#resonancias: Fairphone

Por Daniela de @quebonitoplaneta

 

Podría ser un día normal, quizás estás buscando ajetreadamente las llaves de tu casa en el caótico bolso de mano que llevas, o probablemente vas corriendo por la calle porque se te hizo tarde, el punto es que de alguna manera se te cae el celular y todas sus delicadas piezas vuelan por el aire. Las levantas, las incorporas en el cascarón fracturado que quedó y te das cuenta de que el aparato que compraste hace menos de un año ya no sirve o al menos no como antes, ¿qué haces entonces?

Voy a intentar adivinar tu respuesta: al igual que la mayoría de nosotros, lo darías por perdido; bien porque no quieres batallar con las fallas, bien porque es imposible repararlo, o incluso porque « ya era hora de cambiarlo por uno mejor». De cualquier modo estarías siendo víctima de las trampas de la sociedad de consumo, de las cuales ya hemos hablado bajo el título de «obsolescencia programada» y que hoy me limito a describir como el acto de diseñar los objetos intencionalmente para tener una cortísima vida útil.

Al mismo tiempo, en algún lugar del mundo alejado del escenario anterior, muy probablemente en África, se encuentra un niño de unos 11 años golpeando el celular que alguien más desechó al otro lado del mundo, lo hace para lograr extraer algunas piezas metálicas (que son tan nocivas para él como para el medio ambiente)  con el fin de venderlas y con suerte juntar algo de dinero para comer ese día. A su alrededor hay otros numerosos grupos de niños haciendo lo mismo en el infinito desierto de basura electrónica que cubre kilómetros y kilómetros de un paisaje que solía albergar especies animales y vegetales actualmente desplazadas.

Basura electrónica. Foto: Valentino Bellini

Basura electrónica. Foto: Valentino Bellini

Ahora rebobinemos un poco o mejor un mucho, algo así como al punto en el que este teléfono estaba siendo fabricado: a simple vista solo hay obreros y máquinas manufacturando miles de millones de teléfonos iguales, pero si nos acercamos más, veremos un montón de materia prima transformada cuya procedencia desconocemos y que seguramente esconde varias situaciones ambientales y de derechos humanos de mucho, pero mucho cuidado, como… trabajo infantil.

Trabajo infantil en la industria telefónica. Foto: humanium.org

Trabajo infantil en la industria telefónica. Foto: humanium.org

¿Sabías que el mexicano promedio cambia de teléfono cada 20 meses?; ¿o que tan solo en México se generan 1 032 millones de toneladas de basura electrónica cada año?; ¿y  que alrededor de 40 000 menores trabajan en las minas de cobalto de la República Democrática del Congo,  donde se extrae más de la mitad de este material a nivel mundial para la generación de nuestros tan amados celulares? Para rematar estas cifras, quiero contarte que ya el año anterior se hablaba de 3,7 millones de teléfonos inteligentes vendidos al día en el mundo, un número que seguramente no se ha demorado en aumentar.

Si bien estos datos nos ponen la piel de gallina, también es cierto que es difícil encontrar una alternativa para contrarrestarlos y en vista de esta situación, hoy queremos hablarte de Fairphone.

Fairphone

Fairphone

Se trata de una iniciativa que pretende transformar el mundo de la telefonía móvil desde un punto de vista social y ambiental a través de cuatro características principales que se dedican a combatir estas problemáticas:

  1. Diseño de larga duración. Un diseño de larga duración no es solo el trato justo que merece el comprador, sino que además beneficia al medio ambiente al generar menos residuos. El diseño original de Fairphone no tiene como objetivo fallar, pero está bien preparado para esta posibilidad, pues se trata de un modelo modular ideado para realizar reparaciones fáciles y rápidas: cada uno de sus módulos («desde la batería hasta el conector de audio») son reemplazables y al igual que el teléfono, pueden adquirirse de manera individual en cuanto sea necesario. Asimismo, este teléfono promete mantener un funcionamiento óptimo a través de actualizaciones.
  2. Materiales de procedencia justa. Si bien las mina de cobalto no son las únicas que emplean menores para laborar, tampoco es este el único mineral que se debe extraer para la creación de los teléfonos móviles modernos; la industria del oro, por ejemplo, es otro caso relacionado tanto con la producción de celulares, como con el trabajo infantil y en general, las condiciones laborales a las que se exponen estos trabajadores ─menores o no─ suelen ser extremadamente riesgosas para ellos y el medio ambiente, pues la actividad minera es una de las más contaminantes y tóxicas en el mundo. Por todo esto, Fairphone se ha propuesto trabajar mediante The Dragonfly Initiative para estudiar los distintos materiales que comúnmente se emplean en los teléfonos celulares y explorar su potencial para general un impacto positivo. Este impacto se procura al rastrear cuidadosamente el origen de cada material y establecer relaciones de negocios en zonas de conflicto, donde se fijan cadenas de suministro de minería justa y responsable, que por medio de la transparencia y trazabilidad permiten vigilar de cerca las prácticas y lineamientos sociales y ambientales que se aplican. Finalmente, aunque aún se está explorando la incorporación de más materiales reciclados en el diseño de este dispositivo, ¡el Fairphone 2 ya contiene plástico, cobre y tungsteno reciclados!
  3. Buenas condiciones laborales. Fairphone se ha aliado con diversos socios de producción, expertos en derechos humanos, ONG e investigadores con la finalidad de desarrollar programas innovadores para aumentar la satisfacción de los trabajadores y mejorar la representación que reciben sus denuncias, estos programas son el resultado de constantes evaluaciones (cuyos reportes puedes consultar en la página oficial) que revelan las principales problemáticas con las que lidian. Para complementar esto, Fairphone forma parte de la red de producción de electrónica limpia (CEPN, por sus siglas en inglés), la cual tiene como objetivo eliminar la exposición a sustancias químicas peligrosas que sufren los trabajadores de esta industria.
  4. Reutilización y reciclaje. Este es quizás el aspecto menos explícito, pues aunque Fairphone lo considera uno de sus pilares, no ha dedicado tanto esmero en narrarnos sus proyectos al respecto. Sin embargo podríamos considerar que se refiere principalmente a la tarea aún en proceso de seguir incluyendo materiales recuperados.
Fairphone

Fairphone

Indiscutiblemente estamos ante una propuesta interesante que se enfoca en empoderar al consumidor responsable por medio de la información y la transparencia, y aunque aún se encuentra en el camino para lograrlo, ya ha dado el primer paso para luchar contra el lado oscuro de la telefonía móvil. Mientras tanto, a los consumidores nos queda reflexionar el impacto de nuestras compras y ¿por qué no?, explorar estas nuevas y más justas alternativas.

Qué bonito planeta es un blog dedicado a un estilo de vida sostenible y consciente, donde pongo a tu disposición todos los recursos que me ha dado la experiencia para vivir en paz con la naturaleza. En él siempre podrás encontrar recetas, consejos prácticos, notas informativas, productos y proyectos que me inspiran y todo lo que se me pueda ocurrir para motivarte y ayudarte a vivir de forma más responsable con nuestro entorno; y como es un espacio destinado a compartir, ¡siempre serás bienvenid@ a dialogar y usar esta plataforma para enriquecer a la comunidad que Qué bonito planeta ha unido!

#lugares: San Juan Dehedo, Amealco

Por: Rosa

Entre el bosque, caldera y aguas San Juan Dehedó, una de las poblaciones más antiguas de Querétaro, mantiene parte de la memoria milenaria del pueblo ñañho. Localizada al suroeste de la cabecera municipal, Amealco de Bonfil, que se encuentra en la parte sur del estado de Querétaro. A 2654 metros de altura, un ambiente templado húmedo con lluvias abundantes es el hogar de  de 1166 habitantes. Del total de la población, el 10,38% proviene de fuera de el Estado de Querétaro. El 1,97% de la población es indígena, y el 0,69% de los habitantes habla una lengua indígena.

El municipio de Amealco tiene una población de 62.197 en 682 kilómetros cuadrados, lo cual representa el 5.8% del territorio total de Querétaro. Sus principales actividades económicas son la agroindustria, la ganadería y el turismo. Amealco tiene un relieve montañoso con paisajes envueltos por encinos, madroños y pinos. Su tierra es rica y fértil, donde la agricultura se da muy bien, y es de gran importancia tanto para el autoconsumo como para la venta. Se cultiva mucho maíz, haba, trigo, cebada y avena forrajera; manzana, ciruelas, pera y duraznos. Sin embargo, esto no alcanza para sostener las economías de las familias.

Buscando información nos dimos cuenta que existe muy poca sobre San Juan Dehedó y Amealco. Este vacío nos hace pensar en los silencios que dicen mucho. Amealco es el municipio donde vive el 80% de la población indígena del estado de Querétaro. En el municipio existen 34 comunidades de origen Ñañhú. Según el informe sobre la situación de pobreza de la SEDESOL en el 2010 el 33% de la población tenía carencia de acceso a la alimentación, 24,027 personas. La carencia por acceso a la seguridad social llegaba a un 90%, 65,541 personas sin atención médica. El grado promedio de escolaridad de la población de 15 años o más era de 5.9 frente al grado promedio de escolaridad de 8.9 en la entidad. En San Juan Dehedó de una población total de 1166 personas, 470 jóvenes de 15 años o más tenían la escolaridad básica incompleta en el 2010, 398 personas se encontraban sin derecho a salud, 34 viviendas sin agua entubada y 30 sin luz eléctrica.

Tratar de echar una mirada hacia atrás también resulta complejo por los silencios que rodean la historia de los pueblos hñähñu pero también por los muy particulares vacíos que encontramos sobre Amealco en general y Dehedo en particular. Nos queda un ejercicio de armar pequeñas piezas para lanzar mínimas intuiciones. Parece que entre los retazos y mitos encontramos que lo que ahora conocemos como Querétaro estaba poblado por hñahñus, chichimecas y purépechas. Don Fernando de Tapia, Conin, despojó de estas tierras a los pobladores para, del lado de los españoles fundar la ciudad de Santiago de Querétaro y otros municipios del estado. Aunque la versión más difundida es que la población hñahñu llegó de la mano de Conin después de la colonización.

Los franciscanos tuvieron una gran influencia religiosa en la zona. Lo cual aún se asoma en el sincretismo que puede observarse en las celebraciones y prácticas cotidianas de quienes hoy habitan Amealco y San Juan Dehedo. En San Juan Dehedo las celebraciones son de gran importancia pues actualizan la memoria desde la comunidad. Durante muchos años la importancia religiosa de esta región fue grandísima. Las celebraciones continúan siendo una parte importante de la vida de las personas de San Juan, son dedicadas a sus santos protectores, donde se pueden ver formas de organización heredadas de los españoles, pero también la fuerte carga de organización comunitaria de su pasado prehispánico. Las festividades más arraigadas son aquellas de los ciclos de la naturaleza, así como los “misterios salvíficos de Jesucristo”. Un ejemplo es la celebración de la Candelaria el 2 de febrero donde se presenta al niño dios y al mismo tiempo los agricultores llevan a bendecir las semillas que se van a utilizar durante todo el año.  En Semana Santa vemos procesión de cristos y petición para un buen temporal y cosecha.

Sin embargo, las celebraciones más grandes son las dedicadas a San Juan Bautista (Patrono de la localidad, presente en el nombre de la misma) y a la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Danzas ancestrales, la de los ancianitos, música de viento, procesiones, peregrinaciones, fuegos pirotécnicos y abundante comida llenan las calles y los días durante estas festividades. A pesar de que la fiesta de la Preciosa Sangre de Cristo en Dehedó no tiene más de 60 años el imaginario que se renueva en estas fiestas tienen un arraigo ancestral.

La vida en este territorio va renovando y reactivando la memoria a partir de danzas, música, formas de hacer, vivir y compartir el mundo. Lucha que tiene que seguirse librando, la cual se puede observar también en los productos que se elaboran en esta región como las hermosas decoraciones de vasijas y otros utensilios de cerámica, así como el bordado y las ropas tradicionales. Ante esto último la producción en cadena y de bajo costo que el capital impone se hace camino para borrar historias, manos y saberes, así homogeneizar, explotar y exportar. La textilera Kaltex es prueba de ello. Maquila que se asentó en Dehedó y tiene una fuerza de trabajo de mujeres en un 80% transfigurando el panorama laboral, familiar y territorial.  Fue inaugurada hace 21 años dentro de un ayuntamiento que cuenta con 34 pueblos de origen otomí. No es casual la ubicación de esta maquila y que los cuerpos que ahí trabajan son en su mayoría de mujeres racializadas. Estas formas de explotación ante una situación de una localidad empobrecida son lo más común. Ante esto recuperar el hacer propio y la autonomía resultan imperantes.

En un municipio y población donde se palpa la importancia de la tierra y el agua, Amealco (lugar donde brota el agua) y Dehedó (agua en la piedra), la memoria sigue brotando de las rocas como agua de río, las personas siguen habitando el territorio desde la memoria y resistencia con su lengua, formas y modos contra la homogeneización y el olvido.

#quiénessomos: moral, cuerpos y belleza

Por: Rosa

La idea de belleza envuelve el entorno, configura formas de vida. La belleza no es una idea aislada, configura y es configurada por una sociedad, un tiempo, un espacio, unos cuerpos. Más allá de las muy acertadas afrontas que el feminismo ha hecho del concepto de belleza: tiempo que invertimos en nuestro aspecto, la falta de autoestima por nunca estar en el ideal de belleza, los tratamientos, el consumo de productos de belleza, la ropa, la talla, la dieta, la moda, los tacones, los pelos, y un largo etcétera… la belleza es además portadora de todo un régimen de control y jerarquización de los cuerpos, es una manera de encarnar valores y relaciones sociales desde ideales patriarcales, coloniales y capitalistas.

La belleza se ha asociado y se ha convertido en el signo visible de lo bueno. Está ligada a la moral. La belleza es la moral encarnada. Por ahí se escucha en las calles, en las escuelas, en las calles… no hagas eso, es feo (no malo, feo); ay es bien fea ella (no mala, fea… como sinónimo). Se constituye lo bello como bueno. Un vistazo a ideas de ética y moral “La belleza, en efecto, puede encontrarse en sentido analógico en los asuntos morales, es decir en las acciones humanas. Una acción humana es bella cuando manifiesta el resplandor de lo inteligible en lo sensible, o sea el orden de la razón en los impulsos pasionales.”

La belleza, la razón y la moral se entremezclan, consecuencia y causa. El cuerpo, lo sucio, lo salvaje, los impulsos pasionales carnales, lo que no es blanco, se entienden como lo feo. Lo bello es la razón, la moral, lo objetivo, lo bueno y puro, lo blanco, lo masculino. Mosse argumenta que la belleza masculina simboliza “la postura moral adecuada”. Entre más nos alejemos de esa belleza masculina hegemónica más nos alejamos también de “la postura moral adecuada” y esa distancia se juzga con tan sólo mirar un cuerpo. En este caso el aspecto físico, simboliza el comportamiento y la moral y justifica dar muerte a los cuerpos considerados “deformes”. Existen muchas representaciones que crean y son parte de las narrativas donde la moral y la razón están intrínsecamente ligadas con el ideal y la idea de belleza occidental.

Un ejemplo muy claro son las películas de Disney, donde la buena es siempre representada como bella (con los estereotipos de belleza de la época) y la mala es siempre la bruja-fea (en el caso de la bella durmiente), la gorda-fea (en el caso de la sirenita), siempre representando los estereotipos de lo que la sociedad ha clasificado como feo, monstruoso, desagradable. La belleza se define desde los centros del poder haciéndolo pasar como una cuestión objetiva que emana del objeto y que hay quienes, hombres euro-blancos (siempre hombres), tienen el refinamiento y la sensibilidad para poder apreciar esa belleza. No todas somos tan refinadas y cultivadas, no todas entendemos las cosas de la estética y de la moral. Se hincha este ideal de belleza con discursos, críticas, desde el arte, desde la literatura, la moda, el conocimiento, la ética, las creencias religiosas y más discursos que aportan al sostenimiento de una realidad material concreta. Y esas personas que tienen el don de la objetividad por ser cuerpos blancos y puros, crean un cuerpo que sostiene el ideal de belleza, se define desde el hombre ideal hegemónico (hombre, europeo, blanco, joven, saludable, fuerte, productivo, delgado) cuyo cuerpo es también la ropa que usa, sus costumbres y prácticas, formas de hablar, de pedir las cosas, de moverse en el mundo, todos sus accesorios: su casa, su carro, su teléfono, su computadora, sus zapatos -siempre usa zapatos, menos en la playa, ahí quizás podríamos ver sus pies, ahí quizás estos pies tocan la tierra, el suelo, en este caso la arena del mar privatizado por un hotel transnacional.

Lo que es “diferente” a este cuerpo, es inmediatamente entendido como feo y, por lo tanto como malo, moralmente inferior. Los europeos sostenían que la supuesta “fealdad” de los africanos evidenciaba su degradación moral y, por lo tanto, justificaba su idoneidad para ser esclavizados. El cuerpo de las mujeres racializadas, feo por ser cuerpos en disidencia a este cuerpo hegemónico, es evidencia de su falta de moral, de su primitivismo, de su salvajismo, de lo grotesco y peligroso, de aquello que hay que domar y poseer.  Los abusos sexuales se justificaban y se siguen justificando como una consecuencia natural de las propias características de las mujeres en general y de manera más cruenta de algunas mujeres en particular.

De esto pocas veces hablamos. El mundo de la belleza y la estética son también consecuencia de la opresión racial-colonial de un mundo en compartimentos, jerarquizado, un mundo de muerte y explotación.

Lucrecia Masson comparte en una entrevista, “cuando digo gorda en descolonización, busco dar cuenta de un proceso y de toda una construcción que hay sobre el cuerpo, que se ha hecho desde esas lógicas binómicas que parten de una matriz de pensamiento que es blanca, moderna y occidental.”

Así, las personas negras, indígenas, gordas no más así de verlas se sabe su “condición moral”, se deduce que son, así a simple vista, sin lugar a dudas flojas, improducitivas, traicioneras, pasionales y faltas de razón, menos humanas incluso.

¿En serio creemos que con sólo echar un vistazo a un cuerpo podemos saber todo sobre su estado interior de salud y su historial de hábitos de vida? Pregunta una compañera feminista. Oyewumi comenta que “la razón por la que el cuerpo ha sido tan relevante en Occidente es que el mundo se percibe ante todo por la vista. La diferenciación de los cuerpos humanos en términos de sexo, color de piel y tamaño craneal atestiguan los poderes atribuidos al “vidente”. “La contemplación invita a diferenciar.” Los cuerpos que no siguen los ideales corporales son convertidos en cuerpos indeseables, cuerpos que no encajan en el sistema, que incluso lo ponen en riesgo. Por lo que se buscan desechar, ocultar, tratar de cambiar, patologizar o dañar para que dejen de existir.

Esta patologización o sanción no se trata únicamente de un castigo ejemplar, sino de formas de sometimiento y control sobre los cuerpos y a su vez de la legitimización de las injusticias de la supremacía blanca europa. Y por tanto los maltratos, abusos y explotación de dichos cuerpos, sobre los que se sostiene este sistema de muerte, se ven naturalizados.  

El modo normativo de entender el cuerpo se convierte en instrumento para la justificación y la construcción de cuerpos desechables, de la basurización de vidas, de la bestialización que se plantean como puntos para la normalización de las peores crueldades e injusticias sin las que el capitalismo y proyecto de desarrollo-modernizador colonial no podría existir.

La mujer como categoría social de diferenciación inscrita en el cuerpo, es construida como inherentemente insuficiente con una serie de mandatos sociales que dicen lo que las demás personas quieren, esperan y desean de ese cuerpo y es tarea de esos cuerpos cumplir esas expectativas para no ser sancionadas, estigmatizadas.

La mujer es ese cuerpo siempre en proceso de ser otra cosa, siempre cuerpo insuficiente, siempre un error a corregirse. Es aquí donde las categorías binarias del género se explican mejor pensando aquellos binomoios que Emma Chirix denuncia. Las nociones de modernidad/anticuada, civilización/salvaje, bella/fea, no están aisladas del binomio hombre/mujer. Hay que pensar esos cruces, y cómo se van construyendo para levantar los pilares que sostienen todo el entramado de opresiones. Cómo el cuerpo se convierte en otredad, cómo las mujeres se convierten en cuerpos, cómo lxs colonizadxs se entienden sólo como cuerpos (llegando a generarse incluso discusiones entre los colonos sobre sí lxs indígenas tenían o no alma) y cómo dentro de esos cuerpos visibles: personas racializadas, empobrecidas, cuerpos no normativos, mujeres, lesbianas, trans, cuir; existe una jerarquización que responde a lo que en cada uno de esos cuerpos se ha inscrito desde los centros de poder que no tienen cuerpo, como materia inerte, alma y pensamiento, el cuerpo hegemónico normalizado está siempre presente pero no tienen un cuerpo manchado por la carne.

Como dice Oyewumi, la jerarquía y las diferencias fueron consagradas en los cuerpos y los cuerpos consagran las diferencias y la jerarquía. Ya que el cuerpo es la piedra angular en que se funda el orden social siempre se mantiene a la vista y en la vista. Los cuerpos entonces, a raíz de la diferenciación ocupan un lugar concreto en el orden social, y se les vigila para que no salgan de éste. Esta vigilancia después se convierte en autovigilancia. Parte del lugar que ocupa la mujer determina sus prácticas, entre ellas el tiempo considerable que dedica buscando la belleza de su cuerpo-objeto siempre a perfeccionar. Estas son en realidad prácticas de higienización y homogenización de los cuerpos de la mujer, prácticas que sometan a la inocuidad, arrebatan el potencial de resistencia y lucha higienizándolas mediante un aspecto blanco-hegemónico que representa un estilo de vida. Esos cuerpos blancos-bellos-buenos siempre se representan en un contexto indicador y pedagógico sobre qué vida vive ese cuerpo, que vidas son las correctas, aquellas a las que debemos de aspirar. Desde cómo está vestida, ropa que encaja en los contextos. Su aspecto, incluyendo lo que trae puesto y todos sus accesorios caben en un modelo de vida higienizado, blanqueado completamente para encajar en una sociedad moderna industrial globalizada, donde las cadenas globales de explotación requieren que ciertas mujeres no se puedan ensuciar las manos mientras que otras, por su cuerpo, la ropa y accesorios que portan les permita encajar en otro contexto, donde limpian los escusados de aquellos cuerpos y entornos higienizados y blanqueados.

Lo perverso, además, está en el hecho de que lo que se nos vende, y cada vez más, es que todos los cuerpos, si tenemos la ropa y los accesorios adecuados, el estilo de vida adecuado, nos blanqueamos e higienizamos lo suficiente podremos estar en ese contexto, tener esa vida, ocupar ese lugar en el orden social. De la misma manera en la que si los países (llamados) subdesarrollados nos esforzamos y trabajamos lo suficiente llegaremos a tener vidas de “primer mundo”. Horrible falacia que nos hace pensar que caminar hacia lo que se considera desarrollo tiene sentido y nos enreda en la trampa de esforzarnos, usando nuestro tiempo y recursos, para tratar de llegar a un lugar inalcanzable, perjudicial y perverso que enaltece la muerte en lugar de la vida. De este modo la fuerza revolucionaria y de cambio que portan estos cuerpos otros es completamente neutralizada.

Siguiendo a Tasa-Vinyals, E., la belleza está puesta al servicio de distintas formas de opresión:
(1) opresión patriarcal o de género: se define lo bello y lo femenino según el gusto y deseo masculino, siempre en una posición inferiorizada y políticamente inhabilitada.
(2) opresión burguesa o de clase: lo bello es en gran medida una representación del gusto y los patrones de consumo de las clases altas y un rechazo de todo lo interpretable como popular.
(3) opresión colonialista, basada en patrones de belleza eurocéntricos que rechazan las particularidades estéticas y corporales negras, indígenas, amarillas y mestizas.

Así, la belleza es parte de lo que sostiene y justifica el sistema de opresiones, está interiorizada y se mantiene por cada unx de nosotrxs. Ya no se requiere un régimen que controle todos los aspectos de nuestra vida, ya lo hacemos nosotrxs. Algo así como un “dispositivo de corporalidad” (concepto de Flavia Costa y Pablo Rodríguez) en el que los conocimientos, instituciones, leyes, discursos, modas, publicidad, arte, y las formas de relacionarnos configuran un normal corporal al que hay que ajustarnos y que se inscribe en el cuerpo con un conjunto de ideales, prácticas, saberes que sirven para controlar y administrar dichos cuerpos. Este dispositivo corporal perpetúa un orden social con unos valores, unas creencias y unas prácticas determinadas que benefician a un pequeños grupo de la sociedad.

Esta autovigilancia del cuerpo garantiza la adhesión a este sistema de creencias y rechaza los deseos y el propio cuerpo, es la guardiana de la pureza moral, es la seña de respetabilidad. Es el indicativo de que aunque no tengas, aún, ese cuerpo normal tienes la razón y moral en el lugar correcto porque quieres tener ese cuerpo y haces lo posible por conseguirlo, estás en búsqueda de la belleza, de la moral, de lo bueno. Comprar ropa, accesorios, imitar comportamientos, querer aclararnos la piel, el pelo, alaciarlo, adelgazar, son parte de las conductas que marcan ideologías, creencias, prácticas y condiciones materiales cotidianas de este sistema.

Si el autocontrol no es suficiente, la sociedad, la ciudadanía, no duda ni un momento en sancionar, opinar, poner en su lugar a los cuerpos que salen de la norma. La policía corporal, somos todxs diciéndole a la amiga que subió de peso que cuide su salud, a la hija que se arregle, al que nos cruzamos por la calle que se bañe, y un largo etc. Esta vigilancia a nuestro cuerpo y el de lxs demás tiene implicaciones en la dominación y opresión en general. La domesticación y regulación de los cuerpos está para someterlos a la estructura hegemónica. Hacemos eco nuevamente de Oyewumi, “no puede exagerarse el impacto que ha tenido el cuerpo en la construcción de las categorías sociopolíticas y epistemológicas.” El cuerpo de la mujer se disputa para encarnar y reproducir los significados y estructuras de la normatividad patriarcal, colonial y capitalista.

No hay que perder de vista, como dice Tasa Vinyales, la importancia que tiene la violencia simbólica estética en el mantenimiento del orden sociopolítico heteropatriarcal. La configuración de mensajes y prácticas socio políticas a través de la instauración de control en la relación con el propio cuerpo y con el cuerpo de otrxs.

Nos queda mucho que pensar y desaprender, muchas disidencias por encarnar. El camino que se ha recorrido desde el feminismo gordo nos arroja mucha luz, sus palabras desbordan, amplían y revienten los moldes corporales estériles e higienizados, “contra la domesticación de cuerpos e identidades, contra la disciplina higienista, contra los supuestos del placer, la rebelión del desborde está en marcha multiplicando las voces y las imágenes que demandan no sólo derechos, sino goces”. Desandar la belleza para corporalizar otro mundo, otras relaciones, discursos, saberes y haceres. Hacer cuerpo desde abajo.