#problemáticas : h&mlovesmadero

El 16 de noviembre pasado H&M abrió las puertas de su primera tienda fuera de un centro comercial. La tienda de 5 pisos se ubica en la Calle Madero esquina con Bolivar a sólo 10 cuadras de Bolivar 168 donde hace tres meses se derrumbó el edificio que albergaba a las empresas relacionadas con la moda: SEO Young International, New Fashion y Línea Moda Jóven.

Para la apertura de la tienda mas representativa (o flagship store) de H&M en el país la marca produjo la campaña #h&mlovesmadero. La cual viene a recordarnos cómo significa la publicidad, la moda, los modelos de producción, el consumo, el capitalismo y el colonialismo. También pretende decirnos qué es México. Al menos esta fue la lectura que le dieron los principales medios de comunicación:

hm-destacada.jpgLa marca sueca celebra la diversidad y grandeza de los mexicanos con una campaña hecha totalmente en México: “H&M Loves Madero”.

Mariachis, elotes, motos, gimnasios callejeros y arte urbano: o sea, todo lo que somos.

No podemos perder de vista que se trata de un discurso movilizado por una compañía sueca que explota mujeres racializadas en distintos rincones del Sur Global y cuya actividad está vinculada a daños irreparables en el tejido social y el medio ambiente. La lógica neocolonial de la compañía está presente en múltiples niveles: en los cuerpos que se utilizan para representar, en las formas mismas de representación y en los espacios creados desde lugares de poder.

Madero fue una de las primeras calles trazadas por los españoles sobre las ruinas de la antigua México-Tenochtitlán. Aún se asoman fragmentos de las residencias aristocráticas que la ocupaban; la calle se ha ido transformando, al igual que su nombre. La actual nomenclatura deriva del triunfo de la División del Norte, cuando Pancho Villa entró al lado de Emiliano Zapata a la Ciudad de México. Es un espacio en el que se ha inscrito parte de la historia y por el que han transitado miles de mujeres y hombres; gente que resiste y propone todos los días nuevas formas de habitar una ciudad que les ha sido arrebatada.

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Madero ha sido testigo del colonialismo, pero también de las resistencias e intentos de reapropiación del espacio y de la historia. Hoy nos encontramos con una calle plagada de signos del neocolonialismo y de un sistema de explotación que parece inundarlo todo. La calle es un espacio que es arrebatado poco a poco, que invisibiliza y sobreexpone a quienes habitan en los márgenes.

La campaña de H&M es una folclorización de la injusticia; irresponsable en su forma y contenido. Sólo entiende de estereotipos, no del vivir en un país donde la desigualdad, la violencia y la injusticia son cotidianas. En Madero transitan formas otras de habitar; hay porosidades que permiten respirar e imaginar otros mundos posibles y desde luego no es por las tiendas que se apropiaron de esta calle, sino justo por la resistencia a ellas.

En algunos casos, la estética y la representación en una narrativa otorgan poder a los cuerpos, históricamente sólo los cuerpos blancos han sido representados dentro de contextos que dan valor, belleza, deseabilidad. No es sólo la representación lo que ha hecho cuajar hasta lo más profundo de nuestra médula el modelo de  supremacía blanca; hay un entramado mucho más complejo que se encubre al pensar que por incorporar, incluir, integrar en la producción cultural una diversidad de cuerpos, hay un cambio por sí solo.

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Puede parecer que no hay nada problemático en absoluto con poner un H&M en Madero y disfrazar de propio algo que es tan ajeno. Pero la apertura del establecimiento es tan colonial como lo fue el trazo de la calle misma. Sin embargo, también nos recuerda la imposibilidad de nombrar-nos, de resignificar y reconstruir nuestras ciudades, de hacer un entierro simbólico del colonialismo. Es más bien, el intento de disfrazar de propio lo colonial lo que hace más peligrosa la retórica de H&M.

Si bien el esfuerzo de Güerxs y MexicanoMx es bastante loable, continúa siendo problemático cómo y quién define qué es México. A pesar del lugar central que ocupan las corporalidades no hegemónicas en la narrativa visual de H&M, es prácticamente imposible ignorar que el colonialismo también tiene una dimensión sexual. Cynthia Enloe dedica parte importante de un capítulo de Bananas, Beaches and Bases a las postales que enviaban administradores coloniales, soldados, colonos y turistas a la metrópoli.

Las postales tenían el objetivo de retratar a las sociedades colonizadas de manera atractiva pero que dejara claro que necesitaban la mano civilizadora europea. Producidas en contextos geográficos y temporales diferentes, guardan similitudes estéticas entre sí; muestran lo exótico como deseable. Las mujeres fotografiadas para postales no son retratadas como sujetos sino como objetos de deseo. Tales representaciones tenían el objetivo de alimentar la fascinación europea con las culturas descubiertas al tiempo que justificaban la misión civilizadora; la estética orientalista es uno de los fundamentos de la ideología y la práctica imperiales.

H&M nos recuerda que el colonialismo no ha terminado. Reafirma que se sigue pensando que alguien de fuera, más blancx, más ricx, más europex, tiene que legitimar lo que somos (o no somos). Decirnos de qué se trata ser mexicano, cómo tenemos que serlo, otorgarnos valor. Eso que “somos” tiene que ser definido y representado para ser deseable. Cómo se puede ser chido siempre y cuando sea regurgitado por la cultura dominante para adaptarlo a sus cánones. El mismo escenario, otros cuerpos. Al final la retórica, el discurso y la narrativa estética son blancos aunque los cuerpos no lo sean.

Quienes desprecian y explotan son lxs mismxs que otorgan valor. En los controles migratorios cuerpos con rasgos que más se asocian a “lo mexicano” o “lo sudaka” son de los que mayor problema tienen para transitar. Hay que recordar siempre que la integración no representa en absoluto un riesgo para el sistema.

Las estructuras de raza y clase que sostienen el mundo se benefician de los patrones de desigualdad y opresión. Donde H&M gana, millones mujeres precarizadas y racializadas -en India, Indonesia, Bangladesh, China, Malasia, Camboya, México, y una larga lista- pagan el coste con el propio cuerpo y la vida. Vemos más cuerpos representados en el anuncio de H&M y en tantos otros también; más integradxs dentro de los andamiajes de poder.

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Mediante formas, olores, colores y sonidos se legitima un cuerpo; nuestros cuerpos sólo valen si están dentro de parámetros determinados. Pero es una fórmula vieja; estereotipos exotizantes y folclorizantes en los que nos encajan, glamurizan y sustituyen los anteriores. ¿Por qué se quiere otorgar deseabilidad a cuerpos no hegemónicos?, ¿Cuál es la razón por la que se les busca legitimar si el desprecio hacia estos es constante? La respuesta: siempre la misma, capitalismo.

Son cuerpos que se pueden consumir. Sobre la explotación, el abuso y la sangre de los habitantes del Sur Global está el beneficio económico de la feminista sueca Lottie Tham, y demás sujetxs blancxs, cuyas fortunas descansan sobre el trabajo de cuerpos racializados.

 

#traducciones: El consumismo consciente es una mentira. Hay una mejor forma de salvar el mundo

El artículo “Conscious consumerism is a lie. Here’s a better way to help save the world” fue escrito por Alden Wicker en Quartz el 1 de marzo del 2017. Fue traducido por Alonso del equipo de #recrear. Puedes leer la versión original aquí. 

Como un blogger de estilo de vida sustentable, mi trabajo es hacer que el consumismo se vea bien. Durante cuatro años de subir a Instagram fotografías de atuendos amigables con el medio ambiente, probar marcas de barnices de uñas no tóxicos y escribir guías sostenibles para la ciudad, pensé que podía tenerlo todo -moda, entretenimiento, viajes, belleza- y ser muy eco-friendly. Entonces cuando me invitaron a hablar en un panel frente a una delegación juvenil de las Naciones Unidas, la expectativa era que yo iluminara a los jóvenes estudiantes sobre cómo sus elecciones de compras pueden salvar el mundo.

Me paré detrás del estrado usando una blusa de segunda mano, medias de poliéster reciclado y una falda lápiz de un fabricante local; inhalé y comencé a hablar. “El consumismo consciente es una mentira. Los pasos pequeños que toman los consumidores precavidos -como reciclar, comer local y comprar una blusa de algodón orgánico en lugar de una de políester-no van a cambiar el mundo”.

La audiencia me miraba de regreso, parpadeando y el silencio. No era lo que estaban esperando.

Dónde entendimos todo mal

De acuerdo con la sabiduría del consumo consciente, cada compra que haces es un “acto moral” -una oportunidad para “votar con tu dólar” por el mundo que quieres ver. Nos han dicho que si no nos gusta lo que una compañía está haciendo, deberíamos dejar de comprar sus productos y obligarlos a cambiar. Creemos que si les damos a los consumidores transparencia e información, ellos harán la elección adecuada. Pero tristemente, así no es como se supone que el capitalismo debe funcionar.

Hacer una serie de pequeñas decisiones de compra éticas mientras se ignoran los incentivos estructurales para los modelos de negocio insostenibles que tienen algunas compañías no va a cambiar el mundo tan rápido como quisiéramos. Sólo nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos. Como prueba: un estudio de 2012 que compara las huellas de consumidores “verdes” que tratan de hacer elecciones amigables con el medio ambiente y las de consumidores con hábitos regulares. Y no se encontraron diferencias significativas entre ambos.

El problema es que aunque queremos hacer las elecciones adecuadas a veces es demasiado tarde. Por ejemplo, mis amigos siempre me preguntan dónde llevar su ropa vieja para que sea reciclada de manera efectiva o pueda llegar a manos de personas que la necesitan. ¿Mi respuesta? No importa a dónde la lleves: siempre terminará en el mismo flujo de residuos sobrecargado, que puede o no eventualmente desecharla en Haití. No es tu culpa por tratar de hacer lo correcto: es culpa del implacable ciclo de tendencias de la moda rápida, que está inundando los mercados de segunda mano con un excedente de ropa que los estadounidenses no querrán a ningún precio.

También es un asunto de privilegio. El movimiento a favor de la sostenibilidad ha sido acusado de ser elitista -y la verdad es que lo es. Necesitas de un buen ingreso para poder consumir opciones de consumo sustentables y éticas, el tiempo libre para investigar sobre lo que compras, el lujo de poder rechazar el 95% de las opciones y, posiblemente, un posgrado en química para entender lo que en realidad dicen las etiquetas de ingredientes.

Elegir prendas de cáñamo, interrogar al mesero sobre cómo fue capturado el pescado, e investigar si en tu ciudad se reciclan tapas de botella de agua puede hacerte sentir bien, recompensar a algunos emprendedores sociales, y tal vez protegerte de señalamientos de hipocresía. Sin embargo, no es un sustituto al cambio sistémico.

Ambientalismo, traído para ti por Multinacional, Inc.

Llegué a esta conclusión después de años de investigación personal, pero otros académicos dedican sus vidas enteras a evidenciar la falacia del consumismo consciente. Una de las más notables expertas en sostenibilidad es Halina Szejnwald Brown, profesora de ciencia y política ambientales en Clark University. Recientemente escribió un reporte para el PNUMA, Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente titulado “Fostering and Communicating Sustainable Lifestyles: Principles and Emerging Practices.” Nos conocimos al compartir escenario frente a los Delegados Juveniles de la ONU, donde su presentación apoyó con investigación y datos duros mis sospechas.

De manera breve, el consumo es la columna vertebral de la economía estadounidense -lo que implica que el consumo consciente individual está destinado al fracaso. “70% del Producto Interno Bruto de los Estados Unidos está basado en el consumo doméstico. De tal manera que todos los sistemas; el mercado, las instituciones, están calibradas para maximizar el consumo”, Brown me dijo posteriormente en una entrevista. “La industria de la publicidad inventa nuevas necesidades que no sabíamos que teníamos.”

Toma como ejemplo las botellas de plástico. El plástico, como la mayoría de nosotros lo conoce, está hecho de petróleo que toma cientos -incluso miles- de años para degradarse (me temo que no sabemos en realidad). Transportar agua embotellada de Fiji a Nueva York es un proceso alto en emisiones. Y aunque hay datos irrefutables, y campañas hechas por periodistas y activistas para fomentar entre los consumidores el uso de botellas reutilizables, el consumo de agua embotellada ha continuado en ascenso –aunque cuesta 2, 000 veces más que el agua del grifo.

¿Entonces por qué continuamos comprando 1.7 billones de botellas de medio litro, o cinco botellas por persona cada semana? Porque el mercado capitalista hace que tomar decisiones sostenibles sea increíblemente difícil.

La mayoría de nuestra comida y productos de consumo vienen envueltos en plástico que no es reciclable. La comida que está libre de pesticidas es más cara. Trabajamos cada vez más horas, lo que nos deja muy poco tiempo para sentarnos a comer comida hecha en casa, mucho menos coser, remendar y arreglar nuestras cosas. La mayoría de la ropa ha sido diseñada en primer lugar para ser obsoleta después de un año o dos, para que tengas que comprar más. Y sólo el 2% de esa ropa está hecha en los Estados Unidos -y cuando lo está, es 20% más cara. El aceite de palma, el ingrediente que a nivel mundial causa más destrucción de bosques tropicales y emisiones de carbón, está en la mitad de nuestros productos de comida empaquetados, escondido bajo docenas de nombres diferentes. Son sólo algunos ejemplos de cómo el gobierno y las empresas están coludidos para orillarte a destruir el medio ambiente de forma regular, no importa si eliges comprar leche orgánica o no.

Además, existen impedimentos sociales para hacer decisiones sustentables. “Como humanos, somos seres altamente sociales. Medimos el progreso de nuestras vidas en relación con otros”, dice Brown. “El resultado es que es difícil hacer algo diferente a lo que todos los demás hacen.”

Para poder esquivar la cultura del consumidor, debemos esquivar ciertos hábitos sociales. Puedes hurgar en los basureros por comida en perfecto estado que es desechada por restaurantes y tiendas. Absolutamente puedes regresar cada regalo de Navidad o de cumpleaños que no se ajuste a tus estándares. Y siempre puedes exigirle a tus familiares y amigos que sirvan en reuniones sólo comida cruda, vegana y orgánica. Sin embargo, hacerlo implica convertirse en un ser humano insufrible. La sociedad también está en nuestra contra.

Cómo tomar decisiones que de sí ayuden al medio ambiente

Entonces ¿cuál es la respuesta? No estoy diciendo que deberíamos rendirnos, o que deberíamos dejar de hacer las pequeñas decisiones positivas cotidianas como seres humanos responsables. Y si estás eligiendo el producto más verde por razones de salud, por todos los medios, haz lo que consideres correcto. Pero cuando se trata de combatir el cambio climático, la contaminación y la destrucción del hábitat, lo que necesitamos hacer es tomar el dinero, el tiempo y el esfuerzo que invertimos en hacer elecciones que el último momento no tienen consecuencias y encaminarlos a algo que realmente importa.

Más allá de hacer decisiones a gran escala sobre tu estilo de vida como elegir vivir en un área urbana con transporte público, eliminar la carne roja de tu dieta, tener menos hijos (o ninguno), incluso hay rendimientos decrecientes a la energía que pones evitar el plástico o asegurarte que tus pilas viejas terminen en el recipiente adecuado. Globalmente, se estima que gastaremos en 2017 $9.32 billones en productos de limpieza verdes. Si hubiéramos destinado tan sólo una tercera parte de esa mina de oro (el presupuesto promedio que se gasta en productos de limpieza verdes) a presionar a nuestros gobiernos para prohibir los químicos tóxicos que tanto tememos, habríamos logrado un progreso mucho mayor ahora.

“Es un gesto”, dice Brown sobre las pequeñas decisiones de las que hablamos. “Señales bien intencionadas de que te preocupas por el medio ambiente. Pero la acción en sí misma no hace ninguna diferencia.”

Nos damos palmadas en la espalda nosotros mismos por tomar decisiones que acallan nuestra culpa social en lugar de invertir el mismo esfuerzo en acciones que representen un verdadero cambio ambiental. Pero hay pequeños cambios en nuestra mentalidad que pueden marcar una diferencia. Algunas sugerencias:

  • En vez de comprar sábanas orgánicas muy caras, dona el dinero a organizaciones dedicadas a mantener los desechos agrícolas fuera de los ríos.
  • En lugar de manejar en tu carro hasta un huerto para poder cortar tus propias manzanas orgánicas, usa tu tiempo para hacer voluntariado con alguna organización que combata la escasez de alimentos (y te ahorras las emisiones de combustible).
  • En vez de comprar un purificador de aire carísimo, dona el dinero a políticos que apoyen iniciativas a favor de la limpieza del aire y del agua.
  • En lugar de firmar una petición demandando que Subway retire de su pan un químico misterioso, llama a tu representante local y exígele que revise el proceso de aprobación de cerca de 80 mil químicos sin probar en nuestros alimentos.
  • En vez de salir a cenar a un restaurante “de la granja a tu mesa”, puedes revisar el impacto que tienen las leyes y políticas en materia de agricultura sobre tu alimentación.

A primera vista podemos pensar que el consumismo local es un movimiento moralmente correcto y audaz. Sin embargo, nos está quitando poder como ciudadanos. Acaba con nuestras cuentas bancarias y voluntad política, desvía nuestra atención de los verdaderos detentores del poder y enfoca nuestra energía a escándalos corporativos y discusiones sobre la superioridad moral de los veganos.

Entonces si de verdad te importa el medio ambiente, levántate de tu silla e involúcrate en asuntos políticos locales. Si hay algo bueno sobre la crisis ambiental a la que nos estamos enfrentando, es que ahora sabemos exactamente qué clase de trabajo necesitamos para salvar el planeta -y no implica usar una tarjeta de crédito.

#problemáticas: Producción textil en Tlaxcala

Por Thania:

La producción textil en Tlaxcala fue, y sigue siendo, un elemento socioeconómico clave. Al igual que en otras áreas de Mesoamérica, era una actividad importante dentro de la unidad doméstica. Con una historia y un desarrollo de cientos de años, los textiles en Tlaxcala se ha caracterizado por tecnologías especializadas desde la época prehispánica.

La colonia española viene a reforzar la producción textil, introduciendo nuevos materiales, como la lana, y nuevas técnicas de producción (Rosales Ortega 2003:138). Durante los siglos XVI y XVII, la localidad de Contla de Juan Cuamatzi, Tlaxcala destaca como productor importante de textiles de algodón, donde el trabajo artesanal era realizado por pobladores indígenas.

Para el siglo XVIII, Tlaxcala es considerado como uno de los centros más importantes de la industria textil (Miño Grijalva 1983:532). De hecho, Rocío Rosales Ortega nos dice que, en general, el centro de México ha sido desde la colonia “un lugar de concentración de las actividades textiles, creando una enorme red de producción y comercialización en torno a esta actividad” (Rosales Ortega 2003:132). Así, el estado de Tlaxcala ha tenido muchos antecedentes históricos que harían de la industria textil “el motor del desarrollo económico de la entidad” (Rosales Ortega 2003:137).

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Maquinaria de nuestros colaboradorxs Artesanías Getsemaní

Para el porfiriato, las fábricas textiles de Tlaxcala se vuelven las más importantes del país. Pero durante la Revolución, la mayoría de las fábricas textiles de Tlaxcala son destruidas. Es en 1923 que la industria resurge en el país, pero Tlaxcala tiene problemas de organización y la producción textil se ve limitada de nuevo a talleres artesanales locales. Esto sigue así por unos años, especialmente por la crisis económica mundial de 1929. En 1935 Tlaxcala comienza a recuperarse de la crisis, y nuevas fábricas de lana se establecen en el territorio, siendo ahora éstas más importantes que las de algodón (Rosales Ortega 2003:141).

Contla de Juan Cuamatzi se encuentra actualmente dentro de las comunidades especializadas en los ramos textil y del vestido (Rosales Ortega 2003:146), experimentando un crecimiento dentro de las cadenas de ensamblaje. Sin embargo, los empleados en ésta industria son comúnmente mal pagados, trabajando jornadas muy largas.

Afortunadamente, Contla ha experimentado un crecimiento en la producción artesanal, ya que se ha abierto a mercados internacionales, además de regionales (Rosales Ortega 2003:146). Rosales Ortega (2003:151) menciona que ha surgido una estrecha interrelación de la producción artesanal con la industrial debido a ciertas transformaciones. Los artesanos de Contla de Juan Cuamatzi se han convertido en consumidores de hilo producido por los empresarios de las grandes fábricas textiles. Esto implica que ambas producciones no son mutuamente excluyentes.

Sin embargo, los artesanos de textiles en la actualidad enfrentan un problema bastante común: los comerciantes intermediarios para la distribución de sus productos finalizados.

“Los comerciantes piden tal cantidad de piezas hechas artesanalmente, y las recogen pero tardan mucho en pagar, o a veces no pagan nunca”- productor textil artesanal de Contla de Juan Cuamatzi, Tlaxcala.

Los productores tienen que aceptar estas negociaciones ya que pueden pasar mucho tiempo sin vender sus piezas. Incluso, algunas veces los comerciantes se hacen pasar los productores, quitándoles todo el crédito y la ganancia a los verdaderos productores.

Otro problema es la disminución del precio de las piezas textiles artesanales. La competencia entre comerciantes lleva a vender cada vez más baratas las piezas, dejando una ganancia muy pequeña para el productor.

La producción textil moderna en Tlaxcala sigue siendo importante dentro de las unidades domésticas. Encontramos hoy en día distintas familias en algunos de los pueblos del estado que preservan esta actividad como identidad del grupo doméstico. De esta manera, la producción textil tiene un gran significado cultural y económico para estas familias.

Referencias:

Miño Grijalva, Manuel (1983) Espacio económico e industria textil: los trabajadores de Nueva España, 1780-1810. Historia Mexicana 23:524-553.

Rosales Ortega, Rocío (2003) Tlaxcala, ¿un distrito industrial? Sociológica 18(51):131-163.

#problemáticas: Qué podemos hacer contra la moda rápida

Por Momo:

En un video realizado por Grist, Eve Andrews nos explica por qué la camisa que compramos en oferta es un problema. Sí, esa blusa que compraste porque sólo cuesta 100 pesos, y te queda bien, en realidad costó 1 320 galones de agua y la explotación de miles de personas. La ropa no está “en descuento”, las empresas de la moda rápida tienen contemplada la venta en esos precios. Claro, a costa de los sueldos de los trabajadores de la industria textil, el medio ambiente y tu salud.

Ahora bien, más allá de entristecernos y sentirnos impotentes, podemos tomar un tiempo para reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo. En un artículo para Huffington Post, Emilia Wik nos comparte su transición de moda rápida a moda lenta. A continuación les hacemos un pequeño resumen y síntesis de los consejos de Andrews y Wik sobre qué podemos hacer para no contribuir al daño que ocasiona la moda rápida.

  • Reflexionar, evaluar y limpiar

Toma un momento de reflexión. Revisa tu clóset . Esa ropa que ves, ¿qué significa para ti?¿Es importante? ¿Es algo que usarás por mucho tiempo? De acuerdo a Wik, los británicos sólo usan el 44% de la ropa que tienen en su guardaropa. Considera qué piezas de ropa realmente usas, necesitas y disfrutas. ¿Cuándo fue la última vez que usaste esa pieza de ropa?¿Cuáles son las blusas y pantalónes que más usas? ¿Necesitas más? ¿Cuánto tiempo los vas a usar antes de que “pase de moda”?

Saca de tu clóset todo lo que no hayas usado en mucho tiempo. Reconsidera cuál es la ropa qué más usas. Cuál es tu estilo y cualés son los “básicos” que necesitas para tu vida. 

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CC. Sofy Marquez

  • Comprar menos

Después de hacer una limpieza y evaluación de tu clóset ¡comienza a usar tu ropa! En lugar de comprar ropa nueva, usa la que tienes. Sí, la que está al fondo del cajón.

¡Se creativo! Mezcla tu ropa de forma distinta, reusa cosas que pensabas que ya no “están de moda”. Crea una tendencia personal que no dependa de lo que dictan las tiendas cada mes. Retoma tu estilo con las piezas de ropa predilectas y únicas para ti.

Si vas a una tienda y ves un vestido o blusa que te gusta y en ese momento parece necesario para tu vida, Wik propone que esperes 20 días antes de comprarlo; a ver qué tan indispensable te parece después de ese tiempo.

Además, comprar menos te ayudará a ahorrar dinero (hasta podrías juntar para cumplir esos sueños, como irte de viaje a la playita).

  • Comprar inteligentemente

Si después de darle muchas vueltas, resulta que necesitas un par de pantalones nuevos (tal vez por cambio de talla, o en verdad no tienes más y están muy muy muy desgastados) entonces compra de forma consciente. Elige marcas y tiendas que trabajen de forma social y/o ecologicamente responsable.

Consume productos que DUREN. La durabilidad está en la calidad y en un diseño que puedas usar por mucho tiempo. Cuando compres algo, evalúa en cuántos y cuáles contextos te imaginas usándolo ¿Es práctico?  ¿Puede integrarse a mi vida?

Usar y usar y volver a usar una pieza de ropa por años, es fundamental para combatir las decenas de temporadas de ropa que vende la industria de la moda rápida.

  • Cuida tu ropa

Puede parecer obvio, pero para que la ropa duré es necesario que la cuidemos. Una forma muy importante, que tal vez ni te imaginas es: no lavar tu ropa tan seguido. No es necesario lavar la ropa cada vez que la usas, puedes sólo quitar manchas en donde se encuentran, o colgarla después de usarla (no dejarla tirada como trapeador). Pero lavar menos ayuda a que el textil dure más. Aparte, se calcula que el 80% del consumo de energía en una pieza de ropa, es por lavar y secar.

  • No tires la ropa a la basura

Cuando hagas la limpieza de tu guardaropa, no tires cosas a la basura. La ropa ocupa mucho espacio. En Estados Unidos se tiran más de 10 millones de toneladas de ropa al año. Los materiales con los que está elaborada la ropa de moda rápida son contaminantes, no biodegradables.

En lugar de tirarlo puedes regalarlo, donarlo, venderlo o darlo a programas de reciclaje textil. También puedes reciclarlo tú; convertirlo en bolsas, bufandas o en trapos para limpiar. Puedes convertirlo en algo útil.

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Ropa en basurero (Take Part)

Finalmente, siempre mantén presente el primer paso, cuestiona lo que tienes, por qué lo tienes y a costa de qué lo tienes.

Claro, estas no son soluciones a todo el daño socioambiental de la moda rápida. Son necesarias las medidas desde otras dimensiones, como legislaciones de derechos ambientales y laborales. Sin embargo, es parte de lo que podemos hacer como consumidores. Eso y compartirlo con las personas a nuestro alrededor.

Referencias:

Wik, Emilia. Transitioning from fast fashion to slow fashion. Huffington Post

Andrews Eve, y Darby Minow Smith. Watch us explain why your $8 shirt is a huge problem. Grist

#problemáticas: Adidas hace tenis con basura del mar 

Por Alonso

Se calcula que un 70% de la superficie de nuestro planeta está cubierta por agua y que de ese total, los cuerpos de agua salada representan un 97%. O sea que si se nos acaba la masa continental para tirar lo que se nos ocurra, siempre podemos contaminar los mares y los océanos. Y aunque ahora nos suene como la peor idea jamás pensada, hasta hace algunos años los fondos oceánicos eran considerados los depósitos perfectos para toda clase de desechos, es más, se pensaba que todo lo que se lanzaba al mar terminaría por diluirse.

Entonces los mares y océanos se convirtieron en nuestros basureros, porque pues eso es lo que hacemos mejor: arruinar las cosas bonitas. No nos bastó con hacer pruebas nucleares en el Pacífico, también decidimos que no sería tan malo que desechos como fertilizantes, pesticidas, detergentes, hidrocarburos y pues ya de paso sólidos. El problema no se limita a que es una cochinada, sino que el impacto que tiene en el medio ambiente es altísimo.

Playa con basura en Otto Rock, Oregon. Foto por Jason Kar

Por ejemplo, todos los residuos industriales (súper tóxicos, por si no había quedado claro) que acaban en los fondos marinos son ingeridos por pequeños organismos que a su vez son comidos por otros más grandes; insertando a la cadena alimenticia (en la que somos partícipes) elementos muy peligrosos.

Los residuos sólidos, como plásticos, también representan un problema enorme. Gran cantidad de plásticos acaban siendo comidos por peces, mamíferos, y aves. ¿Han visto cuánto se parecen una bolsa de plástico y una medusa? Exacto, bajo el agua y a los ojos de una tortuga son idénticas. De acuerdo con datos de la UNESCO, los artículos de plástico que flotan en el mar son responsables de la muerte de cerca de 1 millón de aves marinas y 100 mil mamíferos anualmente.

Pero bueno, no todo está tan mal. Parley of the Oceans y Adidas anunciaron un prototipo de calzado parcialmente hecho de residuos encontrados en el mar, principalmente redes de pesca. Lo que nos parece fabuloso de la colaboración Parley of the Oceans + Adidas es el uso de la creatividad como una fuerza para impulsar el cambio de conciencia. Además, simbólicamente nos parece muy padre usar algo tan destructivo como redes y basura para crear algo.

Los tenis de Adidas hechos con redes para pescar recicladas

Y bueno, si se trata de algo muy inovador, pero no podemos ignorar que Adidas tiene muchos trapos sucios. No podemos olvidar que quienes trabajan para compañías como Nike, Puma, Umbro, New Balance y por supuesto Adidas son mujeres de países como India o Indonesia, entre los 17 y los 24 años que laboran en largas jornadas en condiciones que no cumplen estándares mínimos de seguridad a cambio de un sueldo bajísimo. Por si fuera poco, muchas de las mujeres que trabajan en maquiladoras son víctimas de violencia psicológica, sexual y física.

Por otro lado, hacer productos de materiales reciclados tampoco reduce las repercusiones de la moda rápida, de la producción masiva y el consumo excesivo. Si no se transforman las formas de producción y consumo, la ropa de materiales reciclados sigue siendo insostenible.

No decimos que la preocupación por los océanos y sus habitantes esté mal, lo que decimos es que hacer zapatos con materiales reciclados no compensa situaciones como: explotación laboral, trabajo infantil, acoso y violencia en los espacios de trabajo, y otras malas prácticas que van en contra de los consensos globales y los principios éticos más básicos. Creemos que se trata de una buena iniciativa pero debe ir acompañada de acciones más congruentes. 

#problemáticas: Sarah Jessica Parker va de Blahnik a ropa de segunda mano 

Por Momo:

Me gusta guardar mi dinero donde lo pueda ver: colgando en mi closet

Esta es una de las frases más recordadas de la serie estadounidense Sexo en la Ciudad (SENLC, Sex and the City). Gran parte de la fama de SENLC se debe a su relación con la moda. Su personaje principal, Carrie Bradshaw, es una escritora treinteañera que a pesar de su supuesta precariedad y desorganización amorosa y financiera, siempre logra verse “fabulosa”.

“He gastado 40,000 dólares en zapatos ¿y no tengo donde vivir?”

El consumo de ropa, en particular zapatos de diseñador, se convierten en una materialización del amor propio y la autonomía femenina. En un capítulo la compra de unos zapatos carísimos se convierten en un signo de su decisión y proyecto de vida, al preferir vivir sola y poder comprar unos zapatos de diseñador a casarse y tener hijos. A pesar de disfrutar capítulos de  SELC es innegable su papel en la propagación de este pseudofeminismo de consumo.

“Sólo quería avisarte que me voy a casar: conmigo misma. Estoy registrada en Manolo Blahnik”.


En esta serie de televisión se articularon aspiraciones sobre la independencia y el empoderamiento a partir del consumo de ropa y zapatos, y una moda constreñida a los grandes diseñadores. Es por eso que me sorprendió leer en internet que Sarah Jessica Parker, la actriz que personifica a Bradshaw, hable sobre la ropa de segunda mano como su opción de preferencia.

Según un artículo en Vanity Fair, Parker comentó en entrevista con The Edit, que ella sólo consume ropa de segunda mano a partir de que vio el documental The True Cost. Si bien me es difícil creer que alguien de su posición no estuviera nada informada sobre la explotación socioecológica de la moda, por lo menos rescato que declare de forma pública sobre estos temas. Aunque sé que Parker no es una deidad, y que los problemas de la moda rápida están ligados a procesos económicos y políticos globales mucho más complejos, me parece que es un gran paso que una figura pública con tanto peso en el mundo de la moda hablé al respecto desde sus propias prácticas. Sobretodo alguien que se convirtió en una pieza clave en este “feminismo” consumista.

Frecuentemente escuchamos declaraciones de celebridades que se suponen que luchan por la justicia social y el cuidado ambiental pero sin dejar a un lado sus prácticas de consumo excesivo y de lujo. Y creo que es muy valioso que Parker asuma su parte del problema al comprar ropa usada. Claro, no comprará en el mercado de las pacas de ropa a cinco, diez o treinta pesos. Y no explica si compra ropa usada únicamente para su hijo o también para ella. Pero algo es algo.

A diferencia del guardarropa usado en SELC, en su nueva serie de televisión en HBO, Divorce, Sarah Jessica Parker y la vestuarista han evitado el uso de marcas de diseñador, y sólo emplean ropa de segunda mano. Esta práctica creo que es una acción clave para ir generando y sosteniendo otro tipo de aspiraciones de consumo.

¿Y qué hay de su línea de ropa?

SJP, la nueva colección de Sarah Jessica Parker


En esta misma entrevista, Parker también habló sobre su línea de zapatos. En ese aspecto, comentó que ella no puede producir ropa más accesible debido a la calidad del producto. En lugar de vender zapatos de 69 dólares que duren un ratito, prefiere vender un par en 395 pero para que duren por más tiempo. En esto quedaría saber si su sueldo es parte de lo que no permite una pieza más barata que 300 dólares, pero el énfasis en hacerlo en talleres Italianos y no en cadenas de ensamblaje en zonas francas del sureste asiático o Latinoamérica, es un cambio de práctica que vale la pena reconocer. Aunque sean elaborados en Italia con una carga simbólica de prestigio, por lo menos no fomenta prácticas productivas más violentas de manera directa.

No pretendo decir que Sarah Jessica Parker sea una anarquista pro economía solidaria, pero por lo menos ahora te dice que pienses mejor en qué forma vas a querer ver tu dinero colgando en el clóset.

Referencias:

Harwood, Erika. Sarah Jessica Parker Will Only Buy Her Son Secondhand Clothes http://www.vanityfair.com/style/2016/11/sarah-jessica-parker-secondhand-clothes

#problemáticas: Hecho y desecho en Haití

Por Joaquín:
El texto está basado en el artículo “Made in Haiti, Dumped in Haiti” escrito por Isabeau Doucet y publicado en The Dominion.

Décadas de medidas neoliberales han empujado a Haití para ampliar su industria de prendas de vestir para exportar camisetas a los mercados de EE.UU. Las prendas se venden, se consumen, se descartan y se envían de vuelta a Haití, junto con otras prendas usadas, para la reventa en los mercados locales, socavando y diezmando a los modistas haitianos y su comercio de prendas.

En la década de los años cincuenta la agricultura representaba el 90% de las exportaciones de Haití; hoy, el 90% de las exportaciones provienen del sector de prendas de vestir, mientras que más de la mitad de los alimentos del país son importados.

Miembros de la Association des Tailleurs et Couturiers de Port-au-Prince (ATCP), una red de sastres independientes que operan fuera de las casas alrededor de Carrefour, se quejan de que no pueden competir con el exceso de prendas de segunda mano hechas en China, Honduras y Bangladesh

Obreros de la industria textil en Haití. Foto de Isabeau Doucet

En un informe del 2009, el economista de Oxford Paul Collier argumentó que la pobreza de Haití y el mercado de trabajo sin regulación lo hace “totalmente competitivo con China, que es el punto de referencia mundial.” La pobreza de Haití y el salario mínimo lo convierten en un atractivo competidor en la cadena global de productos básicos. También está convenientemente ubicado en la puerta de América del Norte.

Tras el devastador terremoto en Haití en 2010, la comunidad internacional prometió un  fondo de asistencia de desastres naturales con un valor sin precedentes de 5.000 millones de dólares. Sin embargo, la pieza central de este fondo de reconstrucción después del terremoto no fue la creación de empleos, la reconstrucción de viviendas, ni la construcción de infraestructura de agua y saneamiento para prevenir la propagación de la peor epidemia de cólera en la historia moderna. Más bien, se optó por construir un gigantesco parque industrial de 300 millones de dólares para la fabricación de prendas de vestir. El parque se ubica en Caracol, lejos de la zona afectada por el terremoto y en el corazón de una región protegida por el medio ambiente, que también alberga algunas de las tierras agrícolas más fértiles de Haití.

Mujeres haitianas trabajando en el parque industrial. Foto de Inter -American Development Bank

Una nueva ley de salario mínimo se aprobó en el otoño del 2012 para asegurar que los trabajadores del sector de confección de prendas deben ganar 300 gourdes por un día de ocho horas (alrededor de CAD $ 7). Sin embargo, según una auditoría publicada a mediados de abril de 2013 por Better Work, una asociación de trabajo y desarrollo empresarial entre la Organización Internacional del Trabajo y la Corporación Financiera Internacional (OIT-IFC), encontraron que el 100 por ciento de los fabricantes de ropa evaluados en Haití no cumplieron y continuaron pagando el salario anterior de 200 gourdes (alrededor de CAD $ 4.70). Se calcula que el 90 por ciento de los trabajadores deberían estar ganando el nuevo salario mínimo. En un país con una tasa de desempleo estimada entre el 40 y el 80 por ciento, los trabajadores están tan desesperados que toleran el incumplimiento de la ley de salario mínimo.

Según un estudio realizado en 2011 por la Federación Americana del Trabajo y el Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), el costo estimado de vida en Puerto Príncipe es de $ 29 al día. Doscientos gourdes para un turno de trabajo de ocho horas es un sexto del salario vital estimado de la AFL-CIO. De hecho, los haitianos ganan menos hoy que durante la dictadura de Duvalier; los salarios apenas han aumentado y valen la mitad de su poder adquisitivo de 1984.

Croix-des-Bossales, el mercado de carnes, hortalizas y prendas de vestir más grande de Puerto Príncipe, ubicado en el centro de la ciudad cerca del puerto marítimo, recibe cargas semanales no reguladas de ropa usada. Buscando a través de los montículos multicolores, uno puede encontrar fácilmente docenas de camisetas originalmente hechas en Haití para exportación, ahora descargadas y siendo revendidas en Haití por alrededor de $ 2.50.

Espacio de venta de ropa usada (pepe) en Haití. Foto por Myron Beasley

El comercio de ropa de usada forma parte de un ciclo de producción, consumo y deshecho que afecta la economía local, las condiciones laborales pero también afecta las aspiraciones de deseo y consumo en contextos de precariedad. La misma demanda local forma parte del ciclo de producción masiva que ha afectado la economía del país. El consumo de ropa usada en Haití, es un ejemplo concreto de como la producción masiva neoliberal no sólo genera espacios de explotación como las zonas francas, sino que el deshecho también tiene efectos materiales y sociales.

Referencias:

Doucet, Isabeau (2013). Made in Haití, Dumped in Haití. The Dominion.