LORE

Lorena es originaria de Oaxaca.  Llego aproximadamente a los 14 años a Puebla a trabajar. se casó a los 18 años; su marido es albañil y músico. De recién casados se dedicó a cuidar a sus hijos y  a veces trabajaba lavando la ropa de alguna de sus vecinas.

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Lore recuerda que en los pueblos de Oaxaca Lorena veía que había mucho trabajo, pero no había dinero, mientras que en Puebla ella vio que si hay empleos que son remunerados; aunque la mayoría son mal pagados.

Lore piensa que si tuviera otro tipo de trabajo tendría algo más seguro, pero a cambio de estar mucho tiempo lejos de casa. Mientras que ahora, realizando los bordados siente que tiene más trabajo y sin la necesidad de salir.

Además Lorena se ocupa de brindarles mejores oportunidades a sus hijos, pues se ha dado cuenta que muchos niños ya no estudian porque a sus familias no les alcanza el dinero; por eso ella procura darles lo indispensable a sus hijos para que continúen con su educación.

El bordado siempre le ha gustado, decidió aprender y lo hizo muy rápido. Por eso su trabajo la hace sentir bien y le hace pensar que puede hacer muchas cosas;  le da emoción ver su trabajo en otras personas.

Lore pide el apoyo de todos para que compren productos hechos en México, porque es bueno y porque para seguir haciéndolo necesitan de alguien que también los requiera.

Familia Cuatecontzi Netzahual

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Cuando hablamos de producción industrial, nos solemos imaginar grandes maquinarias funcionando solas; sin humanos, y con una tecnología autosuficiente. Si bien hay máquinas muy avanzadas, se necesitan humanos que las usen, las controlen, las reparen.
Muchos procesos mecanizados en la producción no son  para “sustituir al humano” sino para facilitar algunas técnicas y mediar un proceso de creación distinto.  Lo que es más importante, la producción mecánica no tiene porque conllevar condiciones laborales ínfimas ni un mal pago; quienes están trabajando con la máquina siguen siendo personas, con toda la sensibilidad, creatividad y dignidad que significa.
Durante nuestra visita en Contla conocimos el taller de la familia Cuatecontzi, y pudimos apreciar, de primera mano, la creatividad, el esfuerzo manual, y el conocimiento ingenieril que conlleva un telar mecánico.

Los telares mecánicos impulsaron una serie de cambios sociales alrededor del mundo, y México no quedó atrás. Desde 1800’s se comenzaron a importar máquinas para la producción industrial de hilo y telas. En el Porfiriato se impulsó la industria textilera en el valle Puebla-Tlaxcala. Con el paso del tiempo las fábricas de textiles (hilatura y tejidos) se volvieron el sector industrial  más importante de la región. Dentro de este sector se encuentran distintas formas de producción, maquilas grandes, talleres más pequeños y hasta productores individuales, cuyo trabajo con la máquina es más bien artesanal y no producción masiva.

Juan Cuatecontzi, es originario de Contla (Tlax.), y creció alrededor de la industria textil. Su mamá tenía una máquina de  telar. Y aunque Juan se dedicó a los textiles, no se quedó en su ciudad, estuvo moviéndose a lo largo de la república, trabajando de “corretero”, arreglando las máquinas.  Un día decidió comprar su propia máquina, y hace 20 años dio inicio a su taller familiar. Durante un tiempo mantuvo su trabajo como corretero. Llegaba de la fábrica para seguir trabajando en su casa. Sus hijos se empezaron a involucrar poco a poco. Actualmente Juan lleva el taller con su hijo Abraham. Tejen rebozos, los cuales venden sobretodo en Santa Ana Chiautempan (Tlax.). El taller de la familia Cuatecontzi se encuentra muy cerca de su casa, y les permite mantener una producción por medio del empleo autogestivo. 

Sus telares son en si mismo una pieza histórica, con más de setenta años de antigüedad. En su mayoría de un fabricante que ya ni siquiera existe. Para lograr las texturas y las tramas de los rebozos, se necesita un gran conocimiento de la máquina. Es casi como un proceso de deconstrucción, de desmenuzar los entramados y traducirlos en un sistema tipo binario; con que una piececita salga de su lugar, y el tiraje se arruina.

Los rebozos Cuetencontzi son realizados con acrylan: son producidos con cuidado y entrega. A diferencia de la mecanización de la humanidad misma que sucede en las maquiladoras, en el taller familiar hay lugar para la creatividad, tratos justos y dinámicas autogestivas.

San Quintin

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Los hechos ocurridos en campos mexicanos ha atraído la atención  mediática por la desastrosa  manera en que las multinacionales y el gobierno Mexicano han tratado a sus ciudadanos. En RECREAR consideramos que el movimiento laboral de SAN QUINTIN logra visibilizar y enunciar las cuestiones clave de la relación producción y consumo: ¿cuánto gano? ¿en cuánto se vende lo que produzco?

Los valores de una sociedad que permite la explotación por conveniencia son evidenciados por el hecho de que determinado estrato social se dedique casi exclusivamente a producir bienes y servicios para otro estrato social.  La idea propiciada por economistas como el Rector del ITAM Arturo Fernández Pérez y el economista y político Jesús Federico Reyes-Heroles González Garza de que el libre mercado es justo, benéfico, auto regulado y que provee a todxs; es ampliamente promovida pero

Como describe Ha-Joon Chang es este el punto de vista el que justifica la injusticia, el de la economía neoclásica que sirve también como base para el enfoque neoliberal. En ese pensar el mercado es mirado como un mecanismo perfecto.  Es el estado el que acota el mercado: al definir a qué edades es posible trabajar, cuál es el salario mínimo, delinear regulaciones ambientales: eso es definir  el mercado. Lo que se nombra cuando se dice libre mercado es a aquellas regulaciones que le son convenientes a los intereses privados; a las que no se les llamará proteccionistas y tachará de retrógradas (como pasó en el caso de San Quintin).

Estas regulaciones proteccionistas fueron sin embargo las que permitieron el desarrollo de economías como la estadounidense. Chomsky comparte el argumento, declarando que fue por los ignorar los consejos para el crecimiento pro-libre mercado (basados entonces en consejos de Adam Smith pero muy similares a los que hoy promueve el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional)  como se libró Estados Unidos de ser uno más de los países del tercer mundo; “que fue así, prácticamente, como el tercer mundo se originó”.

Los jornaleros organizados de Baja California (la mayoría originarios del centro y sur de México) se han parado a hacer frente a las situaciones inhumanas de explotación, humillación, abuso y dominación a la que son sometidos en las infinitas jornadas laborales. Ante esto la respuesta ha sido más violencia y represión: la lucha siguió, la resistencia creció.
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Mejores condiciones (sueldos y prestaciones) para los trabajadores significan menos ganancias para los empresarios e inversionistas: por ello la conveniente desacreditación  de los movimientos obreros que se respalda por todas las clases sociales (“Flojos, que se pongan a trabjar”). Con esta respuesta que surge del desconocimiento, sin ser los explotadores, fortalecemos a los opresores: ignorando a los trabajadores y sus derechos.

Preguntas clave:11293278_10153333200513349_250839851_o
¿En qué situación quedan los ciudadanos cuando se convierten en partes reemplazables en una línea masiva de producción donde eficacia y rapidez van encima de salud y bienestar?

¿Cómo se puede trazar una línea entre el público general y las luchas lab
orales?

¿Cómo consumidores queremos visibilizar estos problemas, estamos dispuestos a pagar por esta visibilización?

Ante un sistema de explotación y creación de necesidades, despojo de los bienes primarios para la subsistencia, violencia estructural a todos los niveles sólo podemos responder organizadamente. Viendo y señalando que el trabajo institucionalizado es un  centro legal de violencia y dominación, especialmente para ciertos sectores sociales. Que más trabajo no siempre corresponde a mayor ingreso.
Lxs Jornalerxs de San Quintin fueron satanizados, violentados y  reprimidos por fuerzas del Estado; etiquetados como malagradecidos  con “los patrones” que sólo necesitan “ponerse a trabajar”. Está claro que el mercado libre no se auto regulará. Tristemente, al hacer esto en México se corre el riesgo de perder la vida.

Organicémonos no sólo para exigir una mejora en las condiciones de trabajo (que finalmente es nuestra vida), como los jornaleros de San Quintin que no  han soportado ni un día más la esclavitud laboral, sino también organicémonos para buscar otras formas de vida fuera de las estructuras de trabajo.11269697_10152765651277735_1800892429_o

Marcelina Hernández Bautista

Hace dos años el licenciado Epifanio López Gutiérrez introdujo a la comunidad telares de pedal, para trabajar hilos de algodón. Marcelina Hernández Bautista fue de las primeras en sumarse al proyecto del licenciado.

Primero entró para aprender y porque el licenciado les pagaba, “para el refresco” por una jornada de trabajo en el taller. El primer telar era del licenciado, pero después el grupo se organizó y por medio del Centro de Desarrollo Indígena consiguió el apoyo para tener sus propios telares.
 Ahora en el taller, Marcelina y sus compañeras tienen la oportunidad de hacer su propia producción y experimentar con la técnica. El grupo se dedica sobre todo a hacer bolsas que conjuntan el tejido de palma con el telar de algodón. También elaboran rebozos, manteles y demás textiles.
La producción artesanal, a diferencia de la producción industrializada y masificada, permite un espacio de creatividad. Marcelina disfruta mucho trabajar en telar de algodón,  dice que le gusta experimentar y mezclar los colores y los diferentes hilos. Marcelina le ha transmitido este gusto por el tejido en telar a su hija.

Sistemas de Producción Imperfectos

El sistema laboral, muchas veces, nos hace vendernos a nosotrxs mismxs como mercancía. El optar por la migración (dentro del país o fuera) con todos sus peligros, esfuerzos y sacrificios adicionales  puede tomarse como prueba de lo difícil que es encontrar las condiciones para vivir.
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Es muy común encontrarnos a una hora pico en alguna zona industrial, una construcción o un condominio residencial con grupos de personas caminando, obreros acomodados en un cajas de  pick-ups, montones de personas esperando el transporte público:

¿Cuánto tiempo del día se gasta en los trayectos hacía el trabajo? ¿Cuánto dinero se gasta en transporte?  ¿Qué tan libres son las personas de elegir si la oferta laboral obliga a desplazarse en sus horas libres por un salario que les alcanzará apenas para vivir?

Muchas veces hemos escuchado frases como “Pues que si no les gusta consigan otro trabajo”o “Debieron haber estudiado”; ni a la clase -condescendientemente-  llamada “trabajadora” ni a sus hijxs les está prohibido estudiar, pero el sistema se los hace imposible: trabajar o estudiar.

El trabajo es parte y manifestación de un sistema social. Las clases obreras hacen, no sólo  los bienes que todxs consumimos, si no que -de alguna manera- producen el capital que se relocaliza en clases medias (y altas), el cuál es a su vez es acumulado y no redistribuido.

El capital no es redistribuido de manera simétrica.

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Renata Castro Almeida, estudia la carrera en Horticultura Ambiental en la Universidad Autónoma de Querétaro. Renata colabora distribuyendo los productos de RECREAR en Querétaro, apoya con la logística y colabora con el manejo de las redes sociales. Actualmente está comenzando un proyecto de huertos urbanos sostenibles y colabora con fundación Soffy.

Su motivación para colaborar con RECREAR se debe a que cree en la importancia de la preservación de los oficios; así como en la valoración de productos que usamos y consumimos.

ZONAS FRANCAS

¿Alguna vez te has preguntado quién ha elaborado tu computadora? ¿Quién ha ensamblado tu teléfono o tus pantalones de mezclilla? No, no es una máquina; aunque no lo creas la manufactura industrial sigue siendo un proceso realizado por seres humanos, aunque se traten de “automatizar” los ritmos de trabajo.
En las industrias maquiladoras las personas pasan a un segundo plano, y los objetivos principales son el rendimiento y la optimización de los recursos productivos. Para poder llevar a cabo producciones masivas a bajo costo, las industrias maquiladoras han fragmentado el ensamblaje en procesos transnacionales (por ejemplo, una parte del producto se hace en Asia y luego se ensambla en Latinoamérica) y han construido nuevos espacios de acumulación capitalista donde se rigen bajo sus propios términos, protegiendo el capital sobre la calidad de condiciones laborales o siquiera del producto.
Mucho se ha hablado sobre el caso de las industrias en China o el drama de la explotación en barcos en aguas internacionales, sin embargo, estos escenarios se vistan como distantes y ajenos a nuestra vida cotidiana (a pesar de que nuestro celular se haya hecho ahí). Sin embargo, en México contamos con nuestros propios espacios geográficos del capitalismo neoliberal. zonafrancalargo
Las zonas francas, también conocidas como EPZ (por sus siglas en inglés) o Zonas de Procesamiento Exportador, son zonas cerradas con puntos de accesos controlados donde se goza de beneficios tributarios (excepción de pagos de derechos de importación, impuestos, etcétera).
Según La Organización Industrial del Trabajo (OIT) México cuenta con 107 Zonas Francas Industriales (ya sean factorías de ensamblaje o maquiladoras) generalmente agrupadas en zonas fronterizas como Tijuana, Ciudad Juárez y Matamoros. Según la organización las plantas de maquila son “eslabones de cadenas de producción existentes del otro lado de la frontera, en los Estados Unidos”.
La OIT enfatiza que “una característica lamentable de muchas zonas francas es que los trabajadores, hombres y mujeres, quedan atrapados en unos empleos poco retribuidos y que requieren pocas capacitaciones. Se los considera fácilmente reemplazables, y sus preocupaciones no reciben atención suficiente en las relaciones laborales y sociales”. Las zonas francas forman parte de la tendencia neoliberal por producir mano de obra “desechable” al catalogarlos como trabajadores “no expertos”. El ensamblaje fragmentado no permite un conocimiento sobre el proceso de producción completo, reproduciendo la “falta de conocimiento” de los trabajadores.

Estas zonas normalmente se establecen con el objetivo de atraer inversiones (normalmente extranjeras) y promover el “desarrollo” económico de la región. En las zonas francas con frecuencia se instalan industrias maquiladoras, plantas procesadoras o almacenes para mercancía en tránsito. De acuerdo con la OIT la industria de la maquila produce artículos de exportación por valor de 5.000 millones de dólares al año, lo que corresponde a más del 30 por ciento del total de exportaciones de México. Las maquiladoras han operado en México desde 1965, pero es hasta con NAFTA en 1994 que se crean más de 1.2 millones de empleos.

La fuerza de trabajo de las Zonas Francas son sobre todo mujeres, aún más frecuentemente en los sectores de confección, en el cual más del 90% son mujeres. Las mujeres empleadas vienen normalmente de pueblos pequeños o áreas rurales. Las maquiladoras normalmente contratan a mujeres para posiciones que no requieren experiencia previa o habilidades específicas, de la misma manera las fábricas consideran a las mujeres empleadas de corto plazo.En las maquilas se disuade a las trabajadoras acerca de la sindicalización, se les amenaza con despidos o con ponerlas en la lista negra.
De acuerdo con Jessica Livingston en su artículo “Asesinatos en Juárez: Género, violencia sexual y línea global de ensamble” las maquiladoras emplean sobre todo mujeres jóvenes, ya que de acuerdo con los empleadores “las mujeres están mejor dotadas para el trabajo de fábrica por su destreza manual y su habilidad para tolerar trabajo tedioso y repetitivo”. 
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Las Zonas Francas no son algo extraordinario, son una tendencia actual, global y dominante. Antes de preocuparnos por comprar lo “más barato”, tratemos de pensar en la clase de industria que estamos apoyando. En las maquiladoras no trabajan “máquinas”, sino seres humanos, y aunque no podemos cambiar por completo la estructura del mundo, sí podemos, poco a poco, apoyar otras formas de producción, y advocar por los derechos laborales y una calidad de vida digna.
Gracias a Carlos Daniel Mo por las ilustraciones.