#colaboradorxs: Me Hai

El taller familiar Me Hai fue fundado por Ismael Pascual Blas quien tiene 26 años, vive en San Ildefonso, Amealco en Querétaro donde trabaja la cerámica. Él nos cuenta que en taller todos los días hay algo que hacer. Cuando encienden el horno tiene que cuidarlo hasta que la cerámica llegue a su cocción, en ocasiones esto sucede hasta la medianoche.

Muchas familias en San Ildefonso se dedican a la alfarería, es un oficio importante pues es sostén económico para muchxs pero también oficio que tiene que ver con el lugar que habitan, de dónde son, su historia. 



“Casi toda mi familia han sido artesanxs, siempre han trabajado con el barro. Desde muy chico empecé a trabajar en ello.”

Desde que nació veía cómo se trabajaba el barro. La alfarería era parte de la cotidianidad de su vida. No sólo en el hacerla, sino parte de su casa, de los elementos con los que se cocinaba. Antes la olla de barro se usaba para mantener el agua fresca, el comal de barro como principal instrumento para cocinar. Las formas van cambiando pero la alfarería mantiene esa memoria, de lo que se elaboraba, de lo que está en la casa, las formas del hacer. Antes mucha gente hacía ollas, que se vendían para su uso en el hogar, después estas dejaron de venderse y lxs artesanxs empezaron a crear otras figuras con el barro, como las calabazas y las alcancías. Ismael nos comenta que hay un vínculo entre el barro y la comunidad, “Nosotrxs somos una comunidad indígena otomí, que tiene sus tradiciones y costumbres, todavía el vestido por ejemplo. Y también la tradición del barro, de esa artesanía. Antes siempre se hacía el comal y la olla de barro que es parte de nuestra cultura.”

En San Ildefonso además del barro, el idioma y el vestido, están las fiestas patronales donde se visibilizan más costumbres y tradiciones. Para esto se dan los cargos, el mole, se hacen intercambios, se come guajolote y pollo. Este es otro momento donde la comunidad se encuentra para celebrar desde las formas que aún se mantienen vivas, y de alguna manera es también lo que se va representando con el trabajo del barro. Así como las fiestas se han ido modificando, incorporando elementos nuevos, también el oficio de la alfarería se ha ido transformando por la demanda. Ahora se está transformando con las nuevas necesidades de la comunidad y de las personas que adquieren las piezas.

Para Ismael la alfarería ha sido un oficio al que le tiene cariño y que siempre ha tenido cerca, es parte de quien es. Sin embargo, nos cuenta que no es fácil ganarse la vida dedicándose a esto. Hay mucha dificultad económica porque la gente muchas veces no está dispuesta a pagar o existen intermediarios que pagan a precios muy bajos y terminan vendiendo más caro en otros mercados. 

Hace un par de años Ismael salió de la comunidad en busca de un mejor ingreso. Estando en la ciudad vivió otras realidades. A partir de esto Ismael decidió regresar y entrarle apostarle todo a la alfarería. “Hice una pequeña inversión como lo que tradicionalmente hacíamos antes, jarrones, soles, diferentes figuras. Como que ya no era tanto la demanda como la que había antes, decidí invertir de nuevo a hacer calabazas de barro y ahí llegaba un cliente mayorista y todo lo que se hacía por semana él llegaba y las compraba, ya tenía un cliente seguro por semana.”

Ismael siempre ha tenido muchísimas ganas de aprender cosa diferentes y mejores para así plasmarlas en las piezas, hacerlas únicas. Después de ver y aprender otras cosas fuera de su comunidad tenía ganas de regresar y poner todo ese aprendizaje en el trabajo que lo ha acompañado siempre, que siente como suyo. Además este trabajo le permite estar cerca de su familia y poder enseñarle su cultura y raíces a sus hijos.

La dificultad más grande es encontrar quienes se lleven el producto con un precio que sea justo con el trabajo, el tiempo y el empeño que está puesto en todas las piezas. Los oficios de artesanxs generalmente son vistos con ojos condescendientes, sin dar cuenta de los saberes que conlleva el trabajo, saber sobre los materiales, las formas, la destreza, la imaginación, creatividad y todo lo que impregna cada pieza de las vidas de quienes lo realizan. Las manos, el corazón, la historia y el cotidiano de quienes ponen ahí su vida. En San Ildefonso no es diferente la situación.

Han llegado programas a esta comunidad para impulsar la alfarería; sin embargo, como muchos de los programas no dan cuenta de la realidad concreta. Nos cuenta Ismael que “llego un programa de gobierno que nos planteó la posibilidad del horno de gas, hicimos papeleo y se logró pero al momento de quemar las calabazas por el costo a lo que nos pagaban no nos salía quemarlas en gas.” La alfarería es parte de la comunidad, es parte de un saber y unos haceres ancestrales que no se reconocen como tales en este tiempo, en este mundo. Vivir de la alfarería es también una resistencia, seguir haciendo lo que se ha aprendido del papá, de la mamá en un mundo donde no se paga lo justo por ese trabajo.

Ismael y su familia han continuado con el trabajo, desde hace 3 años que Ismael decidió entrarle de lleno otra vez al oficio y no han desistido, junto con su pareja Karina y Sergio su hermano han buscado las formas para seguir caminando. “Seguimos con lo mismo, después me entró la espinita de aprender a hacer cosas nuevas y me empecé a informar sobre cerámica, buscar en Internet, en libros.” La cerámica es una técnica de Dolores Hidalgo. Para construir el horno de gas llegaron a San Ildefonso personas de Dolores, ahí vio Ismael que ellos trabajaban la cerámica y quiso aprender junto con su familia a hacer las piezas de cerámica. Contactó con personas de allá y logró que les fueran a capacitar a su comunidad ya que en San Ildefonso nadie realiza cerámica.

Fue un proceso de aprendizaje donde estuvo presente toda la familia, conocieron formas de trabajar  de otros pueblos y los trajeron a su presente, a su tierra, creciendo y expandiendo las formas de hacer y conocer. En este proceso fueron compartiendo y aprendiendo. Existieron momentos en este recorrido que fueron más fáciles y otros más difíciles. 

“Los primeros días nos la pasábamos todxs juntxs haciendo de todo, después cada quien agarró una parte de todo el proceso para no estuviéramos todxs amontonados en una sola área. Y de ahí lo más fácil fue la preparación de la pasta, el pulido, eso no se nos dificultó mucho. Donde sí empezamos a tener un poquito de problema fue en la pintura porque ahí es más calmado, no tiene que ser un proceso tan rápido ahí, entonces poco a poquito, mi hermano Sergio fue el que se quedó ahí de lleno en la pintura, él se empezó a dedicar a perfilar, las líneas, el borde  de la pieza. Mis papás entraron a lo que es el vaciado, mi mamá a lo que es pulir las piezas y yo ya entré en lo de la carga del horno y el desmantelado. Ahora sí que gracias a dios con el esfuerzo que pusimos hemos aprendido en todas las áreas. Nos hemos mantenido haciendo las piezas, estoy aprendiendo, buscando para mejorar las piezas, hacer piezas especiales.”

Ahora la familia sigue trabajando la cerámica, “Todos agarramos una parte del proceso y ya por ejemplo cuando alguien avanza más en una área y alguien más se retrasa ya nos movemos para seguir avanzando.” Entre ellxs caminan y avanzan juntxs. La dificultad más grande nuevamente fue encontrar quienes compraran sus productos, “al principio cada fin de semana salíamos a ofrecer a distintos puntos, a Querétaro, al estado de México, para Tequisquiapan, eso fue lo más difícil encontrar clientes, un mercado fijo.” Están contentxs de haber encontrado clientes, un mercado fijo a quien le gusta el producto, el terminado, el punto del proceso en el que se encuentran. Tienen además un punto de venta fijo en el mercado artesanal de Amealco.

Las ganas de ir aprendiendo y conociendo otras formas les ha llevado a comenzar este viaje donde ha habido mucho crecimiento para todxs, sobre esto nos comparte Ismael, “Para mi mamá y papá que llevaban toda la vida haciendo el barro lo más difícil fue hacer el brinco de hacer lo que tradicionalmente hacíamos a hacer algo nuevo, pero ellxs también estaban muy motividadxs para aprender hacer cosas nuevas. No aferrados a una solo cosa.”

Hacer es plasmar algo propio de los sentimientos pero también del lugar de donde unx viene, la historia, la identidad.  “Lo que más me gusta es plasmar, expresarme en alguna pieza. El estar ahí pintando, dibujando, eso me llama mucho la atención, plasmar lo que uno siente.”

Seguir sorteando la dificultad de encontrar clientes, seguir aprendiendo e innovando es lo que quieren seguir haciendo. Ismael tiene planeado seguir haciendo piezas diferentes, su siguiente proyecto es plasmar figuras otomíes en la cerámica, “para que tengan la identidad del lugar donde hacemos la cerámica, de dónde viene.” Poner las tradiciones y la historia de su comunidad para quien se lo lleve se lleve también eso, el lugar en el se hizo, y un poco de la historia y la cultura de quienes lo hicieron.