad y la habilidad de la gran mayoría de la población son desechadas y las personas en su monotonía se olvidan también de haber poseído otras cualidades que las de fuerza de trabajo comprable, reemplazable y desechable. Ser algo más que “vidas desperdiciables”. El trabajo industrializado hace desaparecer la forma del trabajo cualificado y creativo basado en la destreza para hacer de este una rutina de aniquilamiento a través de la gestión del tiempo, el espacio y el cuerpo mismo.


En este proyecto hay también una búsqueda de desdibujar el espacio de trabajo. Espacio que corre por todos los intersticio de las vidas de sus trabajadores. Se recurre a una usurpación del tiempo, ampliando así este espacio a la vida personal de los trabajadores. Las barreras de lo personal y lo privado ceden ante la fuerza de la institución trabajo, fuerza motor del sistema capitalista. Todo gira en torno a éste, a la preparación para el trabajo, al tiempo interminable presencial que exige, los recorridos y los reglamentados descansos. La denominada cronopolítica (gestión política del tiempo) captura y codifica (atrapa y encarcela) el tiempo de trabajo y el tiempo libre

La forma de producción en casa, con la que trabaja Recrear, es una recuperación del espacio personal, y de la elección. Rechazar un espacio impuesto con horarios y reglamentos rígidos de control para elaborar un espacio de construcción propio (no necesariamente individual) y recreación comunal.No se ve lo que el trabajo hace en nosotros (cómo nos deshace), el modo en el que nos destruye es invisibilizado y la necesidad se pone en primera cuestión. Hacer distinto es hacer(nos)ser distinto.


Santa Catarina es una población formada por personas desplazadas, que han migrado desde distintas partes de la república llevando con ellas saberes e historias diversas. El espacio impuesto a esta comunidad desde la lógica del trabajo, es de completa hostilidad, donde la violencia y desesperación son los resultados más esperables. Es una colonia alejada de los espacios habituales de trabajo, lo que enfrenta a recorridos largos y tediosos.

Todo el espacio de la comunidad se ve transformado al cambiar sus formas de producción. La comunidad camina también hacia un espacio de relación entre las personas que es mudo, inoloro, incapaz de comunicarse. Al cambiar las formas de producción se favorece el tejido de una red;que puede llevar a la disminución de la desconfianza, de la inseguridad con los otros, de la violencia. Construye una forma de habitar su entorno que da la espalda a la supuesta marginalidad que le impone un sistema que se jacta de sus bien creados ghettos donde los índices de violencia, sonríen mientras lo dicen, son alarmantes.

Las distancias que buscaban ser anuladas para apoderarse de la vida ahora son anuladas para resignificar el entorno y las relaciones. La distancia que ha aquejado a la sociedad industrial capitalista, entre los productores y los productos, el consumidor y el productor, se acorta para entablar una cercanía que permita el reconocimiento. El estímulo del productor se desplaza desde la precariedad hacia la creación. Impulso de transformar la tela, el plástico, el hilo, dejando en cada bordado una parte del productor. La distancia busca desaparecer. Quien crea es una persona con rostro, se representa y se crea a sí mismo desde lo que hace, un trabajo con sentido que es disfrutado y comprendido.Un producto final que me grita, que significa una verdad silenciada.

Recrear es un espacio que se entiende transformador, un lugar de encuentro y colaboración. Se muestra como lugar de tránsito que marca caminos e invita al cambio del capital y la industria; una revolución dirigida al mayor sostén del sistema: el trabajo. La creación de espacios de autonomía que van dibujándose incitan a una nueva dinámica cuyas prácticas dejan de reproducir las actuales formas de neoesclavitud y dominio. Es, así, búsqueda de autonomía y la liberación del trabajo. Recreación.

Se supone que no hay tiempo más que para trabajar, por poco dinero, no hay más allá que agarrar lo que se pueda para la supervivencia.

La posibilidad de crear desde casa quiebra esta lógica aportando nuevas formas de apropiarse de un espacio de otra manera engullido por el capital. Se reconstruye la casa desde la construcción laboral que en ella se efectúa. Más aún, habilitarla como espacio de trabajo incide sobre otros problemas que aquejan a la sociedad. En cuestiones de género, las tareas domésticas y la crianza se resuelven en la compartición del hogar.

El espacio público del trabajo y privado del hogar se funden. La noción del hombre como representante del exterior y la mujer como alimentadora en el interior desaparece para dar paso a una nueva forma de relacionarse. De manera paralela, el abuso medio ambiental se palía debido al recorte de las innecesarias travesías vehiculares, las maquinarias y prácticas insustentables de las grandes urbes y centros de trabajo. Recrear es también parar el; desperdicio de materiales invisbilizados y permitir que las personas sean capaces de gestionar los recursos de producción en formas mucho menos perjudiciales.Estas formas de producción cambian la forma de reproducción de la vida.

Se reconstruye el tejido social al volver a establecer relaciones entre -antes- meros desconocidos. Lugares de encuentro y relaciones reestablecidas; relación con lo que se hace, habilidad del hacer, comprensión de los materiales y de su construcción que permiten llegar a un producto final que implica una valoración propia y ajena de la capacidad de transformación de cada persona.

El objeto, así, es producto de una relación. Tiene una historia que puede trazarse. Una mente y unos ojos que lo han imaginado, unas manos que lo han, poco a poco, ido elaborando-construyendo, el olor de un espacio habitable, lleno de momentos y afectos. La historia de las personas que se han puesto en contacto, de forma horizontal, para elaborar en común. Una construcción que es después admirada por los mismos creadores, artesanos.

El modelo industrial de producción despoja a las personas de la necesidad de dotarse de habilidades, arranca lo particular y lo colectivo de las historias y produce un objeto mudo, inoloro. Carente de capacidad de relación. 

¿Por qué hacemos bolsas?

Uno de los accesorios más antiguos tendría que ser la bolsa. Sí, ese artefacto con el cual cargamos a todos lados. Desde las bolsas del supermercado, hasta las carteras, canastas y costales, todas fungen con un principio pragmático de almacenaje y transportación. Nos atrevemos a decir que si no fuera por los bolsos, seguramente nuestra evolución sociocultural hubiera sido muy distinta.

Es imposible trazar el origen exacto de las bolsas. Su producción se ha dado prácticamente en todas las culturas a lo largo de la historia y alrededor del mundo. Hay tantas técnicas como materiales, sin embargo la evidencia arqueológica y etnográfica, ha mostrado predilección por el uso de fibras vegetales en vez del material animal. A esta técnica de tejido de materiales vegetales, se le llama a cestería y puede realizarse de múltiple formas, se pueden realizar cestos con casi cualquier parte de las plantas, se pueden trenzar, o incluso torcer y enrollar.

La cestería es una técnica ancestral,  inclusive es anterior a la cerámica y a la metalurgia, y fue fundamental en el desarrollo de la humanidad.

Los cestos y canastos permitían procesar, almacenar y transportar, diferentes granos, frutos y cereales. De esta forma los grupos humanos podían asegurar alimento en tiempos de sequía, e incluso realizar intercambio con otros grupos.

La razón por la cual no tenemos evidencia arqueológica muy antigua es porque los cestos se elaboran con material orgánico que no sobrevive el paso del tiempo. De la poca evidencia textil que tenemos, se han encontrado algunos fragmentos de fibras y herramientas para el tejido en África, y el Levante con fechas tan antiguas como 20 mil años A.C. Los cestos completos más antiguos datan del año 10 000 A.C. En el caso de México la evidencia más vieja son vestigios del año 7 000 A.C., los cuales se han preservado en el norte del país gracias al clima árido y seco. También se ha encontrado evidencia de cestería en sistemas de almacenaje y procesamiento de alimento en cuevas en Puebla y Oaxaca con fechas que van del 6 000 al 2 000 A.C.

En México y Norte América, la cestería es una actividad sumamente importante. Sin embargo las técnicas son muy distintas así como su papel en la organización social. Por ejemplo, en muchas sociedades en Norte América el tejido es hecho por los hombres, mientras que en México es mucho más común que las mujeres se dediquen a la cestería. Además que el proceso histórico de la especialización artesanal ha sido muy diferente.

En el México prehispánico los dos productos principales eran los chiquigüites o tenates (cestos de palma) y el petate  (una estera de palma). Ambos eran piezas esenciales en la estructura doméstica, el petate para dormir, los tenates para guardar alimentos. Pero también se empleaban para usos más comerciales, el petate permitía envolver y transportar flores, mientras que los tenates posibilitaban mover grandes cantidades de alimento a diferentes lugares.

En algunas figuras y códices se observan tenates con un mecapal, una franja tipo cinturón que hace resistencia en la frente o pecho, de esta forma, se podía cargar los canastos por largas distancias. Se sospecha que los antiguos mercaderes podían llegar a cargar alrededor de 30-40 kilos sobre su espalda. Si bien la cerámica y madera también servía para mover material, los tenates son mucho más ligeros, flexibles y fáciles de transportar.

Con el paso del tiempo,  la inserción de nuevos materiales, como la piel, el lino y posteriormente el plástico, y el cambio en la demanda del mercado, ha ido transformando la producción de bolsas, cestos y canastas. En el mercado neoliberal, se han convertido en piezas cuya estética, identidad cultural, y elaboración artesanal ha generado un valor aparte de su funcionalidad práctica.

Las bolsas como piezas de “arte popular” son muy mal pagadas, con ganancias de 3 pesos por trabajo de horas. Pareciera que las personas quienes practican la cestería lo hicieran naturalmente, por un gusto cultural, sin esperar una remuneración dentro del sistema económico. Los artesanos tienen que competir con las maquilas de “souvenirs” y abaratar su trabajo.

En Recrear buscamos dignificar las técnicas artesanales no por ser un símbolo del folclor nacional, sino por el valor que tiene el oficio manual, y el objeto pragmático. Nosotros buscamos elaborar bolsas que sean funcionales, flexibles, ligeras y fáciles de transportar. No intentamos crearle un valor en nombre de una marca o diseño sofisticado. El valor de nuestras bolsas está en su cuidadoso proceso de elaboración, la labor de nuestros colaboradores y la funcionalidad del producto.

Constantemente estamos explorando nuevos diseños, técnicas y materiales que logren estos principios. Ya sean de palma, estambre, plástico o piel,  confiamos en el principio fundamental del bolso, y de la mano de nuestros colaboradores seguimos experimentando sus manifestaciones más prácticas, desde portafolios, mochilas hasta pequeños estuches o cubiertas para Tablet.

Acércate y conoce la historia de estos productos, y sus creadores.

ORIGEN

Al penetrar en la periferia de la ciudad de Puebla, puedes sentir el peso de la ciudad, el costo social de la vida urbana; barrancas urbanas con casas dispersas atravesadas por caminos accidentados sin espacios públicos, áreas verdes o una infraestructura de movilidad. La dependencia laboral en la urbe ha creado colonias periféricas con pocos servicios públicos y una amplificada estratificación social.

El barrio de Santa Catarina fue fundado hace apenas 30 años, al sureste de la ciudad de Puebla en los márgenes políticos. A pesar de estar a sólo 30 kilómetros del centro de Puebla, el trayecto en transporte público desde la colonia es de 1.5 horas, las barrancas de Santa Catarina hacen difícil hasta el tránsito peatonal.

La colonia se encuentra muy cerca de la penitenciaría estatal (Centro de Reinserción Social de Puebla), el hospital psiquiátrico (Hospital Psiquiátrico Dr. Rafael Serrano) y el relleno sanitario (Relleno Sanitario del Chiltepeque). Un área con poca infraestructura que no interfiere con la “imagen” de la moderna ciudad de Puebla. Gente de Oaxaca, Guerrero, Veracruz y otras regiones de Puebla han venido a la ciudad en busca de trabajo. La razón principal por la que hombres y mujeres migran es por buscar un trabajo mejor pagado.

Vivir en la ciudad es poco accesible económicamente, y las personas tienen que establecerse en espacios lejanos y con poca infraestructura: vivir lejos del trabajo implica estar fuera de casa todo el día por salarios muy bajos. 

La mayoría de las personas tienen trabajos informales: la oferta laboral de la ciudad no significa una mejor calidad de vida. El accidentado terreno, las múltiples trayectorias migratorias, la precariedad laboral y la falta de movilidad, han dificultado la cohesión social.

Dentro de este escenario de exclusión social, el proyecto Mano Vuelta comenzó a colaborar con algunos vecinos interesados en huertos urbanos. Posteriormente con Fuente de Poder se iniciaron los talleres niñxs de Santa Catarina, actividades recreativas para la construcción de espacios públicos y el fortalecimiento de una cultura colectiva;  dentro de este proceso surgió RECREAR, un proyecto que trata de impulsar una alternativa laboral con base a la autogestión y el comercio justo.

Iniciamos a colaborar con vecinos de Santa Catarina que sabían algún oficio artesanal. Algunos de nuestros colaboradores han aprendido su oficio como parte de fuertes tradiciones culturales, otros han sido conocimientos adquiridos más recientemente; cualquiera que sea el caso, el oficio artesanal ha permitido que las personas puedan trabajar desde sus casas, y tener un ingreso adicional que no dependa únicamente de ir hacia la ciudad

RECREAR es un constante proceso de co-creación que permanece abierto a colaboraciones. Actualmente colaboramos con más de 40 artesanxs originarios de Puebla, Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca, Querétaro y Guanajuato.