#glosario: Greenwashing

Los últimos años hemos visto un creciente interés en torno a temas de sustentabilidad y ecología. Esta preocupación se ha enfocado en las elecciones de compra y así, las empresas han adoptado medidas y publicidad que muestran su compromiso con el medio ambiente, ya sea con campañas de reciclaje o con líneas eco. El objetivo no es una real disminución del impacto ecológico que causan, sino vender la imagen que la gente quiere comprar. En varios países esta tendencia de consumo va creciendo. Las empresas reconocen esta demanda y se pintan de verde para aumentar sus ventas, cayendo en la práctica que se ha denominado greenwashing.

El greenwashing, o lavado verde, es el uso del discurso ecológico y sustentable como estrategia de mercadotecnia para generar mayores ganancias y mejorar la imagen ante lxs consumidorxs. Las corporaciones que practican el greenwashing gastan más en publicitar sus acciones “verdes”, que en tener prácticas realmente ecológicas. La tendencia es, entonces, lavarnos las manos con acciones banales y completamente compatibles con el sistema que nos permiten sentirnos bien con nosotrxs mismxs. Asistimos a la pérdida del cinismo, al auge de la explotación buena onda y el capitalismo verde.

No se cuestionan las prácticas consumistas o de sobreproducción, nos fijamos en etiquetas y cajitas de cartón. Sumado al hecho de que muchas veces estamos ante falsa publicidad. Es decir, ni siquiera son productos ecológicos; sólo se usan algunas estrategias como cambiar el nombre o la etiqueta del producto, evocaciones al medio ambiente y consignas de mejora en la salud, entre otras. Las corporaciones siguen trabajando en su cara verde y sus directivos dan conferencias sobre el cuidado al medio ambiente mientras sus prácticas continúan sin ser sostenibles.

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¿Es realmente verde?  Los productos verdes han incrementado un 73% desde el 2009. Pero más del 95% de los productos son culpables del “lavado verde”. (Vía PauleyCreative)

Necesitamos ser críticos, no dejarnos apantallar por un envoltorio que tranquilice la conciencia. No pensar que un producto es ecológico sólo por tener banderas verdes. Empezar por cuestionarnos nuestros estilos de vida, nuestras prácticas cotidianas, la cantidad de cosas que consumimos, qué y cuánto tiramos, pensar dónde hacemos las compras. Probablemente, este tipo de productos, los encuentres en tu barrio; vinculándote de otra manera con la ciudad y la forma de habitarla, de consumirlo todo. La sobreexplotación industrial no va  desaparecer con una línea eco.

El capitalismo verde nos lleva, según Alejandro Nadas, a la siguiente pregunta, ¿Bajo qué condiciones es posible concebir una plataforma duradera de acumulación de capital que sea compatible con el mejoramiento del ambiente y con la buena salud de la biósfera a largo plazo? 

¿Serán compatibles una economía basada en el extractismo y la explotación con formas realmente sostenibles, o sólo se puede alcanzar un lavado del impacto que este modelo produce? A partir de un análisis económico, Nadas concluye, …el capital verde no es la solución a los graves problemas ambientales y mucho menos a la creciente desigualdad. Es sólo una justificación ideológica a la necesidad de continuar una relación social de explotación clasista y ambiental tan productivista como extractivista.

Entonces, ¿cómo nos posicionamos? ¿Qué cambios y prácticas asumimos? Elegimos día a día cuánto y qué consumimos. En éste hacer cotidiano de consumidorxs que somos podemos navegar nuevas aguas que no se dejen llevar por las apariencias. Comprometernos, investigar y buscar alternativas reales.

#actualidad: Huelgas y represión en Bangladesh

En Bangladesh se encuentra uno de los centros más grandes de confección de ropa. Marcas como GAP, Zara y H&M aprovechan los salarios más bajos del mundo para producir su ropa. Los trabajadores de la industria textil trabajan en condiciones deplorables por un pago mínimo (el cual no ha subido desde el 2013).

El mes pasado, miles de trabajadores en Ashulia, Bangladesh, se unieron para protestar por un aumento de salario. Desde el 2013 (tras el colapso de la fábrica Rana Plaza donde fallecieron 1,100 personas) no habían sucedido huelgas de esa magnitud. Los manifestantes protestaron de manera pacífica por un aumento de salario. El objetivo era triplicar el actual sueldo de 5,300 taka al mes ($1,460.00 pesos mexicanos). Aunque aun el salario estaría muy por debajo de ser un salario justo como lo marca JustJobs Network.

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Activistas y trabajadores en la huelga del 2013 en Dhaka (Andrew Biraj/Reuters via Aljazeera)

Sin embargo, la reacción frente a las demandas de los manifestantes no fue la esperada. La policía uso de balas de goma para disgregar a los manifestantes. A las personas detenidas se les acusó bajo leyes de guerra; diseñadas para combatir amenazas a la seguridad del estado. Esta medida, tranquilizó a los propietarios de las fábricas que producen para marcas de moda rápida, como H&M y Benetton.

Aún así alrededor de 50 fábricas cerraron sus puertas por más de una semana. Se realizaron arrestos y “despidos temporales” (al menos 1,5000 empleados) según fuentes policíacas. Sin embargo, Badul Akhter, director de la Federación de Trabajadores de las Prendas de Bangladesh, indica que la cifra real de despidos llega a los 3,000 personas.

Al volver al trabajo en las fábricas, cientos de empleados encontraron listas con nombres de quienes están “suspendidos” y cuyos nombres serán compartidos con las autoridades. Los trabajadores temen que los despidan y/o apresen de manera  injustificada. Sin mencionar la preocupación por la falta de ingreso que han tenido durante la huelga .

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Policías en la entrada de una fábrica en Dhaka, frente a las listas de empleados “marcados” (via Dharka Tribune)

 

Pero más allá del aumento en el ingreso económico, Sabina Dewan, presidenta de la red JustJobs, considera que “este problema es mucho mayor que los salarios”. Para Dewan, la manufactura de bajo costo para productos cuyo valor en el mercado ha crecido, debería de beneficiar a los trabajadores. Es decir, no es justo que las tiendas suban sus precios y tengan más ganancias, pero sigan pagando pobremente y manteniendo condiciones laborales deplorables.

El esfuerzo de miles de trabajadores y líderes de organizaciones en pro de los derechos laborales, no han rendido fruto. Los empresarios han confirmado que no entraran en negociaciones salariales hasta el 2018.

La temporada decembrina es la época en la que más moda se consume, y por ende, hay más ganancias. Lo justo sería que las condiciones de trabajo para los empleados de la industria textil fueran mejores, con un sueldo justo y trato digno. 

Referencias:

Safi, Michael (2017) Police and fear stalk the streets of Dhaka as clothes workers fight for more than £54 a month. The Guardian.
Diario Octubre (2016) Bangladesh: Despidos masivos en la industria textil en represalia por protestas para demandar mejoras salariales. Diario Octubre.

#problemáticas: Producción textil en Tlaxcala

Por Thania:

La producción textil en Tlaxcala fue, y sigue siendo, un elemento socioeconómico clave. Al igual que en otras áreas de Mesoamérica, era una actividad importante dentro de la unidad doméstica. Con una historia y un desarrollo de cientos de años, los textiles en Tlaxcala se ha caracterizado por tecnologías especializadas desde la época prehispánica.

La colonia española viene a reforzar la producción textil, introduciendo nuevos materiales, como la lana, y nuevas técnicas de producción (Rosales Ortega 2003:138). Durante los siglos XVI y XVII, la localidad de Contla de Juan Cuamatzi, Tlaxcala destaca como productor importante de textiles de algodón, donde el trabajo artesanal era realizado por pobladores indígenas.

Para el siglo XVIII, Tlaxcala es considerado como uno de los centros más importantes de la industria textil (Miño Grijalva 1983:532). De hecho, Rocío Rosales Ortega nos dice que, en general, el centro de México ha sido desde la colonia “un lugar de concentración de las actividades textiles, creando una enorme red de producción y comercialización en torno a esta actividad” (Rosales Ortega 2003:132). Así, el estado de Tlaxcala ha tenido muchos antecedentes históricos que harían de la industria textil “el motor del desarrollo económico de la entidad” (Rosales Ortega 2003:137).

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Maquinaria de nuestros colaboradorxs Artesanías Getsemaní

Para el porfiriato, las fábricas textiles de Tlaxcala se vuelven las más importantes del país. Pero durante la Revolución, la mayoría de las fábricas textiles de Tlaxcala son destruidas. Es en 1923 que la industria resurge en el país, pero Tlaxcala tiene problemas de organización y la producción textil se ve limitada de nuevo a talleres artesanales locales. Esto sigue así por unos años, especialmente por la crisis económica mundial de 1929. En 1935 Tlaxcala comienza a recuperarse de la crisis, y nuevas fábricas de lana se establecen en el territorio, siendo ahora éstas más importantes que las de algodón (Rosales Ortega 2003:141).

Contla de Juan Cuamatzi se encuentra actualmente dentro de las comunidades especializadas en los ramos textil y del vestido (Rosales Ortega 2003:146), experimentando un crecimiento dentro de las cadenas de ensamblaje. Sin embargo, los empleados en ésta industria son comúnmente mal pagados, trabajando jornadas muy largas.

Afortunadamente, Contla ha experimentado un crecimiento en la producción artesanal, ya que se ha abierto a mercados internacionales, además de regionales (Rosales Ortega 2003:146). Rosales Ortega (2003:151) menciona que ha surgido una estrecha interrelación de la producción artesanal con la industrial debido a ciertas transformaciones. Los artesanos de Contla de Juan Cuamatzi se han convertido en consumidores de hilo producido por los empresarios de las grandes fábricas textiles. Esto implica que ambas producciones no son mutuamente excluyentes.

Sin embargo, los artesanos de textiles en la actualidad enfrentan un problema bastante común: los comerciantes intermediarios para la distribución de sus productos finalizados.

“Los comerciantes piden tal cantidad de piezas hechas artesanalmente, y las recogen pero tardan mucho en pagar, o a veces no pagan nunca”- productor textil artesanal de Contla de Juan Cuamatzi, Tlaxcala.

Los productores tienen que aceptar estas negociaciones ya que pueden pasar mucho tiempo sin vender sus piezas. Incluso, algunas veces los comerciantes se hacen pasar los productores, quitándoles todo el crédito y la ganancia a los verdaderos productores.

Otro problema es la disminución del precio de las piezas textiles artesanales. La competencia entre comerciantes lleva a vender cada vez más baratas las piezas, dejando una ganancia muy pequeña para el productor.

La producción textil moderna en Tlaxcala sigue siendo importante dentro de las unidades domésticas. Encontramos hoy en día distintas familias en algunos de los pueblos del estado que preservan esta actividad como identidad del grupo doméstico. De esta manera, la producción textil tiene un gran significado cultural y económico para estas familias.

Referencias:

Miño Grijalva, Manuel (1983) Espacio económico e industria textil: los trabajadores de Nueva España, 1780-1810. Historia Mexicana 23:524-553.

Rosales Ortega, Rocío (2003) Tlaxcala, ¿un distrito industrial? Sociológica 18(51):131-163.

#problemáticas: Qué podemos hacer contra la moda rápida

Por Momo:

En un video realizado por Grist, Eve Andrews nos explica por qué la camisa que compramos en oferta es un problema. Sí, esa blusa que compraste porque sólo cuesta 100 pesos, y te queda bien, en realidad costó 1 320 galones de agua y la explotación de miles de personas. La ropa no está “en descuento”, las empresas de la moda rápida tienen contemplada la venta en esos precios. Claro, a costa de los sueldos de los trabajadores de la industria textil, el medio ambiente y tu salud.

Ahora bien, más allá de entristecernos y sentirnos impotentes, podemos tomar un tiempo para reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo. En un artículo para Huffington Post, Emilia Wik nos comparte su transición de moda rápida a moda lenta. A continuación les hacemos un pequeño resumen y síntesis de los consejos de Andrews y Wik sobre qué podemos hacer para no contribuir al daño que ocasiona la moda rápida.

  • Reflexionar, evaluar y limpiar

Toma un momento de reflexión. Revisa tu clóset . Esa ropa que ves, ¿qué significa para ti?¿Es importante? ¿Es algo que usarás por mucho tiempo? De acuerdo a Wik, los británicos sólo usan el 44% de la ropa que tienen en su guardaropa. Considera qué piezas de ropa realmente usas, necesitas y disfrutas. ¿Cuándo fue la última vez que usaste esa pieza de ropa?¿Cuáles son las blusas y pantalónes que más usas? ¿Necesitas más? ¿Cuánto tiempo los vas a usar antes de que “pase de moda”?

Saca de tu clóset todo lo que no hayas usado en mucho tiempo. Reconsidera cuál es la ropa qué más usas. Cuál es tu estilo y cualés son los “básicos” que necesitas para tu vida. 

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CC. Sofy Marquez

  • Comprar menos

Después de hacer una limpieza y evaluación de tu clóset ¡comienza a usar tu ropa! En lugar de comprar ropa nueva, usa la que tienes. Sí, la que está al fondo del cajón.

¡Se creativo! Mezcla tu ropa de forma distinta, reusa cosas que pensabas que ya no “están de moda”. Crea una tendencia personal que no dependa de lo que dictan las tiendas cada mes. Retoma tu estilo con las piezas de ropa predilectas y únicas para ti.

Si vas a una tienda y ves un vestido o blusa que te gusta y en ese momento parece necesario para tu vida, Wik propone que esperes 20 días antes de comprarlo; a ver qué tan indispensable te parece después de ese tiempo.

Además, comprar menos te ayudará a ahorrar dinero (hasta podrías juntar para cumplir esos sueños, como irte de viaje a la playita).

  • Comprar inteligentemente

Si después de darle muchas vueltas, resulta que necesitas un par de pantalones nuevos (tal vez por cambio de talla, o en verdad no tienes más y están muy muy muy desgastados) entonces compra de forma consciente. Elige marcas y tiendas que trabajen de forma social y/o ecologicamente responsable.

Consume productos que DUREN. La durabilidad está en la calidad y en un diseño que puedas usar por mucho tiempo. Cuando compres algo, evalúa en cuántos y cuáles contextos te imaginas usándolo ¿Es práctico?  ¿Puede integrarse a mi vida?

Usar y usar y volver a usar una pieza de ropa por años, es fundamental para combatir las decenas de temporadas de ropa que vende la industria de la moda rápida.

  • Cuida tu ropa

Puede parecer obvio, pero para que la ropa duré es necesario que la cuidemos. Una forma muy importante, que tal vez ni te imaginas es: no lavar tu ropa tan seguido. No es necesario lavar la ropa cada vez que la usas, puedes sólo quitar manchas en donde se encuentran, o colgarla después de usarla (no dejarla tirada como trapeador). Pero lavar menos ayuda a que el textil dure más. Aparte, se calcula que el 80% del consumo de energía en una pieza de ropa, es por lavar y secar.

  • No tires la ropa a la basura

Cuando hagas la limpieza de tu guardaropa, no tires cosas a la basura. La ropa ocupa mucho espacio. En Estados Unidos se tiran más de 10 millones de toneladas de ropa al año. Los materiales con los que está elaborada la ropa de moda rápida son contaminantes, no biodegradables.

En lugar de tirarlo puedes regalarlo, donarlo, venderlo o darlo a programas de reciclaje textil. También puedes reciclarlo tú; convertirlo en bolsas, bufandas o en trapos para limpiar. Puedes convertirlo en algo útil.

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Ropa en basurero (Take Part)

Finalmente, siempre mantén presente el primer paso, cuestiona lo que tienes, por qué lo tienes y a costa de qué lo tienes.

Claro, estas no son soluciones a todo el daño socioambiental de la moda rápida. Son necesarias las medidas desde otras dimensiones, como legislaciones de derechos ambientales y laborales. Sin embargo, es parte de lo que podemos hacer como consumidores. Eso y compartirlo con las personas a nuestro alrededor.

Referencias:

Wik, Emilia. Transitioning from fast fashion to slow fashion. Huffington Post

Andrews Eve, y Darby Minow Smith. Watch us explain why your $8 shirt is a huge problem. Grist