#colaboradorxs: Artesanías San Rober

En Artesanías San Rober trabajan Roberto Francisco Cuahutle Rugerio, Rosalía Maldonado Peralta y sus 3 hijxs, quienes además de estudiar Arquitectura, Ingeniería Química y Enfermería saben todo sobre telares. Al igual que Roberto, su formación en el oficio comenzó a muy temprana edad, como a los 6 o 7 años. Al principio los quehaceres son muy sencillos; canillas, molotes, empuntar cobijas, etcétera.

Es un oficio que se ha transmitido de una generación a la otra, desde hace tantos años, que el mismo Roberto no está seguro de cuántas generaciones en su familia se han dedicado a él. Es un motivo de orgullo para toda la familia que incluso lxs más jóvenes colaboren en el taller y dominen el oficio en un momento en el que “ya no hay gente que quiera hacer este tipo de productos”.

“Es un oficio  muy bonito, sientes que te llama”, nos cuenta Rosalía, quien atribuye el éxito del taller a la capacidad de innovación que tiene su familia y al hecho de que el taller también funciona como un punto de venta de cobijas, gabanes, rebozos, caminos de mesa, manteles, cortinas, servilletas y otros productos. La tienda abre a las 7 de la mañana y cierra a las 6:30 de la tarde, pero el trabajo en el taller sigue hasta las 7 o 9 de la noche.

Aunque sus ventas han disminuido parcialmente en las últimas dos décadas, el legado familiar se mantiene en pie sin importar lo adverso que pueda ser el panorama. San Rober representa un ingreso no sólo para los 5 integrantes de la familia, ya que hay cerca de 10 trabajadorxs que trabajan en el taller o desde sus hogares; el salario que ellxs perciben depende directamente de los productos que puedan vender, sin embargo, remunerar a todxs semanalmente de forma digna es una prioridad para Roberto y Rosalía.

Las ferias y expos son una ventana de oportunidad muy importante para Artesanías San Rober, además de poder promocionar y vender sus productos de manera directa, Rosalía disfruta contando cómo se realizan los productos, desde que nacen como una idea hasta el resultado final; algo único creado a partir de lana o algodón.

Otra problemática que han enfrentado en San Rober es la cuestión de los precios, ya que son calculados tomando en cuenta el aumento en los costos de las materias primas utilizadas en la confección de los productos. Debido a que las artesanías de San Rober son vendidas al mayoreo, el precio de cada pieza es a veces muy bajo. En algunos casos, intermediarios pueden vender una pieza hasta 5 veces más cara.

Los costos se elevan y es difícil encontrar compradores dispuestos a pagar el precio justo, sin embargo, la situación actual no desanima a lxs personas que hacen posible que las cortinas del local de San Rober suban puntualmente a las 7 de la mañana. Y aunque las condiciones sean difíciles para lxs pequeñxs y medianxs empresarixs, San Rober crece día con día, hay más telares y más personas decididas a que el oficio que aman no desaparezca.

#quiénessomos: Textiles Utilitarios

En un momento en el que todo es fabricado para ser desechado al poco tiempo, parece que los objetos carecen de valor alguno más allá del comercial, sin embargo, con el tiempo se convierten en depositarios de nuestros afectos. Podemos pensar un anillo heredado, en nuestra taza favorita, regalo de alguien especial o en la playera que compramos a la salida de un concierto y que ha pasado por la lavadora más veces de las que podemos siquiera contar.

Todos los objetos que ocupan un lugar privilegiado en nuestra vida comparten una característica: con el uso se convierten en una extensión de nosotras y nosotros; pensemos en cómo nos sentiríamos si por la mañana saliéramos de casa sin nuestro collar predilecto que sólo nos quitamos para bañarnos, o qué pasaría si olvidáramos en la playa nuestras gafas más queridas o arruináramos con jabón la bufanda que alguien tejió para nosotros.

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La relación que construímos con la ropa es un fenómeno muy peculiar, con el tiempo hay prendas que pasan a ser una segunda piel, unos pantalones de mezclilla que nos ajustan a la perfección, una camisa que además de ser bonita resulta cómoda o una sudadera que parece conservar el olor de un propietario anterior. Es interesante pensar en cómo objetos confeccionados a gran escala adquieren significados tan personales a través de vivencias que nos relacionan con ellos.

No es una novedad que los textiles poseen una gran relevancia en nuestras vidas, misma que cambia de acuerdo al contexto espacial y temporal, pero al hablar de textiles prestamos demasiada atención a los utilizados en la confección de ropa, casi pasando por alto los usados en la limpieza; es difícil pensar en un lazo emocional que nos vincule a un trapo de cocina o a una jerga. Y es cuando se hace evidente otra cualidad de los textiles: su dualidad

Cuando repensamos la función tradicional de los objetos, obtenemos productos inesperados, que solamente se logran cuestionando las convenciones más cotidianas. Es así como las jergas, un textil pensado para limpiar o secar se convierte en el elemento central de la siguiente colaboración, reivindicando el valor de un textil popular inicialmente utilizado para la limpieza o confección de ropa de bajo costo.

Además del aspecto visual, la jerga cumple con una utilidad, al estar hecha de fibras de algodón es cómoda, resistente, fresca y absorbente, lo que la hace ideal para la primavera y el verano. Asimismo, su técnica de elaboración hace que ninguna prenda sea igual a otra y que será de amplia durabilidad.

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Las prendas de jerga confeccionadas en colaboración con ReCrear son elaboradas en el taller de Saúl Acoltzi en San Miguel Xaltipa, Tlaxcala.

#traducciones: Las 10 excusas más comunes para no pagar un sueldo justo

A continuación se reproduce un fragmento del texto originalmente publicado en Ecouterre y traducido por RECREAR.


El alza de precios de comida, energía  y vivienda en Camboya ha orillado a lxs trabajadorxs a la pobreza extrema. Lxs trabajadorxs que producen la ropa consumida en América y Europa perciben un salario de 61 dólares, apenas lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas y de su familia. La problemática no es exclusiva de Camboya, ya sea que operen en Camboya, Bangladesh, China o Filipinas, las marcas usan todo tipo de trucos para no pagar a lxs trabajadorxs un salario justo. A continuación, sus 10 principales excusas:

1.Calcular un salario justo y balanceado es imposible

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Desde la perspectiva de lxs trabajadorxs, el argumento tiene poco sentido. El problema de los bajos salarios es obvio, sin embargo, debido a que las compañías no pueden acordar una cantidad, muchas de ellas se niegan a aumentar los sueldos. A pesar de que el debate ha estado vigente por muchos años, ha habido escasa voluntad por parte de las compañías por llegar a un consenso, y cuando otros actores han intentado proponer iniciativas, las negociaciones han fallado. El problema no es que el consenso sea imposible de alcanzar, sino que las transnacionales no han querido negociar.

En 2009, la Asia Floor Wage Alliance, una coalición de más de 80 sindicatos, uniones laborales y organizaciones no gubernamentales de seis países asiáticos productores de ropa, se dieron a la ardua tarea de calcular el salario digno para una trabajadora o trabajador de la industria, la cifra es de $283 dólares, más de cuatro veces el salario mensual percibido en Camboya.

El cálculo está basado en la canasta básica para la o el trabajador y la familia que depende de ella o él, así como costos adicionales que deben ser cubiertos (salud, educación, vivienda, etc.). La cantidad fue presentada a las compañías como una posible solución al dilema. A pesar de que algunas transnacionales afirmaron que se trataba de una idea interesante, al día de hoy ninguna ha utilizado la cifra como referencia de un posible salario digno estándar.

  • Lxs consumidorxs se rehúsan a pagar más la ropa que compran
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Es un hecho que lxs consumidorxs se han acostumbrado a pagar poco por las prendas que consumen. Sin embargo, el salario recibido por lxs trabajadorxs de la industria representa apenas del 1 al 3% del costo total de la prenda.

Si una consumidora o consumidor paga $10 (dólares) por una playera, la trabajadora o trabajador que la hizo recibirá, a lo mucho, 24 centavos. Para duplicar su salario se necesitan únicamente otros 24 centavos. El o la consumidora apenas notará un aumento así y si lxs compradorxs no lo notan, una transnacional tampoco. Se trata de costos que podrían ser cubiertos por el amplio margen de ganancia que obtienen millones de dólares anuales.

  • Son los gobiernos, no las compañías quienes deben fijar un salario mínimo
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Es cierto que los salarios mínimos deben ser establecidos por los gobiernos (a menudo negociados con cámaras de comercio y sindicatos), es una idea muy razonable, sin embargo, existe una razón por la cual no es así. Los gobiernos deben pensar en su competitividad internacional y estar al tanto de que las transnacionales pueden ir a otro país en caso de que el costo de la mano de obra se eleve.

Son las transnacionales de la moda quienes tienen el poder en la situación, no los gobiernos. Siendo quienes dominan la cadena de distribución, pueden absorber los pequeños costos de producción que puedan incrementar, con el fin de darle a los gobiernos la confianza de aumentar los salarios mínimos.

Las marcas deberán trabajar con sus proveedores en distintos países y con otras marcas que compran de cada país.

  • Los países de bajos ingresos perderían su ventaja competitiva
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La primera y más evidente objeción es que el costo del trabajo representa una muy pequeña fracción del costo total de una prenda, incluso duplicando el sueldo de unx trabajadxr, la diferencia en el precio sería mínima.

El aumento en los salarios ha mostrado mejorar la moral y la productividad de la fuerza laboral, al tiempo que disminuye el ausentismo. Pagar un salario digno podría incrementar la calidad y flexibilidad, permitiendo a los proveedores mantener e incrementar una ventaja competitiva.

  • Estamos ayudando a trabajadorxs que de otra forma no tendrían empleo

Es cierto que para muchxs trabajadorxs tener un trabajo en la industria es mejor que otras alternativas, por lo que demasiadxs dependen de ella. El hecho de que la gente necesite un trabajo no es una excusa para explotarlxs. Lxs trabajadorxs no están obteniendo su justa remuneración por los enormes beneficios que crean para las compañías.

Es bueno que millones de personas perciban un salario. Sin embargo, no es suficiente para sacarlxs de la pobreza, tomando en cuenta que los empleadores pueden despedir trabajadorxs a su voluntad, negar derechos de organización sindical y pagar salarios extremadamente bajos que orillan a las personas a trabajar una cantidad inhumana de horas para poder sobrevivir, además, evitan pagar las faltas por enfermedad y no respetan las licencias de maternidad.

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Para muchxs trabajadorxs, su empleo tiene consecuencias como deterioro de la salud, cansancio extremo y familias fragmentadas, las cuales son inaceptables y pueden evitarse. Todxs tienen derecho a un trabajo que pague una “remuneración justa que permita garantizar la existencia y dignidad humana propia y de su familia”, de acuerdo con el Artículo 23 (3) de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

6.El costo de vida es más bajo, por lo que podemos pagar menos a lxs trabajadorxs

Por supuesto que el costo de vida en algunos países es más bajo que en los Estados Unidos o Europa. Lo sabemos por colegas en otras partes del mundo, sin embargo, que el salario mínimo de cada país no es suficiente para vivir de forma digna, además, lxs trabajadorxs de la industria no ganan siquiera lo mínimo establecido.

El reporte de 2010 de la organización noruega Future in Our Hands reveló que lxs trabajadorxs de la industria en Bangladesh e India tienen que trabajar 3 horas para poder comprar un kilogramo de arroz. Lxs trabajadorxs en Camboya deben trabajar 2 horas para poder comprar la misma cantidad de arroz, mientras que en Shenzen, China, una hora es suficiente. En comparación, un trabajador del mismo ramo en Noruega puede comprar 14 kilos con una hora de trabajo.

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                                    Un salario digno permite a lxs trabajadorxs satisfacer las necesidades de comida, agua limpia, techo, vestido, educación, salud y transporte, además de permitir un ingreso discrecional. Debe ser suficiente proporcionar a lxs trabajadorxs y sus familias las necesidades básicas para que puedan participar de forma plena en la sociedad y vivir con dignidad. Debe tomar en cuenta el costo de vida, beneficios de seguridad social, y los estándares relativos de otros grupos. Es por eso que pensamos que cada trabajador(a) debe ganar lo establecido en una semana de trabajo normal y actualmente no sucede así.

7. El código de conducta de nuestra compañía dice que pagamos un salario mínimo

Colocar un código de conducta en un sitio web no garantiza que se esté pagando un salario justo. No es que tener un código de conducta sea inútil. Puede ser usado para someter a evaluación a una compañía y si lxs trabajadorxs saben sobre el código y su contenido, puede ser usado para demandar mejores salarios. 

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El problema es que dichos códigos son útiles cuando existen los mecanismos adecuados de implementación, monitoreo y vigilancia. Las compañías deben verificar si el código ha sido implementado y trabajar con las fábricas proveedoras para asegurar el cumplimiento de lo estipulado. No es suficiente con decir que se está pagando un salario justo. Las compañías deben hacer público lo que consideran un “salario justo”, usando cifras reales y una metodología, además de publicar un plan de cómo pretenden alcanzarlo.

8. La crisis económica ha mermado nuestra capacidad para pagar más

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Sabemos que la crisis económica tuvo un impacto en las ganancias de las compañías, lo cual es un hecho separado del derecho que tienen lxs trabajadorxs a un salario digno. Un salario digno no es un beneficio que las compañías pueden elegir pagar o no dependiendo de las ventas.

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Lxs trabajadorxs necesitan un salario mínimo no como un favor, sino como una necesidad, sin importar la coyuntura económica. Un salario digno no es únicamente un privilegio de los ricos.

9. Los salarios más altos atraerán maestrxs y enfermerxs con bajos sueldos a la industria, poniendo en riesgo la educación y bienestar locales

Aunque parece ser el caso, al inicio, el argumento subestima el impacto positivo que los salarios en más altos en la manufactura pueden tener en los sectores público y privado.

Con un aumento en los salarios en la industria, los gobiernos locales recibirían más impuestos, lo que les permitiría ofrecer salarios competitivos a maestrxs y enfermerxs. Asimismo, con más dinero circulando en economías locales y más impuestos pagados por trabajadores del Estado, las reservas nacionales recibirían un aumento.

Un salario digno en la manufactura puede ayudar a levantar las economías locales en todos los sectores y ayudar al progreso de los países en vías de desarrollo. Aunque la industria beneficia los ingresos de los países en vías de desarrollo, de hecho obstaculiza el desarrollo. Todos los beneficios del trabajo barato son acaparados por ejecutivos de alto nivel y accionistas internacionales.

10. Nuestros accionistas no apoyan la idea de salarios dignos para trabajadorxs

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Es triste que las compañías no puedan tomar decisiones basadas en los derechos humanos pero deban encontrar la oportunidad de negocio para hacer lo correcto. El hecho nunca va a cambiar. Pero no es imposible convencer a los accionistas de que es necesario tomar acciones.

En 2009, después de exposiciones mediáticas, accionistas de Primark accedieron a reunirse con un director de CSR, Corporate Social Responsibility, además de emplear el término CSR para atender asuntos relacionados con los derechos laborales. Compañías como Marks & Spencer usan el término “prácticas éticas” como una estrategia de venta y han aumentado sus ganancias al invertir en iniciativas de responsabilidad social.

Al nivel de las fábricas, estudios muestran que lxs trabajadorxs con una nutrición adecuada, que trabajan horarios regulares y son bien remuneradxs, trabajan de manera más productiva y la calidad de sus productos es mejor. Hay muchos casos de negocios que pagan salarios dignos. Si existen las negociaciones adecuadas con accionistas, puede construirse un acuerdo.

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