#traducciones: Ayuda en reversa: cómo los países pobres desarrollan países ricos

El artículo “Aid in reverse: how poor countries develop rich countries” fue escrito originalmente en inglés por Jason Hickel y publicado por The Guardian el 14 de junio del 2017. Fue traducido por el equipo de #recrear, puedes leer la versión original aquí.
Traducción: Casandra

Nuevas investigaciones muestran que los países en vías de desarrollo* mandan trillones de dólares más a los países desarrollados* que al revés.

Durante mucho tiempo nos han contado una historia convincente sobre las relaciones entre países ricos y países pobres. La historia sostiene que las naciones ricas de la OECD dan generosamente de su riqueza a las naciones más pobres del sur global, para ayudarlas a erradicar la pobreza y empujarlas por la escalera del desarrollo. Sí, durante el colonialismo potencias occidentales se podrán haber enriquecido a sí mismas por medio de la extracción de los recursos y la mano de obra esclava de sus colonias – pero eso ha quedado en el pasado. Actualmente, ellos dan más de $125 mil millones de dólares  en apoyo cada año-  una evidencia sólida de su benévola buena voluntad.  

Esta historia está tan extensamente propagada por la industria de la ayuda humanitaria y por los gobiernos de países ricos, que nosotros la hemos dado por sentado. Pero no es tan simple como parece.

El Global Financial Integrity (GFI) y el Centro para Investigación Aplicada en la Escuela de Economía de Noruega  publicaron recientemente algunos datos fascinantes. En el estudio se contaron todos los recursos financieros que son transferidos entre países ricos y países pobres cada año; no sólo apoyos, inversiones extranjeras y  flujos mercantiles (como estudios previos lo han hecho) sino también transferencias no financieras, tales como cancelación de deudas, transferencias no requeridas como remesas de trabajadores, y flujos de capital no registrado (a detalle más adelante). Hasta donde entiendo, esta es la mayor evaluación de transferencia de recursos  emprendida.

Lo que descubrieron es que el flujo de dinero de países ricos a países pobres es menor en comparación al flujo que corre en la otra dirección.

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Un reporte sobre el flujo de capital global, ha encontrado que la falsificación comercial y los paraísos fiscales implican que los donantes del mundo son más bien recibidores. Foto por C Villemain/AFP/Getty Images (vía The Guardian)

En 2012, el último año de datos registrados, los países en desarrollo recibieron un total de $1.3 billones de dólares; incluyendo todos los apoyos, inversión, e ingresos desde el extranjero. Pero el mismo año, $3.3 billones de dólares salieron de ellos. En otras palabras, países en desarrollo enviaron $2 billones de dólares más al resto del mundo de lo que ellos recibieron. Si revisamos todos los años desde 1980, el derrame total suma la extraorbitante cantidad de $16.3 billones de dólares – esa es la cantidad de dinero que ha sido drenada fuera del sur global en las últimas décadas. Para tener una idea de la escala de esto, $16.3 billones de doláres son fácilmente el PIB de los Estados Unidos.

Lo que esto significa es que la narrativa usual de desarrollo está invertida. La ayuda fluye efectivamente a la inversa. Los países ricos no están desarrollando países pobres; los países pobres están desarrollando países ricos.

¿En qué consisten estos grandes flujos de salida? Bueno, algunos de ellos son pagos de deudas. Los países en desarrollo han generado más de $4.2 billones de dólares, tan sólo en pagos de interés desde 1980 – una transferencia directa a grandes bancos en Nueva York y Londres, que empequeñece la ayuda que ellos reciben durante el mismo periodo. Otro gran factor que contribuye es el ingreso que extranjeros realizan en sus propias inversiones en países en desarrollo y luego repatrian a sus países de origen. Piense en todas las ganancias que BP extrae de las reservas de petróleo de Nigeria, por ejemplo, o que los Anglo-Americanos retiran de las minas de oro de Sudáfrica.

Pero la mayor parte del flujo de salida tiene que ver con el flujo de capital no registrado y usualmente ilícito. GFI calcula que los países en desarrollo han perdido un total de $13.4 billones de dólares a través de la fuga de capital no registrado desde 1980.

Gran parte de esta fuga de capital no registrado, toma lugar a través del sistema de comercio internacional. Básicamente, las corporaciones- extranjeras y nacionales por igual- reportan precios falsos en las facturas de sus comercios con la finalidad de trasladar dinero de los países en desarrollo  directamente a paraísos fiscales y jurisdicciones clandestinas, una práctica conocida como trade misinvoicing (falsificación comercial). Usualmente la meta es evadir impuestos, pero algunas veces esta práctica es usada para lavar dinero o  burlar los controles de capital. En 2012,  países en desarrollo perdieron $700 mil millones de dólares por medio de facturaciones falsas, las cuales sobrepasaron la ayuda recibida por un factor de cinco.

Compañías multinacionales también roban dinero de países en desarrollo a través de la falsificación de la misma facturación, cambiando ilegalmente ganancias entre sus propios subsidiarios al falsificar los precios de facturación en el mercado desde ambas partes. Por ejemplo, un subsidiario en Nigeria podría eludir impuestos locales por medio del intercambio de dinero a un subsidiario relacionado en las Islas Vírgenes Británicas, donde la tasa de impuestos es efectivamente cero y donde los fondos robados no pueden ser rastreados.

GFI no incluye la falsificación de la misma facturación en las cifras de sus encabezados porque es muy difícil de detectar. Sin embargo, ellos estiman que los montos suman otros $700 mil millones de dólares por año. Y estas figuras sólo cubren robos por comercio de bienes. Si añadimos robos por comercio en servicios a la mezcla, refleja un total neto de recursos perdidos de alrededor $3 billones de dólares por año.

Esto es 24 veces más que el presupuesto destinado al apoyo. En otras palabras, por cada dólar de ayuda que reciben países en desarrollo, ellos devuelven $24 dólares en pérdidas netas. Estas pérdidas despojan a países en vías de desarrollo de una fuente importante de ingresos y financiamiento para el desarrollo. En su reporte, el GFI encuentra que el gran aumento en las pérdidas netas han sido causa del declive en tasas de crecimiento económico en países en desarrollo, y son directamente responsables de la caída de los estándares de vida.

¿A quién podemos culpar de este desastre? El flujo de capital ilegal es la mayor parte del problema, así que puede ser un buen punto de partida. Las compañías que mienten sobre sus facturas comerciales son claramente culpables; pero ¿por qué es tan fácil para ellos  salirse con la suya? En el pasado, oficiales podían detener las transacciones que parecieran dudosas, haciendo casi imposible para cualquiera engañar. Pero la Organización Mundial del Comercio declaró que esto hizo el comercio ineficiente, y desde 1994 los agentes aduanales han sido obligados a aceptar precios facturados en su valor nominal, excepto en muy sospechosas circunstancias, haciendo difícil para ellos captar  salidas ilícitas.

Aun así, el flujo ilegal de capital no podría ser posible sin los paraísos fiscales. Y cuando nos referimos a paraísos fiscales, los culpables no son difíciles de identificar: hay más de 60 en el mundo, y la vasta mayoría de ellos se encuentran controlados por un puñado de países occidentales. Hay paraísos fiscales europeos como Luxemburgo y Bélgica, y paraísos fiscales estadounidenses como Delaware y Manhattan. Pero por mucho, la red de paraísos fiscales más grande del mundo está concentrada alrededor de la ciudad de Londres,  la cual controla jurisdicciones secretas a través de las Dependencias de la Corona Británica y territorios Extranjeros.

En otras palabras, algunos de los países a los que les encanta presumir descaradamente sus contribuciones de apoyos extranjeros, son los primeros que permiten el robo masivo a países en desarrollo.

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Protesta contra los paraísos fiscales en Londres en el 2016, organizada por Oxfam, ActionAid y Christian Aid. Foto por CarlCourt/Getty Images (vía The Guardian)

La narrativa de la ayuda internacional comienza a parecer un poco ingenua cuando tomamos en cuenta estos flujos en reversa. Queda claro que el altruismo de los países ricos no hace más que enmascarar la mala distribución de los recursos alrededor del mundo. Hace que los que toman parezcan ser los que dan, concediéndoles una especie de plataforma moral mientras previene que aquellos de nosotros a los que nos importa la pobreza mundial entendamos cómo funciona realmente el sistema.

Los países pobres no necesitan caridad. Necesitan justicia. Y la justicia no es difícil de emitir. Podríamos borrar el exceso de deudas de los países pobres, liberándolos para gastar su dinero en desarrollo en lugar de pagos de intereses de viejas deudas; podríamos cerrar las jurisdicciones secretas, hacer caer sanciones en banqueros y  contadores que facilitan las fugas ilícitas; y podríamos imponer un impuesto mínimo global en ingresos corporativos para eliminar el incentivo de las corporaciones para mover su dinero secretamente alrededor del mundo.

Sabemos cómo resolver el problema. Pero hacerlo iría en contra de los intereses de bancos y corporaciones poderosas que extraen beneficios materiales significantes del sistema ya existente. La pregunta es ¿tenemos el valor?


*Nota:
El término de “países en desarrollo” y “países desarrollados”, nos parece una representación poscolonial problemática con la que no estamos de acuerdo. Sin embargo, en el texto original se escribe sin comillas o cursivas, y lo mantuvimos así para respetarlo.
Los textos en “negrita” son parte de la edición de Recrear y no del texto original.

 

 

 

#colaboradorxs: Alfredo Morales

Alfredo es originario de San Ildefonso, Amealco, Querétaro. Se dedica al oficio de alfarería desde que tenía 11 años. Aprendió a manejar el barro con su papá, en el taller donde continúa trabajando. Recuerda que por las tardes al salir de la primaria, se dirigía al taller y le ayudaba a su papá. Toda su familia se dedica a la alfarería, desde sus abuelos hasta sus hermanos y algunos sobrinos.

Alfredo tiene dos hijos, una niña de 11 años y un niño de 3 años. Nos cuenta que al igual que él, sus hijos, comienzan a ayudarlo en pequeñas cosas en el taller. A su hija lo que más le gusta es ayudar a la decoración de las piezas,  nos cuenta Alfredo: “ella lo ve como un juego, y le gusta”. Trabajar en un taller familiar le permite a Alfredo enseñarle a sus hijos el oficio de la alfarería; así como su padre le enseñó a él cuando era niño.

Los abuelos de Alfredo sólo elaboraban ollas grandes de color rojo, pero con el paso del tiempo la familia ha incorporado nuevas figuras. Se han adaptado a las necesidades del mercado y de la producción actual y hoy en día también comercializan alcancías en forma de puerquitos, cántaros, jarros y vasos.

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Alcancía de puerco grande y chico elaborados por la familia Morales

El taller de la familia Morales se encuentra abierto todos los días del año desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde en las afueras de San Ildefonso, Amealco en el estado de Querétaro. Una de las dificultades que enfrentan, similar en otros oficios artesanales en México, es la poca remuneración que reciben por su trabajo. Gran parte de sus ventas son a distribuidores mayoristas que compran los productos de Alfredo a precios muy bajos para después venderlos más caros en otros lugares. El ingreso que reciben Alfredo y su familia, no equivale al trabajo que se necesita para hacer cada una de las piezas.

Los artículos de barro requieren días de elaboración; la preparación de la mezcla lleva varios pasos: el barro se hace polvo, se mezcla y antes de hornearse se debe dejar asentar por cuatro o cinco días. Después, las piezas se quedan dentro del horno por más de un día,  y posteriormente se decoran. Este largo proceso no suele reconocerse a la hora del pago, y dificulta la estabilidad del taller. En ocasiones, Alfredo no tiene el ingreso suficiente para comprar la leña para el horno y mantener su producción.

Cántaro de barro

La laboriosa producción alfarera implica un trabajo de tiempo completo en el taller. Salir a vender los productos requiere más disponibilidad de tiempo y recursos. Alfredo recuerda una ocasión en la que acompañó a su hermano a vender productos a Saltillo, pero no vendieron ninguna pieza. Para artesanos como Alfredo y su familia, es difícil vender fuera de su taller debido a esta vulnerabilidad entre la inversión en el viaje, la falta de producción -por salir del taller- y el bajo (o nulo) ingreso por las ventas. Debido a estas limitantes, y otras dificultades que se encuentran en el camino, los talleres familiares recurren a los intermediarios que revenden sus productos; a pesar de recibir pagos muy bajos por su labor.

Alfredo nos cuenta que lo que le motiva son las ganas de seguir adelante; de continuar con un oficio que disfruta y que forma parte del conocimiento familiar. En su colaboración con Recrear, espera ampliar su distribución sin tener que sacrificar la producción en el taller, o sin tener que invertir mucho dinero y tiempo para viajar. En Recrear trabajamos para que productores como Alfredo puedan tener una remuneración justa de acuerdo a sus espacios, tiempos y recursos de producción.  

Lámpara de barro