#lugares: San Pedro Jocotipac, Oaxaca

Por:  Joaquín

San Pedro Jocotipac es uno de los 570 municipios en el estado de Oaxaca, el cual tiene una extensión de 70.27 km2. Actualmente muchxs de lxs pobladorxs usan el idioma Mixteco de Cañada bajo, que se autodenomina como tu’un savi.  Antes de la colonización, ésta población estaba en el poder étnico de lxs Náuhtl ellos fueron quienes nombraron esta tierra con el nombre de Jocotipac que en español significa “Tierra agria”.

De acuerdo con el INEGI en el año 2015 la población era de tan solo 779 personas. En su INFORME ANUAL SOBRE LA SITUACIÓN DE POBREZA Y REZAGO SOCIAL de SEDESOL y CONEVAL establecen que el 95.6% de las 293 viviendas de Jocotipac tienen alguna carencia en el acceso a los servicios básicos en la vivienda (deficiente disposición de basura, sin drenaje, sin chimenea, etc.).  La comunidad Mixteca de San Pedro Jocotipac lidia con los distintos rezagos que presentan en vivienda, educación y salud.

En 2010 San Pedro Jocotipac contaba con un preescolar, una primaria, una telesecundaria (en la cuál Don Mati participó en la gestión para su establecimiento). Recientemente se estableció el primer bachillerato de la comunidad y así, poco a poco mediante esfuerzos colectivos se está logrando establecer infraestructura y acercar servicios. Todo esto con la intención de que los jóvenes no se vean obligados a emigrar a ciudades en busca de oportunidades educativas.

La  población se ha reducido constantemente a causa de la migración, por esta razón es que la CDI le ha dado la Categoría Migratoria de ExpulsiónLa migración se da principalmente por falta de recursos económicos debido a la carencia de trabajo remunerado, ya que en la localidad solo  pueden dedicarse a la siembra de frijol, maíz y trigo. La temporada de mayor migración es a finales del mes de julio; cuando la población joven egresa de la telesecundaria, esa es  la época cuando más mano de obra se expulsa hacia EEUU, Tehuacán, Puebla, Chihuahua, Ciudad de México para trabajar en albañilería, trabajo doméstico, maquiladoras y demás ocupaciones en su mayoría no remuneradas de manera justa. De acuerdo al PLAN MUNICIPAL DE DESARROLLO DE SAN PEDRO JOCOTIPAC se calcula que  el 50% de la población total se encuentra bajo alguna condición migratoria.

Al ser un municipio pequeño no deja de sorprender la variedad de sus climas: en la parte alta se encuentra una gran vegetación boscosa con abundantes encinos y enebros, donde se tiene la oportunidad de llegar a  pinturas rupestres, sótanos que forman grutas y miradores donde se puede observar toda la región de la cañada. En la parte baja es semidesértico donde predominan nopales, palmeras y cactus con avistamientos de la fauna local como lo son las zorras, coyotes, liebres, etc.

Dentro de la región de la cañada, en el Cañón del Sabino está el CENTRO ECOTURÍSTICO JOCOTIPAC: donde se resguarda a la guacamaya verde,  especie que se encuentra en peligro de extinción. Se debe hacer una caminata de dos horas para  llegar a este lugar donde se disfruta del ecosistema particular y del avistamiento de estas aves. En el mes de noviembre se efectúa el Festival de la Guacamaya Verde donde se hace el recorrido y también se busca reflexionar acerca de la conservación de esta especie y el ecosistema.

Popotillo de trigo tejido por Matías Vázquez Vázquez.

La gran tradición de “Joco” (como se le llama a San Pedro con cariño) es la elaboración de sombreros, petates, sopladores, escobas  y cestos. También se trabajan los productos con popote de trigo; con los cuales se elaboran -sobretodo- figuras religiosas y navideñas. Debido a la baja remuneración consecuencia de la ausencia de conocimiento de las técnicas y el poco respeto por el trabajo manual se ha visto un bajo interés por la población de seguir trabajando con estas técnicas. 

Matías

Matías vivía en San Pedro Jocotipac, hasta el 2002 llego a la colonia 18 de marzo. Sus hijos migraron primero por cuestiones de trabajo. Él y su esposa decidieron mudarse ese año. Sus hijos son pintores y hacen acabados de pasta, paladio, etc., además hacen de todo tipo de artesanías, como sombreros, petates, tenates, etc.

Su pareja, Dominga, también sabe hacer artesanías, aunque no lo aprendieron en el mismo lugar, desde que formaron su familia lo han hecho juntos.

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Matías trabajan con el popote de trigo, este lo traen de su pueblo, pues allá se siembra. En enero, febrero y marzo es temporada de cosecha del trigo y es cuando se consigue ese tipo de popote.

Matías cuenta que el pueblo ha cambiado pues han hecho caminos; por lo cual la movilidad se ha hecho más fácil, lo cual ha posibilitado que la migración sea más sencilla.

No se ha acostumbrado a vivir en Puebla, pues la vida es muy diferente, a él le gusta más su pueblo, pero sus hijos lo animan y le dicen que están mejor ahí, porque están juntos.

Hace un poco más de un año Matías se interesó por aprender la técnica que manejaba Ponchito por lo cual se acercó a el para aprenderla, de tal manera que ahora teje bolsas y alforjas para bicicleta.

LORE

Lorena es originaria de Oaxaca.  Llego aproximadamente a los 14 años a Puebla a trabajar. se casó a los 18 años; su marido es albañil y músico. De recién casados se dedicó a cuidar a sus hijos y  a veces trabajaba lavando la ropa de alguna de sus vecinas.

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Lore recuerda que en los pueblos de Oaxaca Lorena veía que había mucho trabajo, pero no había dinero, mientras que en Puebla ella vio que si hay empleos que son remunerados; aunque la mayoría son mal pagados.

Lore piensa que si tuviera otro tipo de trabajo tendría algo más seguro, pero a cambio de estar mucho tiempo lejos de casa. Mientras que ahora, realizando los bordados siente que tiene más trabajo y sin la necesidad de salir.

Además Lorena se ocupa de brindarles mejores oportunidades a sus hijos, pues se ha dado cuenta que muchos niños ya no estudian porque a sus familias no les alcanza el dinero; por eso ella procura darles lo indispensable a sus hijos para que continúen con su educación.

El bordado siempre le ha gustado, decidió aprender y lo hizo muy rápido. Por eso su trabajo la hace sentir bien y le hace pensar que puede hacer muchas cosas;  le da emoción ver su trabajo en otras personas.

Lore pide el apoyo de todos para que compren productos hechos en México, porque es bueno y porque para seguir haciéndolo necesitan de alguien que también los requiera.

Marcelina Hernández Bautista

Hace dos años el licenciado Epifanio López Gutiérrez introdujo a la comunidad telares de pedal, para trabajar hilos de algodón. Marcelina Hernández Bautista fue de las primeras en sumarse al proyecto del licenciado.

Primero entró para aprender y porque el licenciado les pagaba, “para el refresco” por una jornada de trabajo en el taller. El primer telar era del licenciado, pero después el grupo se organizó y por medio del Centro de Desarrollo Indígena consiguió el apoyo para tener sus propios telares.
 Ahora en el taller, Marcelina y sus compañeras tienen la oportunidad de hacer su propia producción y experimentar con la técnica. El grupo se dedica sobre todo a hacer bolsas que conjuntan el tejido de palma con el telar de algodón. También elaboran rebozos, manteles y demás textiles.
La producción artesanal, a diferencia de la producción industrializada y masificada, permite un espacio de creatividad. Marcelina disfruta mucho trabajar en telar de algodón,  dice que le gusta experimentar y mezclar los colores y los diferentes hilos. Marcelina le ha transmitido este gusto por el tejido en telar a su hija.

SEDA

SAN PEDRO COJONOS, OAXACA.

Hasta hace unos meses, en Recrear no estábamos al tanto del papel de la seda en el trabajo artesanal en México. El uso de la seda, como tela, para pintar o hacer ropa nos resonaba, pero una larga tradición de sericicultura en lugares tan distantes como la huasteca potosina, y Oaxaca, nos era desconocida. Gracias a un rencuentro con amistades familiares del pasado, tuvimos la oportunidad de conocer, de primera mano, la producción artesanal de seda; desde su crianza hasta el tejido de hermosos rebozos. En esta entrada les compartimos un poco de lo que aprendimos.

La producción de seda en México se remonta a la época colonial. Si bien hay estudios que argumentan el uso de seda nativa desde épocas prehispánicas, existe muy poca información; sólo se tienen algunos registros etnohistóricos sobre mariposas que “hacen bolsas”.  Por otro lado, la inserción de la seda por parte de los colonizadores está bien documentado. Los principales importadores de los gusanos y la sericicultura, fueron los misioneros dominicanos.

Los monjes sembraron morera, la planta de mora que alimenta a los gusanos, a lo largo del país; de San Luis Potosí, pasando por Michoacán y hasta la sierra oaxaqueña. Hoy en día la producción de seda se mantiene en pocas comunidades en Oaxaca, Veracruz y San Luis Potosí. Asimismo, dentro de estas comunidades son muy pocos quienes se dedican a la producción textil. La gran mayoría se dedican a cosechar e hilar la seda para exportación o venta. Nosotros visitamos San Pedro Cajonos en la Sierra Norte de Oaxaca, de los únicos lugares donde se lleva acabo el proceso entero, desde la crianza de los gusanos hasta el tejido de los rebozos.

El oficio de la seda se ha transformado con el paso del tiempo. Al igual que otras producciones artesanales, diferentes procesos sociales y económicos han  cambiado el papel de la seda en la comunidad y en el mercado global. Hace tres o más generaciones, la seda era una actividad importante, mas no era una fuente de ingreso. La producción de la seda es un proceso muy delicado, uno debe dedicarse por completo y ser terriblemente cuidadoso con los gusanos y su bienestar. En este sentido, las familias que debían estar en el monte o en otros oficios, no tenían siquiera la oportunidad de dedicarle tiempo a la seda; y por lo tanto, era un práctica para las familias de mayor posición social. Además, sólo las mujeres se dedicaban a la sericicultura; hoy en día, los hombres ayudan a la crianza de los gusanos, y algunos inclusive al hilado de la seda.