FIDEPAL

FIDEPAL es una cooperativa fundada hace 70 años en la región de Acatlán de Osorio en el municipio de Petlalcingo, Puebla. Principalmente se trabaja la palma para la elaboración de sombreros, servilleteros, tenates para tortillas, tapetes de mesas y bolsas. Actualmente sólo quedan 3 personas de las 22 que laboraban ahí.

En esta fábrica antes había el personal suficiente que trabaja en diferentes áreas, fue entonces cuando Luz y María entraron a trabajar, pero poco a poco descendieron las ventas, provocando que dieran de baja a mucho personal, mientras otros mejor decidían irse.

En esta región no hay trabajo, por eso la gente decide migrar, por ello, solo quedaron tres personas que decidieron seguir elaborando las artesanías, buscando por sus propios medios el material y buscando nuevos clientes.

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María Antonia Tobón Gil es de Petlancingo, cuando entro a la fabrica empezó de afanadora, pero con el tiempo la cambiaron a las maquinas de hacer bolsas; fue ahí donde aprendió a realizar las artesanías que ahora vende la cooperativa.

Luz María Ramírez Cruz es de Acatlán, ella al igual que María teje en la maquina las diferentes artesanías que venden. Entró a trabajar a la fábrica desde 1982, por lo cual le toco ser testigo del descenso de la empresa; hasta que ellas tomaron la iniciativa de hacer la cooperativa.

Empezaron a trabajar buscando sus propios clientes, por eso en ocasiones van a ferias, y aunque se vende poco, el seguir yendo les ayuda para continuar promocionándose, y que la gente las conozca y sepan de su trabajo.

Ellas con su trabajo se han vuelto un ejemplo de lucha, pues a pesar de las adversidades que han tenido que enfrentar, mantienen la esperanza cuando una persona llega a comprar alguna de sus artesanías, motivándolas a seguir promocionando su trabajo e invitando a la gente a que conozcan lo que hacen.

Gilberta

En RECREAR colaboramos con varias personas que trabajan el tejido de palma. Inclusive quienes se especializan en otras técnicas tienen conocimiento de este oficio. Sin embargo; cada técnica, cada historia y cada lugar es distinto.

Una de las zonas más conocidas en el tejido de palma es la mixteca oaxaqueña. En los últimos 25 años, el tejido de palma ha pasado de ser una producción doméstica o de comercio local, a convertirse en una de las artesanías más representativas de la región.

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Con Bibi como nuestra guía en nuestro breve recorrido en el estado de Oaxaca, visitamos Santa Maria Apazco, cerca de Nochixtlán (o “Nochis” como le dicen algunxs) en la región mixteca.  En esta comunidad, al igual que  muchas otras de la región, las mujeres han tejido la palma desde hace años (por no decir siglos). Nuestra primera parada fue con Gilberta.

La mayoría aprenden a tejer desde pequeñas. Gilberta Juliana Bautista comenzó a tejer desde niña, su mamá le enseño a hacer tenates, sopladores y petates. Gilberta incrementó su repertorio hace poco más de diez años. Tan sólo de ver las nuevas técnicas y diseños que las personas de su comunidad estaban usando comenzó a elaborar sombreros, bolsas y tortilleros. Ahora, ella le enseñó a su hijo a tejer sombreros.

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Gilberta disfruta tejer mientras cuida a los borregos. A diferencia de otro tipo de actividades, el tejido artesanal permite mucha flexibilidad de tiempos y espacios.

 

DOMINGA

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Los primeros en dejar el pueblo fueron sus hijos, siguiendo a ­­sus tíos. Esto causó dos sentimientos en Dominga, felicidad y tristeza. Felicidad porque sabía que ellos iban en busca de mejorar su calidad de vida; tristeza pues solo se quedaría ella y su esposo en el pueblo.

Sus hijos al ver esta tristeza le dijeron a Dominga y a Matías que mejor vinieran con ellos, y así lo decidieron. Aunque vivir de nuevo con sus hijos le causo mucha alegría, no pudo dejar de sentir nostalgia por dejar su pueblo, su casa, sus animalitos, y todo lo que ella sentía como su hogar.

A Puebla se ha acostumbrado poco a poco, el clima le parece similar, pero el agua no tiene ese aroma dulce que ella recuerda de la de su pueblo. Su pueblo, San Pedro Jocotipac, Oaxaca está en la Mixteca Oaxaqueña.  Es seco y casi no hay frutas, pero en estos meses de verano Dominga nos cuenta que se pueden encontrar duraznos, zapote blanco, aguacate.

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Dominga recuerda que más o menos a la edad de 9-10 años comenzó a tejer, empezó con palma, la fibra de plástico que se usa ahora llegó a San Pedro entre los años 90 o 91. En el pueblo lo que más se tejía eran tenates grandes, y en este tiempo les pagaban aproximadamente $1.50 cada uno, lo cual era bastante, pues compraban con 5, 10 centavos muchas cosas.

Para sus 12-13 años comenzó a realizar tejidos con figuritas como flores, pajaritos y letras.  Al principio su mamá le enseñó, pero poco a poco, ella fue encontrando su propia manera de tejer.

Dominga colabora con RECREAR tejiendo bolsas y canastas.