Trabajo Infantil Oculto: cómo los refugiados Sirios están proveyendo de moda rápida a Europa

A continuación se reproduce un fragmento del texto originalmente publicado en The Guardian el 29 de enero del 2016 y traducido por RECREAR.

Bañado en luces fluorescentes, el sótano ubicado en un suburbio de Estambúl es completamente blanco. Entre montañas de tela blanca, Shukri carga ropa trasladándola entre estaciones de cosido y empaca paquetes de prendas en cajas. Mordisquea un par de tijeras entre sus dientes mientras observa a los trabajadores experimentados, sólo tiene 12 años de edad.

Un día como éste, en la  mañana la mayoría de lxs niñxs turcos están en la escuela, pero éste niño Sirio está ocupado proveyendo las 15 máquinas de coser que producen ropa destinada principalmente para el mercado europeo.

Shukri es un niño Kurdo Sirio que dejó su hogar en Qamishli (norte de Siria) hace diez meses acompañado de su tío. Usualmente Shukri trabaja 60 horas a la semana ganando 600 liras Turcas para ayudar a mantener a su familia. “No puedo ir a la escuela aquí por el trabajo,” dice él, “pero volveré a la escuela cuando regrese a Siria”.

El supervisor de la fábrica está de acuerdo en que 12 años es una edad muy pronta para que  Shukri trabaje tantas horas, pero se quita la responsabilidad. “No es nuestra culpa que necesiten trabajar,” él dice, “el estado ha fallado en proveerles lo que necesitan”.

No hay estadísticas acerca de la fuerza laboral informal Siria en Turquía pero hay alrededor de 2.3 millones de refugiados registrados viviendo en ese país, de acuerdo con la ONU, cerca del 9% de ellos están en campos de refugiados. El resto se las tiene que arreglar con nada de ayuda del estado. Un experto de del Centro de Estudios Estratégicos del Medio Oriente ha sugerido que cerca de 250, 000 refugiados Sirios están trabajando de manera ilegal en Turquía, de la misma manera en un reciente reporte de Observatorio de Derechos Humanos se califica al trabajo infantil como “rampante”. Muchos de los reportes de trabajo ilegal vienen del sector de vestimenta, la segunda industria más grande del país.

La enorme industria textil de Turquía es uno de los proveedores mayoritarios de Europa, sin embargo permanece (en su mayoría) poco regulado, un estimado del 60% del total de la fuerza de trabajo no está registrada, lo que significa que trabajan de forma informal: sin contrato y sin beneficios o prestaciones. Los refugiados Sirios constituyen un sector laboral muy vulnerable. Al visitar trabajadores Sirios en talleres textiles de tres ciudades Turcas -Estambul, Mersin y Adana- se encontró trabajo infantil, condiciones de trabajo inadecuadas y sueldos bajos.

La política de Turquía hasta éste mes ha sido tratar a los refugiados Sirios como invitados temporales, sin ningún derecho a trabajar, lo cual significa que los refugiados solo pueden trabajar de manera ilegal. El panorama está cambiando. Como parte de un acuerdo con EUA, el gobierno Turco anunció la semana pasada nuevas regulaciones que permitirán a cualquier persona Siria, que haya vivido en el país por más de seis meses, aplicar para un permiso de trabajo.

Ésta decisión ha sido tentativamente bien recibida por las ONG’s . Danielle McMullan, investigador del Centro de Recursos para Negocios y Derechos Humanos, estableció que los permisos “de alguna manera proveerán protecciones legales a los trabajadores refugiados Sirios”. Pero advirtió:

“Los negocios no deben volverse complacientes, deben ser conscientes de dónde se encuentran los refugiados Sirios en la cadena de producción y deben ser diligentes en la explotación que sucede y seguirá sucediendo”

Lee el artículo completo en idioma original aquí.

Matías

Matías vivía en San Pedro Jocotipac, hasta el 2002 llego a la colonia 18 de marzo. Sus hijos migraron primero por cuestiones de trabajo. Él y su esposa decidieron mudarse ese año. Sus hijos son pintores y hacen acabados de pasta, paladio, etc., además hacen de todo tipo de artesanías, como sombreros, petates, tenates, etc.

Su pareja, Dominga, también sabe hacer artesanías, aunque no lo aprendieron en el mismo lugar, desde que formaron su familia lo han hecho juntos.

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Matías trabajan con el popote de trigo, este lo traen de su pueblo, pues allá se siembra. En enero, febrero y marzo es temporada de cosecha del trigo y es cuando se consigue ese tipo de popote.

Matías cuenta que el pueblo ha cambiado pues han hecho caminos; por lo cual la movilidad se ha hecho más fácil, lo cual ha posibilitado que la migración sea más sencilla.

No se ha acostumbrado a vivir en Puebla, pues la vida es muy diferente, a él le gusta más su pueblo, pero sus hijos lo animan y le dicen que están mejor ahí, porque están juntos.

Hace un poco más de un año Matías se interesó por aprender la técnica que manejaba Ponchito por lo cual se acercó a el para aprenderla, de tal manera que ahora teje bolsas y alforjas para bicicleta.